Hoy es 23/07/2023, día de elecciones generales en España y, por supuesto, nos vienen bombardeando con propagandas y slogans desde hace bastante. ¿Los escuchamos? ¿Los escucho? ¿O se han transformado en ese runrún molesto del que no me queda nada porque lo oigo pero no lo escucho? Esta vez lo intenté, juro que lo intenté. Con mi mejor predisposición, me senté a ver una entrevista al presidente de gobierno actual: Pedro Sánchez. Algo sacaré en claro, me dije. Después de un rato de escuchar los slogans de turno, como respuesta única a cualquier pregunta que se le hiciera, decidí que mi tiempo era más importante que esa sarta de propagandas.
Pero es que al día siguiente, lo volví a intentar con el jefe de la oposición: Alberto Núñez Feijóo. Y otro tanto de lo mismo. O peor, porque se entremezclaba con la propaganda una serie de mentiras que no podía escuchar sin gritar. Y me dio miedo una denuncia policial de los vecinos por “Improperios y blasfemias varias”.
Ni que hablar del sonado y cacareado gran debate a 2, del que no fui capaz de ver más que el inicio y el minuto final de cada uno de los contendientes. Y me sobró. Una buena música me hubiera hecho dormir más a gusto que el recuerdo de la sonrisa falsa y dibujada de cada uno de ellos, entre los que se encontraba el que nos va a gobernar los próximos años.
A pesar de todo, iré a votar hoy. ¿Para qué? ¿Por qué? No os lo estoy preguntando, me lo pregunto a mí misma.
Sé que lo que piensas determina el mundo que ves. Si cambias tus pensamientos, cambiarás la forma de percibir el mundo y actuarás en consonancia. Sé también que lo que pienso últimamente de esta sociedad en la que vivo, de este país, de este mundo, es, contrariamente a mi manera de pensar habitual, bastante pesimista. Intento buscar motivos para pensar en casos de esos que no salen en los noticieros que me niego a ver, en medios de incomunicación basura que se permiten invadir impunemente mi espacio.
Intento escribir sobre “lo demás”, sobre la naturaleza, los animales, las costumbres, sobre superhéroes sin capa ni espada, seres con creencias, con principios, cosas bellas, aprendizajes, el valor de la familia, de los amigos, aquel hecho del pasado que dejó una lección de vida.
Pero… siempre hay un pero. Decido escribir también sobre aquello por lo que hoy volvería a salir a la calle, para gritar, para reclamar, para alertar, para recordar y que nunca se olvide que siguen existiendo monstruos que se otorgan el poder de decidir sobre los demás, sobre las costumbres y las vidas de los demás, que aún hay seres que niegan que la vida se ha vuelto estúpidamente desechable y no me refiero sólo a los electrodomésticos, sino también a los seres humanos, que los viejos y los “diferentes” por su color de piel, su religión, su lugar de nacimiento, su orientación sexual, su poder adquisitivo, su estado físico y mental, tienen tanto derecho a vivir como ellos, que la discriminación no aporta más que violencia.
Muchas veces, tengo la sensación que no soy parte de este mundo o que los demás viven en un mundo del que yo, siendo una privilegiada, no formo parte. Otras veces, escucho la voz de alguien del otro lado del hilo invisible, alguien que comprende y comparte lo que estoy diciendo y esa noche duermo más tranquila, más feliz, más acompañada.
El país, el mundo en el que vivimos, no está en una situación como para estar tranquilos. Ni en la economía, ni en lo sanitario, ni en los conflictos internacionales ni tampoco, en los retrocesos que mi mente insiste en hacerme notar. Además, me pregunto qué es lo que el universo nos tiene preparado como respuesta a nuestra irresponsabilidad.
Ya sé, no se puede vivir en una tensión permanente, pero entiendo que tampoco se puede vivir como si estuviéramos en una burbuja privada y aislada.
