Buenos Aires, 13 de octubre de 1933 – En un evento que marcará la historia cultural de Argentina, el célebre poeta y dramaturgo español Federico García Lorca arribó al puerto de Buenos Aires a bordo del vapor «Conte Grande».
Invitado por la renombrada actriz Lola Membrives, García Lorca llegó con la intención de presenciar el estreno de su obra «Bodas de sangre» en el prestigioso Teatro Avenida.
La llegada del autor generó gran expectación entre los círculos literarios y teatrales de la ciudad. Decenas de periodistas y admiradores se congregaron en el puerto, ansiosos por captar las primeras impresiones del autor granadino, quien visitaba América del Sur por tercera vez, pero se adentraba por primera vez en el Río de la Plata.
Entre los presentes para recibir al poeta se encontraban su amiga y anfitriona Lola Membrives, su esposo y empresario teatral, y familiares cercanos, incluyendo sus tíos Francisco y María y su antigua niñera de Granada, quien residía en Buenos Aires desde hacía tres años. El evento prometía ser el inicio de una relación especial entre García Lorca y el público argentino, quienes lo consideraban uno de los grandes exponentes de la literatura en lengua española.

BsAs Hotel Castelar 
Federico García Lorca tocando el piano 1933 
Placa conmemorativa de la estancia de Lorca en el Hotel Castelar de Buenos Aires
El estreno de Bodas de sangre, programado para los siguientes días, era esperado con entusiasmo, pues se anticipaba que la puesta en escena mostraría una faceta inédita de Lorca en un contexto latinoamericano, donde su obra adquiere una dimensión renovada y vibrante.
Lorca, joven que había alcanzado vasta fama y la consagración respetuosa y era en España uno de los exponentes más representativos quizá el que más, de su nueva literatura, moderna e inquieta, iba a quedarse tres semanas, pero la ciudad le gustó tanto que estuvo seis meses. Se alojó en la habitación 704 del “Hotel Castelar”, situado en el 1152 de la Avenida de Mayo, estancia que hoy se conserva como museo, con una ambientación que lo recuerda, con fotografías, dibujos, textos, libros e incluso ropa del propio Federico y los mismos pisos de madera y mosaicos que pisó el poeta.
«Cuentan que él se asomaba al balcón, miraba la Avenida de Mayo y se inspiraba para escribir», asegura Alex Marrone, gerente operativo del hotel.
Hoy la vista desde ese balcón, es la misma que inspiró al poeta granadino: el edificio de la Unión Industrial Argentina, los árboles de la avenida.
La Avenida de Mayo es una clásica avenida del barrio de Montserrat, la más española de la ciudad, en la que muchas de sus esquinas nos traen a la memoria nombres como Hotel Escorial, Mesón Español, Hotel Madrid o Gran Hotel Hispano. Es además la avenida del escenario político, pues une la Casa Rosada (Casa de Gobierno) con el Parlamento.
A ella llegaron también los pulsos políticos de España y en ella se sitúan los dos cafés, el “Iberia”, que reunía a los republicanos, hecho recordado en una placa colocada en el año 2006, aniversario de los 70 años de la República, y el “Español”, donde se reunían los nacionales, frente a frente como para poder verse las caras y los gestos.
Este es el lugar que Lorca disfrutó al encontrarse con una Buenos Aires en pleno esplendor, una metrópoli vibrante y majestuosa, en plena etapa de crecimiento y transformación durante el período de entreguerras.
La ciudad, embellecida con el arte modernista europeo, reflejaba una elegancia y grandiosidad que dejaban una huella inolvidable. Sus edificios ornamentados aún hoy nos impresionan por su exquisita belleza y son un testimonio perdurable de aquel momento de esplendor.

