Cicatrices invisibles

Elena .- ¡Cuidado con la ducha, que el agua sale helada y luego hirviendo!

Antonio .- ¿Pero no la habíamos arreglado?

Elena .- Tengo que llamar al fontanero, pero no tuve tiempo.

Antonio .- Pues el día menos pensado tenemos un accidente. ¡A ver si lo llamas hoy!

Elena .- Sí, sin falta. ¿Al final vienen Marisa y Jorge?

Antonio .- Claro, ya le dije a Jorge ayer que vinieran a pasar el fin de semana.

Elena .- ¿Y cómo no me dices nada? Tengo que hacer compra, preparar el cuarto…

Antonio .- Ya lo hablamos. ¿No te acuerdas? Últimamente te olvidas de todo, pareces mi madre.

Elena .- No, no era seguro que vinieran.

Antonio .- Lo que pasa es que a ti, Jorge no te cae bien.

Elena .- Por supuesto que no me cae bien, trata muy mal a su mujer.

Antonio .- Ese no es tu problema, entre ellos se arreglan. Para eso son marido y mujer.

Elena .- ¿Para dejarla siempre mal delante de todos? Di que ella siempre se calla.

Antonio .- Es lo que tiene que hacer. Deberías aprender tú también.

Elena .- ¿A callarme como una idiota?

Antonio .- A ser respetuosa. Alcánzame la toalla que ya salgo.

Elena .- Pues tengo que ir urgente al súper, a ver qué traigo.

Antonio .- Haz una paella, mujer, que te salen fantásticas.

Elena .- ¿Por qué no aprovechas que va a hacer buen tiempo y haces un asado?

Antonio .- ¿Un asado, con la semanita que he tenido? ¡Ni hablar! Hoy a descansar, piscina y la partida de mus.

Elena .- ¡Pues qué bien! Tú siempre presumiendo de tu casa, de tus hijos, de tu trabajo, pero soy yo quien se ocupa de todo. ¿Me acompañas al súper?

Antonio .- No puedo, tengo que hablar con la oficina, es el único momento que tengo para pillar a Carlos. Y compra gambas de buen tamaño, que Andrés siempre se queja.

Elena .- ¿Cómo que Andrés? ¿Vienen también Andrés y Zoe? Pues me voy corriendo, que no llego. 

Antonio .- Pasa a buscar a los niños, así juegan un rato con la Play.

Elena coge los zapatos en la mano y sale aceleradísima de casa. Horas más tarde, con los restos de la paella en la mesa y los hombres tomando una copa en el salón, Elena y Marisa recogen las cosas y van a la cocina a ordenar. Llega Zoe riendo del salón.

Cicatrices invisibles

Zoe .- Este marido tuyo, Marisa, es un cachondo mental. ¿No va y me dice que a ver si me acostaría con un amigo de mi marido? Pues le he dicho que con él, no, que ni se le pase por esa cabezota idiota que tiene.

Marisa se ha quedado blanca, inmóvil y a punto de llorar.

Elena .- (dirigiéndose a Zoe) ¿Pero tú eres tonta o qué te pasa? Tranquila, Marisa, que estaban de broma.

Zoe .- ¡Claro que estábamos de broma! Tú te crees que yo… ¡Por favor!

Marisa .- ¡Es que ya no puedo más! ¡No sé qué hacer!

Elena .- ¿Pero qué os está pasando? Tú estás muy mal.

Marisa .- (llorando) ¡No sé qué hacer! En cualquier momento hago una barbaridad.

Zoe .- ¿Qué dices, mujer? Siéntate y toma una copa.

Elena .- Cuéntanos, que estamos entre amigas. 

Marisa .- Cuando se escuchan estas cosas, parece que nunca te va a pasar a ti. Al principio era porque yo era muy inexperta, nunca había… hasta el casamiento no…

Zoe .- ¡No me digas que eras virgen!

Elena .- ¡No seas bruta, Zoe!

Marisa .- ¡Pues claro que era virgen! ¡No todas somos como tú! Nunca me había tocado un hombre, no sabía nada de esas cosas.

Zoe .- ¡Sexo! ¡No sabías de sexo! Que ni siquiera lo puedes nombrar. No me lo puedo creer.

Elena .- Pero bueno, de a poco aprendiste que…

Marisa .- ¡De a poco! ¡De a poco! ¡De a golpes!

Zoe .- ¿Te pegaba?

Marisa .- (llorando furiosa) ¡No, peor! ¡Me violaba, me viola, todos los días, en cualquier momento me viola! ¡Todos los días! Porque yo no quiero, no me gusta, ¡no quiero! Y eso es una violación. ¡Lo sé! ¡Odio que me toque! ¡Ya no lo soporto! ¿Por qué creéis que no hemos tenido hijos?

Elena .- Pero si tenéis tanto sexo…

Marisa.- ¡Porque me hace abortar! He tenido muchos abortos hasta que, hace unos años me convenció de operarme y ya no… no quedo… No puedo tener hijos, tampoco quiero tener hijos. ¿Os imagináis si tuviera una hija? Está enfermo, enfermo y no quiere hacer nada, quiere que todo siga igual. Pero ya no puedo más. Cualquier día me tiro bajo el tren, ya lo tengo todo pensado. ¡Me tiro y se acabó el sufrimiento! Lo intenté con pastillas, pero me hicieron un lavado de estómago y…

Zoe .- ¡Pero si es un mujeriego, un obseso del sexo, si se acuesta con todas en la oficina!

Elena .- No seas bruta. ¿Y tú cómo sabes?

Zoe pone cara de que todo está claro.

Elena .- (a Zoe, que está llamando por teléfono) ¿Qué haces? ¿A quién llamas?

Zoe .- A la policía. Este hijo de puta tiene que estar preso.

Marisa .- ¡¡¡No!!!

Elena .- Las cosas no se hacen así. (dirigiéndose a Marisa) Marisa, estamos aquí para ayudarte. Tienes que denunciarlo. No llores. Te vamos a ayudar, pero tienes que tomar la decisión tú. Es tu vida ¡tú decides! Por favor, di que sí, que lo quieres denunciar. ¡Te vamos a ayudar! ¡No estás sola! ¡No me voy a separar de ti! ¡Tienes que denunciar!

Zoe .- Por favor, escucha lo que te dice Elena. ¡No estás sola! ¡Estamos aquí!

En el abrazo que unió a las tres, estaba la fuerza que Marisa necesitaba. Llanto, muchas lágrimas. Pero Jorge salió de la casa esposado, una psicóloga pasó mucho tiempo hablando con Marisa y coordinó las siguientes etapas y sesiones que tendrían.

También habló con las tres amigas juntas. Elena pasó un tiempo viviendo en casa de Marisa. Ella también inició una terapia personal, tenía mucho que contar. Y como Zoe descubrió cosas que nunca se había planteado, decidieron unirse a un grupo en el que se hablaba un poco de todo, de hombres y mujeres, de lo que nos gusta y lo que no, de decir SÍ cuando queremos decir sí, y decir NO cuando queremos decir no, de la vida.

Cicatrices invisibles

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

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