El nacimiento de Crescendo

Nació en un taller del viejo y bohemio barrio de San Telmo (Argentina), en la calle Defensa 1094, justo frente a la emblemática Plaza Dorrego. No, no me refiero a Juantxo, el nieto de Txomin, sino a Crescendo. Pero espera, que te cuento desde el principio. Txomin y Giuseppe, eran dos amigos de toda la vida, uno vasco y el otro italiano que creaban sueños en el taller que compartían.

En el gran galpón se mezclaban pinturas, esculturas, trozos de metal, cobre, bronce, chapas junto a la plata, un metal noble que Giuseppe convertía en pequeñas obras de arte. Era “el atelier” como lo llamaban, el refugio más preciado de ambos artistas. El color del fuego, las mesas de madera gastadas por el tiempo, las paredes sosteniendo cada pedacito de la historia de este lugar que cobijaba el alma de los amigos soñadores. Porque en él se guardaba la historia de amor y lucha con los elementos que cada uno había elegido para dejar su huella en este mundo, la suya, la de sus antepasados y reflejar la vida de sus generaciones, de sus pueblos.

Ambos eran enamorados de la música, “de la buena música”, como decían. El flamante gramófono sonaba sin parar en el atelier, alternando música clásica, óperas y zarzuelas. Txomin, enamorado del jazz, la música de los salvajes, soñaba con conseguir algún día un disco de pasta que había grabado la Original Dixieland Jazz Band.

El jazz, un género que llevaba años siendo minoritario, para negros, algo que ni la mayoría de los estadounidenses conocía, se atrevía a salir al mundo con un grupo liderado por el corneta Nick La Rocca, al que acompañaban el trombón Eddie Edwards, el pianista Henry Ragas, el clarinete Larry Shields y el batería Tony Sbarbaro, todos blancos.

Txomin guardaba un profundo odio al menosprecio que profesaba al género el periódico “The New York Times”, controlado por las élites blancas. “Músico empujado al suicidio por el jazz: no tenía más opción que tocar la música que detestaba”, publicaba en 1922, en uno de los múltiples ataques que le había dedicado, durante el primer cuarto del siglo XX, a aquel estilo que estaba “creciendo en tamaño y ferocidad” y conquistando Estados Unidos contra todo prejuicio, asociado a la población afroamericana más pobre y oprimida. El prestigioso diario solía calificarla como “la música de los salvajes”.

Primer disco de Original Dixieland Jazz Band

Eleuterio Iribarren era quien había introducido a Txomin en el mundo del jazz. Se conocían desde chicos en San Sebastián donde ambos estudiaban música en la “Academia Nacional de Música” y tenían como maestro de violín al famoso violoncellista y director de orquesta Alfredo Larrocha. Luego sus caminos se separaron. Txomin partió a las Américas con su familia. Eleuterio continuó su carrera musical, primero en Francia con el maestro Philippe Sandré y luego en Londres en el “Royal College of Music”. En 1912 fue contratado para actuar en el “Petit Salón” de Buenos Aires y llegó a Argentina, donde se rencontró con Txomin y conoció a Giuseppe, formando un trío inseparable.

En Buenos Aires se en­tre­mez­claban or­ques­tas tí­pi­cas tan­gue­ras con las pri­me­ras agru­pa­cio­nes que ad­he­rían a los nue­vos rit­mos del nor­te, ba­jo el mo­te de “Jazz Bands”, al­ter­nan­do re­per­to­rios en sus tra­ba­jos dan­zan­tes, en el acom­pa­ña­mien­to en las sa­las ci­ne­ma­to­grá­fi­cas de las pe­lí­cu­las mu­das y más tar­de en la ra­dio.

Tarjeta del Royal Pigalle

Cuando Eleuterio empezó a actuar en el “Royal Pigall”, el cabaré que funcionaba en Avenida Corrientes 825, fundó la “Jazz-Band de Eleuterio Yribarren”, la primera en su género en Buenos Aires, integrada con músicos estadounidenses y argentinos. Además de actuar en ese local, el conjunto también lo hizo en otros locales y cabarés que fueron surgiendo y tenían una gran pista de baile rodeada de mesas, barras y escenarios para orquestas: el “Casino Pigall” de la calle Maipú, el “Armenonville” de Avenida Alvear y Tagle, el “Restaurant Florida”, el “Marabú”, el “Casanova”, el “Chantecler” y en los bailes de Carnaval del Teatro Ópera.

En el gran salón del “Royal Pigall”, alfombrado y decorado lujosamente, como boudoir de una cortesana, pasaban horas hablando con los músicos. En aquellos tiem­pos era im­po­si­ble con­se­guir par­ti­tu­ras ori­gi­na­les de los te­mas que co­no­cía­n a tra­vés de los dis­cos, Así que los sa­ca­ba­n to­cán­do­los so­bre ellos. Has­ta que Eleuterio hizo co­ne­xio­nes con ma­ri­ne­ros nor­tea­me­ri­ca­nos que les llevaban las pie­zas im­pre­sas que iban a bus­car a los bar­cos an­cla­dos en el puer­to.