Cena en Café Tortoni en compañía de Emilia Bertoli y otras personas 
Federico García Lorca recitando en Radio Stentor 
Lorca en Buenos Aires con Pablo Neruda siendo este Cónsul de Chile 
Lorca con Lola Membrives
Debemos recordar que en la Avenida de Mayo se encuentran los puntos de mayor referencia de la estancia de Lorca, La “Peña Signo”, que se reunía en los bajos del hotel Castelar, el “Teatro Avenida”, el “Café Tortoni”, la “Peña de las Gentes de las Artes y las Letras”, el café “36 Billares” y las radios, como la radio “Stentor”, situada en los bajos del mismo Hotel Castelar, que presentaba su participación como “la voz gitana”, aunque hasta el día de hoy no se ha encontrado ningún registro sonoro de su voz en sus alocuciones.
El café Tortoni, que sigue siendo hoy uno de los más célebres de la ciudad, conserva en sus muros fotografías y recuerdos de los nombres famosos que lo visitaron, entre los que se encuentra el grabado que Lorca donó al café “solo el misterio nos hace vivir, solo el misterio”.
En sus bajos, se celebraba la “Peña de las Gentes de las Artes y las Letras”, tertulia creada en 1926 por el pintor Benito Quinquela Martín, el crítico teatral Arturo Romay y el crítico musical Gastón, tertulia a la que acudían además los redactores de los diarios Crítica, La Prensa, Noticias Gráficas, El Argentino, la Época y La Razón, que sería como decir las voces de Buenos Aires.
Las peñas que han representado una avanzadilla cultural en “La Reina del Plata” durante varios lustros, a la llegada de Lorca estaban en su apogeo, y asistían a ellas escritores, pintores, artistas y políticos, como el presidente de la República, Marcelo Torcuato de Alvear.
Por las peñas pasó también nuestro poeta, y allí transcurrirá gran parte de su tiempo, establecerá vínculos de amistad y hablará de sus obras en las interminables noches literarias. Entre sus amistades figuraban el escritor chileno Pablo Neruda, que en esos años ocupaba el cargo de cónsul de Chile en la Argentina, y con quien el granadino forjó una relación entrañable.
Ya desde el primer día, Lorca se convirtió en el invitado imprescindible del movimiento cultural porteño. Esa misma noche asistió a la representación de “El mal de juventud”, obra del alemán Ferdinand Brücker (dramaturgo que deja huella por el desgarro en la denuncia de una sociedad en crisis, con personajes que concentran en su deformación los males de la época, referidos a la depravación de la juventud o el incipiente nazismo que entrevé con clarividencia). El comentario del poeta fue claro: “en Madrid sería impensable estrenar esta obra, dado el carácter de su contenido”.
El lugar en el que se representaron las obras de Lorca fue el Teatro Avenida. Lorca recuerda el día del estreno de “Bodas de sangre” con Lola Membrives, en una carta a la familia en la que cuenta el éxito de la obra que llegó a alcanzar las 100 representaciones, y que la prensa anunció así: “La compañía de comedias de la actriz Lola Membrives celebrará esta noche en el Teatro Avenida, con una función extraordinaria en honor del autor, las cien representaciones del poema dramático de Federico García Lorca Bodas de sangre”. En el mismo teatro se representaron “Mariana Pineda” y “La zapatera prodigiosa”, que durante meses llenó la sala.

Teatro Avenida 
Concurrencia del teatro Avenida en homenaje a Lorca 
En compañía de Emilia Bertoli, Alfonsina Storni y otras personas, banquete ofrecido en honor de Federico Lorca y de Pablo Neruda (2sentado izq)
El asturiano Pablo Suero, uno de los que mejor conocía a Lorca, lo describe de la siguiente manera: “Ancho de hombros, con una enorme frente y una mirada color ciruela, García Lorca da la sensación de vigor y energía. Juega y ríe. Pero de pronto dice cosas fundamentales en un lenguaje lleno de fuerza, finalizando con algo que le hace reír primero a él, con una risa un poco ronca. Su acento andaluz escamotea sílabas. Habla con vehemencia y rapidez”.
Al poco tiempo de llegar, Lorca escribe a sus padres con estas palabras que han sido muchas veces reproducidas: “Yo estoy abrumado por la cantidad de agasajos y atenciones que estoy recibiendo, aquí en esta enorme ciudad tengo la fama de un torero”.