Siendo consciente de que lo esencial es que cada persona, sea quien sea y viva donde viva, tenga cubiertas sus necesidades básicas, y que es esencial que la justicia y los valores retomen el lugar que les corresponde, me propongo seguir escribiendo mientras pueda. ¿Y para qué me lo cuentas a mí? me preguntarás. No te equivoques, me lo estoy contando a mí misma. Necesitaba escucharme.
¿Qué nos hace falta para entender que debemos estar comprometidos con el presente, para tener un futuro, el nuestro o el de nuestros sucesores?

Ilustración de Igor Morski 
Ilustración de Igor Morski 
Ilustración de Igor Morski 
Ilustración de Igor Morski
¡Ay, hermana de pensamientos, sentimientos y corazón! Qué bien escribes lo que YO siento. 😍❤️
No, no escribes para ti, al menos, no solo para ti. Porque los que te leemos, yo que te leo, siento que no estoy solo en mis pensamientos e ideas, no soy extraterrestre en este mundo «tan humano».
Leerte es creer que hay esperanzas para un mundo mejor, porque seremos pocos, pero somos.
El amor, la educación, el respeto… Tienen un avanzar más lento, pero también más seguro y estable. El odio va por bandos y cambia continuamente, por eso no tiene raíces fuertes; o eso quiero pensar.
Sí, hay que ir a votar, y hacerlo sin egoísmo, porque el bien general termina siendo el bien propio. Porque la felicidad, la paz, la tranquilidad de los demás siempre repercute en la nuestra.
Hay que tener memoria y responsabilidad, pero también, empatía por las minorías, discriminadas y despreciadas. Eso es lo que debería implicar vivir en sociedad. Ese debería ser el fin primordial de la democracia.
Que no se nos olvide que votar es un derecho, pero también un deber: el de implicarse en la vida de la sociedad que deseamos.
Yo también escribo esto para escucharme, para seguir creyendo, para seguir teniendo esperanza.
Gracias, Marlen, amiga mía, por hablar en voz alta a través de tus letras. De esta forma, no me siento tan solo.
Un brindis por el futuro 🥂🍻, todavía podemos mejorar.
Beso, abrazo y ashushon democrático. 😉😘❤️
¡Ay Jose, no sabes cómo necesitaba escuchar la voz de un hermano de pensamientos, sentimientos y corazón! Sí, escribí esta entrada para escucharme. Pero saber que hay un eco del otro lado, que lee mis pensamientos, que reflexiona, que opina, que lo comparte, es una jarra de agua en el desierto.
Después de la rabia de estos días, después de un día completo, con comida familiar y charla incluida, cambié de opinión. Porque estaba tan furiosa, que había decidido no ir a votar. Era mi forma de protesta, de grito compartido por mucha gente. Pero luego vi la luna, una hermosa luna rojiza, una enorme «C» de «CREE».
Y volví a casa menos furiosa. No sé si fue la luna, los gritos y risas excitados de las niñas armando un campamento para pasar la noche en el campo, mirando las estrellas, el compartir mesa, comida y fotos con la hermosa mezcla de generaciones o la paz de mi sillón. Pero esta mañana volví a votar, sin convencimiento, sin alegría, pero sabiendo que «somos pocos, pero somos», que cada voto es un grito, un pequeñísimo grito, que puede unirse a otros, CREYENDO que algo tenemos que hacer y que no me sirve quedarme sólo con la rabia.
Gracias a ti, Amigo, por contestar en voz alta a mis palabras. De esta forma, yo también me siento más acompañada.
Un brindis por un mundo mejor, por la paz, la memoria, la educación, la integración, el respeto, el amor, la felicidad, el futuro 🥂🍻 Podemos mejorar. ¡Debemos mejorar!
Beso, abrazo y ashushón democrático que vuelan hacia allí.
Creo que este lado de la trinchera negra, siempre ofrecerá un refugio seguro a los empecinados en conservar limpia la mirada. Un abrazo.
¿Cómo va lo mío? me pregunto antes de votar.