Primavera en los bosques de Navarra I

Hablamos mucho del otoño en los hayedos. Ese “morirse” pintando de oro el horizonte sin duda es uno de los grandes espectáculos de la naturaleza en los maravillosos bosques navarros. En cambio, no se conoce tanto el gran acontecimiento de la primavera, el despertar del hayedo tras los desnudos meses invernales. 

Históricamente, las imágenes difundidas en campañas turísticas y a través de los medios de comunicación sobre los bosques navarros son otoñales con sus majestuosos rojos.

¿Por qué no atrae tanto al turismo la Selva de Irati, en primavera? Los factores pueden ser varios. Por un lado, hay consenso en la zona sobre que no se ha publicitado tanto esta época del año como el otoño.

Y por otra parte, la primavera comienza hoy, 21 de marzo, pero a los bosques navarros llega en todo su esplendor en abril y mayo. Y para entonces el turismo ya ha disfrutado de la Semana Santa y está encarando el final del curso con la vista puesta en el verano. Por contra, acudir a Irati en octubre puede resultar más fácil, como una última escapada antes de que lleguen el invierno y las Navidades.

Con los datos en la mano el mes de mayor número de visitantes es agosto, coincidiendo con las vacaciones de verano, seguido por octubre, donde los fines de semana son más fuertes, vinculados a los puentes del Pilar y Todos los Santos.

Haría falta promocionar los bosques navarros desde otra perspectiva. Animar a la gente a conocerlos en las tres estaciones del año en que es posible acceder: primavera, verano y otoño. Esto ayudaría a desestacionalizar el turismo y a apoyar un sector hostelero que pasa la primavera “en temporada baja”.

Las nieves se retiran hacia las cumbres de los montes más altos y los bosques que cubren esos montes navarros empiezan a despertar del letargo del invierno para dar paso a la inmensa paleta de colores de la primavera, invitando a disfrutar del senderismo y las actividades en la naturaleza: desde ciclismo de montaña con diferentes niveles de dificultad, hasta paseos a caballo, parapente, descenso de cañones o tranquilos recorridos en canoa por las aguas del río Irati.

Además, también se pueden visitar pueblos aislados que viven en otra época, como las Casas de Irati, donde se construyó un pequeño fuerte en el s. XVIII para la explotación maderera de la Marina Real. 

Se puede avistar una gran variedad de aves, como el halcón peregrino, el águila real y el quebrantahuesos e incluso algunas especies que están en peligro de extinción, como los pájaros carpinteros, pico dorsiblanco y Pito negro. ¿Has escuchado alguna vez un pájaro carpintero? Aquí los encontrarás junto a muchas otras especies autóctonas.

Tras todo un invierno con las ramas vacías, vuelve el buen tiempo. ¡Es una explosión de verdes increíble! El bosque en primavera es vida, es agua y cascadas brotando, es el verde luminoso y espectacular de las hayas cuyas hojas acaban de brotar. ¡Tiene un colorido tan precioso!

Millones de hojas de un color verde casi amarillo de puro tiernas, invaden de pronto la mirada. El hayedo despierta y pasa de la desnudez al denso cobijo, en cuestión de unos pocos días. El suelo del bosque está aún poblado de flores que aprovechan la luz antes de que las hayas se coman el sol.

Y los pájaros convierten en concierto sin sala cada rincón de la arboleda, para no dejar a nadie ni a nada en el ya casi olvidado mutis invernal. Es la universal algarabía de la primavera, que nace, una vez más, en los más frondosos bosques del Pirineo navarro.

Te invito a presenciar este acontecimiento que, desde luego, no te dejará indiferente. Recordemos que hoy 21 de marzo, se celebra el Día Internacional de los Bosques. La ONU ha elegido este día para recordar anualmente la importancia de la conservación de todos los tipos de bosques, que ocupan un tercio de la superficie terrestre.

Siempre a la cabeza de los bosques navarros, la Selva de Irati tiene un atractivo indudable. Este enorme hayedo abetal tiene una cara muy diferente en otoño que en primavera. La paleta de ocres deja paso a la de verdes intensos y la luz del sol que se filtra entre las hayas se refleja de una manera mágica en el bosque. Las hayas son las protagonistas absolutas, que se yerguen esbeltas y elegantes como en una gran asamblea élfica, dispuestas en ágoras naturales de cumbres y hondonadas.

En primavera puedes recorrer sus senderos en silencio y sin apenas contacto con otros grupos. A quien viene, le sorprende coincidir con tan pocos caminantes.

17.000 hectáreas para descubrir y darte un enorme baño de bosque. Los dos accesos principales a la Selva de Irati se encuentran en Orbaitzeta, en el Valle de Aezkoa y en Ochagavía, en el Valle de Salazar. Ambos caminos conducen a uno de los bosques más grandes y mejor conservados de Europa.

Paraíso natural enclavado en los valles navarros de Aezkoa, Salazar y Chisa, se trata de un bosque casi virgen que alberga las reservas naturales de Mendilatz y Truistibartea y la reserva integral de Lizardoia. Este último es el bosque mejor conservado. Nunca fue explotado por el hombre y por eso abundan aquí hayas y abetos. La mejor manera de conocerlo es adentrarse a través de la pista que bordea el embalse de Irabia, desde las inmediaciones de la Real Fábrica de armas de Orbaizeta, hasta la ermita de Nuestra Señora de las Nieves, en el corazón del bosque.