Así se despidió el poeta de la ciudad y de sus queridos porteños en marzo de 1934: «Buenos Aires tiene algo vivo y personal; algo lleno de dramático latido, algo inconfundible y original en medio de sus mil razas que atrae al viajero y lo fascina. Para mí ha sido suave y galán, cachador y lindo, y he de mover por eso un pañuelo oscuro, de donde salga una paloma de misteriosas palabras en el instante de despedida. Yo sé que existe una nostalgia de la Argentina, de la cual no quiero librarme.»
Jamás pudo volver. El 19 de agosto de 1936, los franquistas lo fusilaron «por socialista, por maricón, por masón y por poeta». Su presencia en los escenarios porteños es permanente, con obras para niños y grandes, fieles e inspiradas en sus textos.
En la serie de televisión “El Ministerio del Tiempo” los personajes usan puertas mágicas para viajar en el tiempo. Uno de ellos, Julián, forja una conexión profunda con Federico García Lorca. Desde el comienzo de la serie el personaje, interpretado por Rodolfo Sancho, sueña con el poeta como si existiera un vínculo especial entre ellos. En uno de los primeros capítulos, Julián estuvo a punto de advertirle sobre su trágico destino, pero Lorca prefirió no saber.
En el capítulo 8 de la primera temporada, volvemos a verlos en una escena inolvidable de la serie. La situación da un giro inesperado. Julián, sabiendo que Lorca será asesinado en Granada en 1936, ha decidido contarle lo que ocurrirá para que cambie su futuro: «No vuelvas a Granada. Te matarán cuando empiece la guerra, el 18 de agosto de 1936.» «¿Cómo puedes saber eso?» le pregunta Lorca. Entonces se lo lleva de viaje en el tiempo. Cruzan una puerta que les traslada directamente a la Granada de 1979, en las cuevas del Sacromonte.
Al escuchar a Camarón de la Isla cantar sus versos, al ver un futuro donde su poesía sigue viva, se emociona y decide no alterar los hechos. Federico pronuncia las siguientes palabras: «Tanto tiempo después, España se acuerda de mí. Entonces he ganado yo, ellos no.»
Y de esta manera, elegante, emotiva y profunda se despide por la puerta grande a uno de los personajes históricos y episódicos más queridos por la audiencia de la serie.
Lorca, según El Ministerio del Tiempo, asume su destino: «Dejemos las cosas como están», dice tras ver a Camarón interpretando «La leyenda del Tiempo».
Magnífico artículo. Le felicito 👌
Hola Antonio.
Muchas gracias por tu comentario y por la felicitación. Siempre es un placer saber que un lector ha disfrutado de uno de mis cuentos.
Saludos.
Marlen
Bien contado.
¡Ojalá se hubiera quedado en Buenos Aires! Recuerdo ese capítulo de la serie que mencionas, (que por cierto, me gustó mucho). Muy buena entrada Marlen, y acompañada de esas fotografías está muy completa. Soy una admiradora de él, hay personas que se fueron demasiado temprano en la vida, su legado hubiera sido todavía más grande si no hubieran segado su vida. Gracias por compartir, te mando un abrazo…
Hola Ana.
Siempre constituye un sufrimiento el asesinato de un inocente. Pero cuando ese inocente tenía aún tanto por decir, tanto por dejarnos a las generaciones siguientes, es muy difícil de aceptar o perdonar.
Yo también me preguntaba por qué no había aceptado quedarse a vivir en Buenos Aires, la gente estaba enamorada de su obra, el teatro lleno todas las funciones, las críticas inmejorables y sus amigos junto a él tratando de homenajearlo y de que disfrutara lo más posible. Pero había algo sumamente importante que Federico extrañaba, su madre.Era incapaz de vivir lejos de ella, sus cartas lo demuestran. Y su vuelta acabó en esa muerte prematura, que siempre lamentaremos. No sé si se nota: yo también soy su admiradora. Y agradezco que “El Ministerio del Tiempo” lo haya traído para ver ese momento especial: «Entonces he ganado yo. Ellos no.»
Gracias a ti por comentar. Un abrazo grande.