En esas reuniones en las que el trío disfrutaba de charlas y música, tuvo Txomin su peregrina idea de fabricar un saxofón que pudiera incluirse en la banda, un instrumento único y artesanal que fuera el símbolo de esa amistad, esa ciudad y esa época. La idea era un poco loca. A pesar de ser un artista maravilloso que lograba fabricar lo que quería con los metales, y a pesar de tener conocimientos musicales, Txomin no tenía idea de la fabricación de instrumentos musicales.

Un rincón del Tabaris

A las primeras risas de los contertulios, pensando que estaba haciendo una broma, siguió el silencio frente a la cara seria del amigo y la resolución que reflejaba.

.- Txomin: Conociendo las proporciones y la forma exacta, no puede ser tan difícil. Giuseppe podría ayudarme ¿verdad Giuseppe? Además, algún día Juantxo podría aprender a tocarlo. Y tu nieta Isabella también, Giuseppe. ¿Os imagináis que tocaran el saxo fabricado por sus abuelos? El legado de una generación a la siguiente.

.- Músico: Las chicas no tocan el saxo.

.- Txomin: ¡Todavía!

.- Eleuterio: Con lo “burugogorra” (obstinado) que es este, ¡ya os digo que lo hace!

.- Giuseppe: ¡Y yo contigo, amigo! Ya verás lo hermoso que nos va a salir. Aquí y ahora propongo el nombre de “Crescendo” para este reto que me emociona y enorgullece compartir con Txomin.

.- Txomin: Pues me gusta el nombre. Crecerá nuestro aprendizaje para poder fabricar el instrumento, crecerá la amistad que disfrutamos cada día con el trabajo compartido, crecerá el anhelo de formar parte del mundo del jazz, crecerán los críos viviendo con nosotros la magia de construir con tus propias manos. ¡Brindemos por Crescendo!

.- Eleuterio: Pues yo también puedo ayudar, puedo conseguir los planos de un amigo de Estados Unidos al cual un luthier le hace los instrumentos.

.- Músico: Pero el saxo no es de cuerda.

.- Eleuterio: ¡Pero tendrá amigos, conocidos que los hagan, digo yo!

.- Músico: Pues yo puedo hablar con los marineros para que traigan los planos y lo que sea.

.- Músico2: Pues yo te presto mi saxo. Fuera de las horas de ensayo y actuación, es tuyo. Y puedo enseñar a los niños a tocar.

.- Txomin: (entre risas) Todavía no, que aún no cumplen un año. Pero gracias y más adelante hablamos.

.- Eleuterio: Trae tu saxo, que tenemos que tenerlo cerca.

Así, entre risas, brindis, charlas, música y emociones comenzó a funcionar la magia que daría nacimiento a “Crescendo”. Fueron años de muchos intentos, prueba y error en el atelier. 

Eleuterio Iribarren grabó para el sello “Electra” y luego para “Odeón” al frente de su banda con los nombres de “American Jazz Band” y de “Red Hot Panamerican Jazz”. Viajó a Francia y España y al regresar se dedicó exclusivamente a grabar para la Casa Max Glücksmann con la “Jazz-Band Yribarren” grabando desde 1922 hasta el final del período del cine mudo. Firmó contrato para actuar en la famosa tienda “Harrods” y en el “Tabaris”. 

Musicalizó las primeras películas sonoras argentinas, «Corazón ante la ley» y «El cantar de mi ciudad», componiendo los temas que en ellas se cantaron. El tango «Chinita» escrito para la primera de ellas le gustó tanto a Carlos Gardel, que decidió pedírselo para grabarlo. Y se consagró como músico pionero del jazz en el Río de la Plata.

Cier­tas pu­bli­ca­cio­nes em­pe­za­ron a in­cluir crí­ti­cas y co­men­ta­rios so­bre el nue­vo fe­nó­me­no mu­si­cal que ma­du­ra­ba y que en su cor­ta his­to­ria de­ja­ba, tam­bién en Bue­nos Ai­res, obras me­mo­ra­bles del jazz tra­di­cio­nal. Sur­gi­rían nue­vas vo­ces, nuevas orquestas, que darían pie a la con­ti­nua­ción de es­te re­la­to del an­tea­yer por­te­ño, li­ga­do con “esa vie­ja ma­gia ne­gra.”

La amistad con Txomin y Giuseppe continuó hasta el fin de sus días. Crescendo fue creciendo a lo largo de los años y llegó el día en que brindaron, todos juntos, por el jazz y por un saxo original, artesanal, que se convirtió en símbolo de esa amistad, esa ciudad y esa época.

