El mes pasado, nuestro querido Tintero de Oro nos hizo ver la realidad en colores y surgieron blancos y negros, verdes, rojos, amarillos, naranjas y azules. Este último fue mi elegido para el reto. Es el color que más me gusta en casi toda su gama (y digo casi toda, porque el celeste no me ilusiona).
Veo el azul como muchos colores en uno, conforme aumenta su luminosidad pasa del misterio a la elegancia. Vibrante en tonalidades intermedias, se vuelve muy versátil en sus versiones pastel y, poco saturado, hace de gris “teñido”. Me encanta mezclarlos con sus vecinos del círculo cromático en dirección al rojo. ¡Esos violetas!
¡Ah, por si fuera poco!, en inglés da nombre al Blues, una de mis músicas preferidas e igual de extensa en matices.
El azul es un color misterioso, el color del frío, la enfermedad, el linaje y la nobleza, los vaqueros y el color más raro en el reino natural. Es el color de las profundidades ambiguas, de los cielos, los mares y, al mismo tiempo, de los abismos.
Además, al parecer el azul es el color más popular, el que siempre gana en las encuestas entre los favoritos. En 1993 El fabricante de crayones “Crayola” realizó una encuesta poco científica pero curiosa: pidió a niños estadounidenses que nombraran su color de crayón favorito. La mayoría eligió un azul bastante estándar, pero otros tres tonos de azul también figuraron en la lista de los 10 elegidos.
Siete años después, la empresa repitió su experimento. Una vez más, el azul clásico ocupó el primer lugar, mientras que otros seis tonos de azul aparecieron entre los 10 primeros, incluido el encantador «azul ventisca».

El predominio del azul en dichas listas no sorprende al mundo del marketing. Como un truco de mago patrocinado por Pantone, a menudo se pide a los estudiantes de marketing que nombren su color favorito. Después de que responden, se les dice: «Ya teníamos una diapositiva que dice “El 80% de ustedes dijo azul”. Generalmente tiene razón. Parece ser algo intercultural: a la gente simplemente le gusta el azul.
Tal vez porque está en cualquier lado, tal vez porque pareciera contenerlo todo. Una omnipotencia: ¿cómo ganarle al cielo o al mar? ¿cómo escapar de esa hipnosis cromática?
En estos días me preguntaba ¿cómo sobrevivirían los medios de comunicación sin la repetición, sin eso que pretenden nuevo, pero que entregan una y otra vez camuflado de importancia vital? Sí, una vez más, asistimos a la proliferación de textos, rankings, reflexiones alrededor del famoso Blue Monday, o el lunes azul, el supuesto día más triste del año en todo el mundo, que llega una vez que pasan las fiestas y el entusiasmo de la novedad del año nuevo se pincha como un globo que lleva varias horas inflado y aparece el supuesto golpe de realidad. Todo lo que parecía promesa se destiñe, se marchita, se vuelve azul.

En Francia, país azul si los hay, l’heure bleue, se refiere al crepúsculo, cuando aún no hay la más completa oscuridad, el período entre el día y la noche donde el cielo aparece en un tono más oscuro que el tono azul cielo. En fotografía, esta hora se considera especial, debido a la calidad de la luz.

En inglés es el color de un tipo de tristeza. Un estado que hormiguea por todo el cuerpo. Sentirse azul –en una traducción precipitada, traicionera como todas– es atravesar un desánimo. Me gusta imaginar ese azul como una sensación punzante, un poco helada, un poco roedora. Algo se rinde mientras el color se electrifica hasta cubrirlo todo.
Y cuando digo todo, me acuerdo que es hora de hacer las listas que me negué a hacer cuando el viejo año se marchaba. ¿Qué tal una lista Azul?
Paseo rápido por algunos azules de mi vida: azul Francia en la rayita de aquel juego de tazas de mi abuela que veía poco la luz del sol; azul opaco en el contorno de la paloma de la paz de Picasso en la cartulina que atesoraba mi abuelo; Azul nombre de pueblo y estación de servicio donde cargábamos nafta en nuestro habitual viaje por la Ruta3 para ir a San Ignacio; azul marino en el conjunto deportivo que era obligatorio en el secundario tanto para las atléticas como para las que no tenían ninguna capacidad deportiva; azul perturbador en los ojos de aquel chico de Isidro Casanova que no se fijaba en mí; azul solemne en los lomos de una enciclopedia que eran parte de la Biblioteca Nacional de la calle México que yo consultaba soñando en atesorar algún día una en mi casa de clase media argentina; azul México en la casa más colorida del barrio de Coyoacán (México), la que habitaron Frida Kahlo y Diego Rivera y se llama asi por el tono con el que la pintaron por dentro y por fuera; azul añil para que brillara la blancura de la ropa que se secaba en la azotea de Garay; azul escalofrío cuando la luz azul se está yendo, los días se están acortando, el verano se fue a dormir y es hora de poner el ladrillo caliente en la cama; azul media noche en el vestido elegante que se había hecho mamá; azul de juegos divertidos en el agua de la laguna La Salada, salpicando a los primos; azul índigo en las flores con cierto tinte violáceo de los canteros de Haedo; azul tunecino en las maravillas de arquitectura de Sidi Boud Saïd con sus antiguos palacios restaurados, pintados en blanco y azul y su ambiente de pequeño paraíso escondido. Viajes insólitos que siempre imaginé que realizaría.

Tormenta eléctrica 
Vitreau Confitería El Molino – Buenos Aires 
Flor en mi balcón 
Ballenas en Península Valdés – Argentina 
Sidi Boud Saïd – Túnez
Bien están esas múltiples sensaciones, recuerdos y vivencias que hace salir a la palestra ese color azul; pero mucho mejor si se plasman con las palabras de alguien que sabe describirlas e interpretarlas derrochando una habilidad como la tuya, Marlen.
¡Bien hecho!
Un abrazo.
Hola Daniel.
¡Muchísimas gracias por tu comentario! Con palabras así, las mías fluyen cantarinas sobre el teclado. Un abrazo grande.
Pues sí que da de sí el azul… con lo poco que me gusta su frialdad, me sorprende que sea uno de los colores preferidos. ¿Me sorprende? No, he exagerado, ¿Por qué no el azul tanto como cualquier otro? Un abrazo!
A mí me encanta el azul (por eso le dediqué tanto cariño). Pero el juego de los colores no acaba aquí. No descartemos ninguno. A ver si te gusta el siguiente.
Leí el siguiente, sí… pero de nuevo… Picasso y Van gogh… uf… la pintura no es lo mío y menos lo son estos dos pintores. El color no me desagrada. De hecho he pensado hoy en ti porque estaba el mar de un azul turquesa precioso. Si he de elegir azul… que sea turquesa!
Yo me refería al siguiente color. No me voy a quedar sólo con el azul.
¿No te gusta Van Gogh? Pues, yo hubiera dicho que te gustaba. Colores puros, impactando, derecho a lo que quieren decir…
¡Qué bien que te hayas acordado de mí! Amo el mar y ese color turquesa que, a veces, lo invade. ¡Viva el turquesa! Un abrazo.