Virgen de las Nieves, Selva de Irati

En el entorno de Irati, y por todo el Pirineo, existen decenas de caminos y parajes con vistas panorámicas increíbles desde sus miradores naturales y puentes colgantes, así como gigantescos hayedos de más de 60 metros, cuevas, gargantas horadaras en la piedra, cascadas, el paisaje kárstico del macizo de Larra, en la cabecera del Valle de Roncal…

Os aconsejo que no os perdáis dos recorridos impresionantes. Uno de ellos es a las gargantas de Kakueta, un estrecho desfiladero de 4,5km formado por el río Uhaitza que se sitúa en el municipio zuberotarra de Sainte-Engrâce en el País Vasco Francés.

El Kakueta nace en el collado de Arrakogoiti en el límite fronterizo de Navarra con Francia, cerca de Isaba. La garganta es un desfiladero abierto en la piedra caliza, repleto de cuevas, grutas y cascadas. En la misma, el río va recibiendo aportes de corrientes subterráneas. Y el nivel hídrico depende de la estación, siendo en primavera, debido al deshielo, cuando su caudal es mayor. No se ha logrado saber cuál es la cuenca de la que se nutre el Kakueta, ni la dimensión de la misma. 

Tras atravesar un pequeño túnel entre las rocas, se camina por una pasarela de madera junto al río, flanqueados en todo momento por dos enormes paredes verticales de roca kárstica entre las que se filtra agua en abundancia. Para desembocar finalmente en la cascada del Kakueta cuyo chorro de agua brota desde una altura de 20 metros. La cascada puede observarse desde un pequeño puente situado justo en frente o desde su propio interior a través de un pasaje entre las rocas. Está considerada como una de las imágenes más hermosas de los parajes del Pirineo vasco, y es un buen lugar donde pegarse un chapuzón maravilloso.

El segundo recorrido es la Pasarela de Holzarte, una senda marcada como difícil porque tiene una subida bastante pronunciada en algunos tramos y llena de pedruscos. 4,4km (ida y vuelta) que se inician a unos 3km de Larrau y a unos 20km de las Gargantas de Kakueta.

El camino llanea entre árboles y se asoma poco a poco a las gargantas de Holzarte. Ya a lo lejos quedaréis impresionados por la pasarela que une los dos lados de la montaña, con sus 70 metros de largo y 200 de caída. El puente se puede ver perfectamente desde varios puntos y es muy fotogénico, pero desde ningún sitio se disfruta tanto como desde la propia pasarela de madera. Cruzarlo mientras se balancea es toda una experiencia que os animo a probar, si no tenéis vértigo ¡claro!

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

4 comentarios sobre “Primavera en los bosques de Navarra I

  1. Qué preciosidad, Marlen.
    ¡Meeencanntaaa!
    Tiene una pintaza preciosa de Paraíso entre tanta negrura de mundo.
    Ojalá poder teletransportarme allí.
    Pero, si se me permite, un consejo: No lo publicitéis ni hagáis mucho llamamiento turístico, que se lo cargan tó.
    Dejadlo como sitio tranquilo y solitario, solo para visitantes enamorados de la calma y la naturaleza.
    Mi Cadi se lo está cargando el turismo. Ya ni se puede pasear tranquilamente por sus calles, ni de día ni de noche. Así que…
    No dejes de ponerle fotos a tus versos.
    Abrazo grande.

    1. Hola Jose.
      ¡¡¡Síiii una preciosidad!!! Es un paraíso realmente. Ya había escrito sobre el otoño en estos bosques porque los rojos y ocres son de locura. ¡Me encantan! Pero me parecía injusto no hablar de la primavera y sus mil tonos de verdes. ¡Cómo huele! ¡Cómo se escucha! Así que aquí estoy otra vez recargando las pilas con la maravillosa naturaleza.
      Aunque tienes razón, no es muy bueno ser egoísta, pero cuando ves los aparcamientos a rebosar y los enjambres de turistas chillones que arrasan estos parajes dejando basuras y no respetando, piensas ¡qué bien que se conozcan estas maravillas! pero !qué pena que se descubran al público masivo! Sentarte en una piedra sin moverte, sin hablar, y dejar que el silencio se escuche alrededor, ¡menudo placer!
      Te cuento un secreto, tengo muy pocas fotos de estos lugares. Y no es porque no haya ido. Pero siempre me pasa lo mismo. Cuando llego, con mi cámara, trípode, intenciones y bla bla, siento la necesidad de no hacer nada, pero nada de nada, ni siquiera sacar la bolsa del coche. No puedo romper la magia ni perder un segundo enfocando. Es algo que me suele pasar en los lugares que me impactan. No tengo ni una sola foto de mi primer viaje a Paris y no me di cuenta hasta que volví a casa. 🤣🤣
      En fin, chaladuras que tiene una. Estaba segura, pero me alegro que te haya gustado el paseo. Mañana más. Un abrazo grandote.

Deja un comentario

error: Content is protected !!

Descubre más desde El blog del Trujamán

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo