Iruñea (Pamplona) una sala de teatro a oscuras, abarrotada por mujeres de todas las edades, vibra con los sones de una canción, alegre por momentos, y por momentos con toda la fuerza de una raza, impregnada de emoción.
Entre bailes y cantos, un grupo de jóvenes vestidas de negro, alzan orgullosas un cartel escrito a mano: “Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar”. Los aplausos ensordecen el recinto.
Sube a continuación al escenario, caminando despacio, una mujer anciana de aspecto respetable, con bastón pero muy erguida, con túnica de color beige y dibujos coloridos. Se sienta tras un escritorio y comienza a hablar. A ella se dirigen todas las miradas.
Se escuchan sus palabras con la emoción a flor de piel.
No, no se trata de un akelarre, ni ella es la sacerdotisa de un culto satánico, sino una intelectual feminista de prestigio mundial que ha venido desde Nueva York para dar una conferencia sobre la caza de brujas en Navarra en los siglos XVI y XVII.
Las víctimas de la persecución fueron en un 90% mujeres, en su mayoría mayores, pobres, solteras o viudas. Pasada la edad reproductiva, no sujetas a ningún hombre, resultaban “peligrosas”.
Podían ejercer el derecho foral a administrar su herencia en usufructo, lo cual las enemistaba con sus familias. Disponían además de experiencia en el terreno sexual así como en el conocimiento del cuerpo, el parto y prácticas abortivas, contrarias a las políticas natalistas que se impulsaron ante la crisis demográfica de la época. Además ejercían la sanación, lo que dio origen a denuncias de intrusismo profesional.
Mujeres salvajes que había que domesticar, disciplinar y someter. Según su teoría, las brujas no existieron. Lo que hubo fue una estrategia patriarcal del capitalismo emergente, para obtener la acumulación del poder, en un contexto de dominio de las clases bajas, con represión de las herejías y levantamientos campesinos en Europa, esclavización en África y colonización de América.
Un grupo de mujeres de diferentes edades realizan una suerte de danza circular. Algunas van entrando al círculo para gritar su lema en su idioma, mientras en la pantalla posterior aparece el texto y su traducción al castellano. Francés, castellano, inglés, euskera, quechua, portugués… diferentes lenguas, diferentes acentos. «Sorcières de tous les pays, unissez-vous!»1, “Somos mujeres, somos brujas, somos nosotras”, “Emakumeok esaten dugu bidegabe deitzen diren sorgin horien oinordeko, alaba eta arreba garela”2, “Todas nós nos declaramos filhas espirituais de bruxas, livres e sábias”3, “Warmikuna, qarikuna yanapawaqninchikkuna, kallpawan kallpawan hukllawakuyninchikta qawachisun”4, “The memory of women murdered by witchcraft should not be fodder for tourist merchandising”5 …
Es ahora el turno de una joven vestida a la moda del siglo XVII que, iluminada por una luz roja, habla de las sorginak y nos narra un cuento, mezcla de realidad y leyenda.
En el siglo XVII, Zugarramurdi era una pequeña aldea navarra conocida por su conexión con las sorginak y los akelarres.
La localidad vivía uno de los momentos más oscuros de su historia durante la caza de sorginak y la persecución llevada a cabo por la Inquisición española. Muchas personas, principalmente mujeres, eran acusadas de brujería y sometidas a interrogatorios y juicios en los que las torturas lograban confesiones aberrantes. La gente del lugar vivía bajo el constante miedo a ser acusado de brujería y afrontar las consecuencias terribles que eso implicaba.
El pueblo, un paraje natural de una belleza incomparable, que cuenta con una imponente cueva cuyas dimensiones, 120 metros de largo por 12 de altura, igualan las de la dramática historia que esconde, era un lugar remoto y aislado, rodeado de bosques de pinos y castaños y de montañas, lo que lo hacía propicio para las creencias y rituales paganos que se asociaban con la brujería. Los bosques y cuevas de la zona eran considerados espacios sagrados y misteriosos donde se llevaban a cabo los akelarres.
Katalin, una joven del pueblo, sentía el temor y la opresión que impregnaban el aire. Un día, mientras exploraba el bosque cercano, descubrió una misteriosa figura tallada en madera, representando a Mari, el personaje más importante de la mitología vasca, señora de todos los demás. La figura parecía cobrar vida mientras Katalin la sostenía en sus manos.
Desde ese momento, Katalin supo que estaba destinada a proteger el lugar sagrado donde había encontrado la figura y a preservar las convicciones y creencias ancestrales de su amada Euskal Herria.
¿Qué misterio escondes Mari?, se preguntaba, sentada frente a ella en el iratze tokia6.
En ese momento, en un destello de luz, un iratxo7 emergió de los helechos donde se encontraba la figura. Katalin sintió una mezcla de asombro y temor ante su presencia mágica.
.- No temas, Katalin. Hemos estado esperando a alguien como tú. Esta figura posee un poder ancestral. Puede conectar con el mundo de los iratxoak y otorgar deseos.
Pero ten cuidado. Los fiscales del reino están en todas partes y acechan este lugar. Además, hay gente del pueblo que, aprovechando las confesiones, acusan a sus vecinas de herejes, aunque lo que pretenden es saldar cuentas materiales. Una atmósfera cargada de rencores y a través de esas rencillas entre mujeres y disputas entre familias, se deja entrever la intolerancia de la sociedad respecto a la vida privada. No debes revelar el secreto de Mari.
Katalin .-Usaré este don para ayudar a mi gente y protegerlo de la persecución.
La figura mágica permitía que Katalin sintiera las emociones y los deseos de las personas. Con esta información, se convirtió en una aliada invaluable en la lucha contra la inquisición y los falsos acusadores. Ayudaba a los perseguidos y evitaba que fueran torturados. Además, la caza de brujas y las torturas hicieron que la población sintiera miedo y se mostrara histérica. El insulto “bruja”, “sorguina”, “hechicera” o “ume itotzailea”8, se convirtió en una forma de denigrar, humillar o culpabilizar a otra mujer, condenándola a las torturas más atroces y en muchos casos, a la muerte.
Katalin sentía el sufrimiento y la injusticia, pero también la esperanza y la determinación de su gente.
A medida que se sumergía más en la lucha contra los inquisidores, descubría secretos ocultos y revelaba a los aldeanos la identidad de aquellos que traicionaban a su raza. Mari se convirtió en su guía, proporcionándole conocimiento y fuerza para enfrentar los peligros.
Fue pasando el tiempo. Al auto de fe del domingo 7 de noviembre de 1610, siguió la visita del gran inquisidor Alonso de Salazar por Nafarroa, Gipuzkoa y Bizkaia quien concluyó que los fenómenos de brujería investigados eran historias inverosímiles y ridículas, que las cosas que decían las supuestas brujas no habían ocurrido en realidad, como el caso de mujeres jóvenes que afirmaban haber sido amantes del demonio pero que al ser examinadas por matronas éstas comprobaban que seguían siendo vírgenes y que una gran parte de las confesiones se debían al acoso de sus vecinos y a las torturas de clérigos, comisarios y ministros de la Inquisición.
Salazar dedujo, de todo lo que había averiguado en el proceso de Logroño, que no se había actuado con la rectitud y «cristiandad» debida, entre otras cosas porque se había coaccionado a los procesados prometiéndoles la libertad si se declaraban culpables.
La reacción del Consejo de la Suprema Inquisición marcó el fin de la brujería satánica en Navarra.
Luego de la derrota de la inquisición en Zugarramurdi, Katalin y los iratxoak decidieron ocultar a Mari para proteger su poder y legado. Katalin se convirtió en una heroína en la memoria del pueblo, mientras la figura mágica de Mari descansa en un lugar secreto, esperando a que otro corazón valiente y justo la descubra en el futuro, cuando sea necesaria su ayuda.
1.- (Francés) ¡Brujas de todos los países, uníos! 2.- (Euskera) Las mujeres decimos que somos herederas, hijas y hermanas de las injustamente llamadas brujas 3.- (Portugués) Todas nos declaramos hijas espirituales de las brujas, libres y sabias 4.- (Quechua) Mujeres y hombres que nos apoyáis, manifestemos alto y fuerte nuestra solidaridad 5.- (Inglés) La memoria de las mujeres asesinadas por brujería no debe ser pasto del merchandising turístico 6.- (Euskera) Lugar de helechos 7.- (Euskera) Duende 8.- (Euskera) Ahogadora de niños

Zugarramurdi cueva – Sorginen Leizea 
Sorginak en Zugarramurdi 
Torturas a sorginak 
Torturas a sorginak 
Zugarramurdi Nafarroa
De aquel mal tiempo gobernado por macabros personajes y defensores de los más oscuros intereses, recordemos que lo ridículo favorece la sinergia entre creencias y codicias, hoy celebramos la festividad de Santiago Apóstol, que jamás puso un pie sobre esta península. Un abrazo.
Hola Carlos.
¡Es tan común que las codicias influyan en las creencias y sobre todo, en la acusación de las creencias de los codiciados!
La leyenda dice que Santiago recorrió España para predicar el Evangelio y murió en Galicia. Aunque también dice que su cadáver decapitado fue colgado en el Desierto de Judá, que empieza en las afueras de Jerusalén, para que fuese devorado por las aves carroñeras y los animales que abundan en aquellos parajes. Y que fueron sus seguidores quienes lo trajeron a enterrar a Galicia. Todo esto pertenece al mundo de las creencias. Y, aunque durante muchos períodos de la historia humana, han sido los creyentes quienes han avasallado las libertades de los no creyentes, imponiendo sus creencias, y aunque, además, no soy creyente, me parece esencial el respeto y la tolerancia de todas las religiones. Aunque esta tolerancia no siempre se pague con la misma moneda.
Espero, Carlos, que hayas pasado un agradable día festivo. Un abrazo.