En cuanto a los niños, crecieron jugando en el atelier. Ambos aprendieron música y también aprendieron a tocar el saxo. No se convirtió en sus profesiones, pero muchas tardes de fin de semana se escucha en San Telmo el sonido de una jazz band con un saxo que sabe ser poderoso y también nostálgico, melancólico, tierno y sentimental.

VadeReto, El Acervo de los Cuenta Cuentos
En el blog “Acervo de letras” de Jose Ant. Sánchez, existe este reto literario que me encanta. Es una invitación a escribir, sólo un tema cada mes que puedes desarrollar como más te guste.

Para este VadeReto, vamos a quedarnos con la excusa de la música.
Y como a Jose Antonio le apasiona un género en concreto,
va a cumplir un compromiso que ya lleva demasiado tiempo aplazado.
Así que, este mes vamos a crear historias alrededor del: JAZZ
Aceptando el desafío de Jose, aquí os presento mi relato
de febrero.
¡No os los perdáis! Podéis leer el resto de aportes aquí:

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

24 comentarios sobre “El nacimiento de Crescendo

  1. Hola, Marlen.
    Una preciosísima lección de historia del Jazz en Argentina, unida a la magia de la amistad y la ilusión de unos amantes de la música por crear y unirse a este género tan discriminado y, sin embargo, que tanto enamora.
    Cuántos amigos, reunidos al rededor de una mesa, se habrán empeñado y conseguido proyectos tan gratificantes y bonitos como este.
    El nombre del Saxo no es baladí. El mismo relato va «in crescendo» al ritmo de la historia y mostrándonos como la ilusión de esos amigos pasa de una ocurrencia a una maravillosa realidad. A veces, querer es poder y solo es necesario una idea, un primer paso y el apoyo de tu gente para conseguir grandes cosas.
    La música hace amigos y el Jazz es un género que enlaza corazones. Sus orígenes lo confirman, en aquellas plazas de Luisiana, Nuevo Orleans, donde los esclavos podían escapar de su cautiverio durante unos instantes, a los sones de esta música. Mientras tocaban y bailaban, volvían a sentirse libres.
    Pero lo más grande de todo es que esta música dejó de estar marginada e incluso usada como insulto, «la música de los salvajes», para ser el fundamento de casi toda la música actual. Por mucho que la rabia y el odio «blanco» intentó oponerse a su difusión, esta se contagiaba y pasó de ser clandestina a poderse disfrutar sin mirar su color o condición. Hoy podemos disfrutar de lo que sentían aquellos corazones libres, a pesar de la realidad que vivían y que parece querer resurgir de nuevo en esta estúpida involución del mundo.
    Muchísimas gracias por esta historia, amiga. Es muy representativa de lo que el Jazz significa y lo que sentimos los que lo amamos.
    Abrazo grande en una Jam Session continua.

    1. Hola Jose.
      ¡Qué hermosas palabras, Amigo! ¡¡Muchas gracias por tu comentario!!
      No, el nombre del saxo no es baladí. Le estuve dando vueltas y jugando con palabras relacionadas con la música, que tuvieran un significado más allá de la música. Y Crescendo se presentó perfecta para todo lo que tenía que simbolizar.
      San Telmo era barrio de bohemios y artistas antes de ser invadido por las hordas turísticas. Yo nací allí y recuerdo galpones y pequeños locales donde crecía el arte de todo tipo. El lugar del cuento también tiene su historia. En Defensa 1094 estaba el taller de la familia de orfebres catalanes Pallarols, generaciones cincelando obras maestras en plata, oro, piedras preciosas y bronce. ¡Cuántas veces me metía con mis amigos a ver lo que estaban haciendo! ¡Puertas abiertas!
      Juan Carlos Pallarols ¡un genio!, sigue teniendo un pequeño taller. Su obra es reconocida en todo el mundo y tiene un local donde se la puede apreciar y la vende a dos pasos, en Defensa 1039.
      En cuanto al jazz, para muchos, Buenos Aires es la ciudad del tango, pero lo cierto es que hay una movida de jazz muy importante y son muchos los lugares donde escuchar excelentes músicos de jazz tocar en vivo. En la ciudad se hace el BA Jazz (Buenos Aires Jazz), un festival internacional con diferentes sedes y actividades. Pero es en los bares y clubes de jazz donde se suelen disfrutar las mejores Jam. Allí, aficionados y profesionales se mezclan para crear un espectáculo vivo y embriagante. Una buena cerveza en una mano, un rico bocado en la otra, y a dejarse llevar por el ritmo.
      Un abrazo grandote.

  2. La música es un componente fundamental de la cultura a menudo olvidado por la historia, muchas gracias por publicar esta descripción de un momento que sobre todo es recordado por el crack sufrido por la bolsa de valores, aderezado además por maravillosas canciones. Un abrazo.
    ¡Me ha encantado ser calificado de salvaje!

    1. Hola Carlos.
      Es cierto, la música es un componente fundamental de la cultura y a menudo no se le da la importancia que debería dársele. Y dentro de la música, como en toda actividad humana, se olvidan personajes que, en su momento, tuvieron especial importancia o marcaron la vida de sus contemporáneos. A mí me gusta rescatarlos y que aparezcan, así al pasar, como quien no quiere la cosa, en mis cuentos. Eleuterio Iribarren es uno de ellos y me encantó revivirlo por un ratito.
      ¡Y sí, seamos salvajes, que la sociedad ya se encargará de colocarnos la etiqueta!
      Un abrazo.
      Marlen

  3. Ze polita Marlen!! (precioso)
    Me he metido de lleno en la historia y a medida que avanzaba iba buscando en internet…
    Me ha gustado mucho por el relato, lo histórico y la música que hay entre sus líneas.
    ¡¡Qué maravilla!! He disfrutado mucho.
    Eskerrik asko Marlen de parte de otra burugogorra de tantas que hay.
    Besarkada bero bat

    1. Hola Amaia.
      Me alegro mucho que te haya gustado el cuento y que te hayas metido en él, porque a mí también me gusta disfrutar así los relatos, buscando en las redes, con las imágenes y la música que me van sugiriendo…
      Eskerrik asko zuri por acercarte a este rincón y hacerme llegar tu comentario.
      Besarkada haundi bat, burugogorra maitia.

  4. Hola Marlen, pedazo de relato, además con historia real y muy bien argumentada. Nos dejas además material audiovisual para ir escuchando al mismo tiempo que se lee. Un genial aporte. Te felicito.
    Un abrazo. 🙂

  5. Al desconocer a ese personaje se hace un poco complicado seguir el relato al detalle, pero lo que sí me ha gustado, es esa nota de que en un principio esa música era solo para los de color y con el tiempo se abrieron los blancos a tocarla.

  6. Una estupenda historia ambientada en argentina. La música es otra de las muchas caras de una cultura, una muy importante. Un micro estupendo. Buena aportación Marlen. Un abrazo!

  7. Hola Marlen, se nota que te has documentado mucho para este reto trayéndonos algo de historia del jazz en Argentina en un relato donde lo que más destaco son los valores de la la amistad y la cooperación. Es curioso, uno asocia el jazz con USA, nunca me imaginé que hubiera bandas tocando en Sudamérica y menos que grabaran discos, es toda una revelación. Mira, te soy franca, a mí el jazz no me gusta nada jajaja y para este reto he tenido mi dosis de jazz para todo 2024, a pesar de eso me han gustado mucho los dos videos que pusiste, sobre todo el segundo donde podemos asomarnos a una ventana del tiempo para ver cómo eran las cosas en otros tiempos.
    Te mando un abrazo, me gustó mucho tu entrada.

    1. Hola Ana.
      Me gusta el jazz, suelo escucharlo dependiendo del ánimo que tenga. Y en Buenos Aires, con unos amigos muy melómanos, solía frecuentar algún club de jazz. Y conocía la historia de Eleuterio Iribarren. Siendo vasco, ya sabes, me llamaba la atención. Por otro lado, yo nací en San Telmo, el barrio donde estaba el galpón de la calle Defensa 1094, al que solíamos entrar de niños porque todo el barrio era nuestro.
      Así que he mezclado, como siempre, recuerdos con imaginación. Pero no me he tenido que documentar mucho: fechas y detalles del recorrido de Iribarren.
      Es gracioso cómo a veces no tenemos ni idea del tema que toca en un reto y nos pasa, como te ha pasado a ti, que hay que averiguar, leer, investigar… Y otras veces, parece que los hilos de cosas pasadas se van uniendo para presentarte un rompecabezas divertido de armar.
      Bueno, por lo menos, has tenido una buena dosis de jazz, ¿y si hubiera sido reguetón? 😂😂
      Me alegro que, además de disfrutar del jazz 🤣, por lo menos te hayan gustado las imágenes del Buenos Aires de 1930.
      Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo grande para ti también.

  8. Una historia preciosa donde mezclas ficción y realidad, gracias por darnos a conocer la figura de Iribarren. Me gusta mucho la idea de construir un saxo propio que sirva para que las futuras generaciones sigan amando la música. Precioso. Un abrazo, Marlen!!

    1. Hola Lola.
      Fue un placer recuperar la figura de un músico que, como tantos, quedaron en el olvido.
      La idea de construir un instrumento musical para que sirva de nexo entre generaciones, me pareció preciosa y me alegro que a ti también te haya gustado.
      Gracias por tu comentario y un abrazo grande.
      Marlen

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