Si escribes, te gusta leer. No entendería lo contrario. Y si te gusta leer, ¿qué relación tienes con TUS LIBROS? ¿Los subrayas? ¿los prestas? ¿los has perdido?
Yo subrayo los que me conmueven y no puedo dejar de subrayar. Alguno, también sufrió la invasión de mis dibujos. Y, al cabo del tiempo, me sorprenden algunos subrayados de épocas pasadas. ¿Signo de evolución? Tal vez, o tal vez de involución, nada es descartable.
NO PRESTO MIS LIBROS. Los compro nuevamente y los regalo, pero no los presto, fruto de experiencias pasadas. No sé si te queda claro. Sino, mira la placa que tiene su sitio en mi biblioteca.

En cuanto a perderlos, ¿quién no? Es difícil que pasen los años y no pierdas libros, seres, cosas importantes y de las otras. Cuando nos mudamos a Euskal Herria, le dije a Kurt que llevaría una caja de libros a cambio de una maleta menos de ropa. Lo entendió perfectamente a la primera. No tuve que explicárselo, y por supuesto lo aplicó a sus propios libros. Al llegar tuvimos que comprar algo de ropa.
Y, aunque soy acumuladora de muchas cosas nostálgicamente imprescindibles, no soy “acumuladora de libros”, soy “Atesoradora de libros”. Y no me vais a convencer de otra cosa, aunque ya necesite otra biblioteca.
Veía ayer en YouTube una charla que tuvo lugar en la última edición de la “Feria de Editores” de Buenos Aires. Osvaldo Baigorria y Martín Kohan fueron convocados a participar de un encuentro que se llamó Acumuladores de libros, expresión que me hizo reflexionar y me apetece compartir contigo.
Osvaldo Baigorria es un escritor, periodista y docente argentino. En Canadá fue asistente en programas de ayuda a refugiados latinoamericanos de la “Argenta Society of Friends” y miembro fundador de una comunidad rural en los bosques de las Montañas Rocosas. Además desarrolló proyectos de investigación sobre narrativas aborígenes, minorías y medios de comunicación.
Martín Kohan es un escritor y docente universitario argentino. Ha publicado libros de ensayo, cuentos y novelas, pero su reconocimiento literario no llegó hasta el año 2007, año en el que fue ganador del Premio Herralde de Novela por su novela “Ciencias morales”, la cual fue llevada al cine en el filme “La mirada invisible”.
Lo que más me gusta de esta charla es que, pese al título del encuentro, los dos hablan sobre pérdidas, sobre subrayados o personas que se escapan, sobre bibliotecas que se desintegran, sobre fragilidades más que sobre contundencias.
De hecho, los dos, por motivos distintos, plantean su incomodidad en este sentido. “Lo que a mí me parece que se acumulan son las lecturas que se hacen en los libros y de los libros”, propone Baigorria.
“Comparto la vacilación respecto a la palabra acumulador, porque tiene algo de diagnóstico, supone que hay un problema. Me hace pensar en Marie Kondo, con quien sólo comparto las iniciales. Prefiero atesorar”, apunta Kohan.
¿Ahora entiendes mi firme declaración? Soy “Atesoradora de libros”.
¡A partir de ahora le diré a mi mujer, que soy un atesorador de libros! jaja. Me ha gustado mucho tu entrada y te invito a pasar por mi blog. Un saludo y feliz día!
Hola Daniel.
Si ama tanto los libros como nosotros, te entenderá perfectamente. 🤣 Me alegro que te haya gustado el relato. Un saludo para ti también. Marlen.
TODOS con rayajos los míos! Y no acumulo, compro, leo y guardo!!!!! Y me gusta compartir libros de tal forma que pasen de mis manos a las de otro y de las de otro a las mías. Así, es como si un poco del alma ajena quedara en las páginas. Una tontería pero…
Hola Montserrat.
Cada uno tenemos nuestras costumbres con los libros. Y creo que quienes amamos los libros, nos volvemos un poco maniáticos con lo que «si» y lo que «no». De tontería nada, ¡que hablamos de cosas muy serias! 🤣😂🤣
Un abrazo. Marlen
Totalmente, así somos, con rayadas y todo. Un abrazo
Hola Nuria.
Pues sí, así somos. Con rayadas y subrayadas.
Un abrazo,
Pues, sumus simillimi, Marlen.
No, eso de acumular está bien para objetos que no tienen utilidad y los guardas por si acaso. Los libros se atesoran, se acurrucan en las estanterías, se los toca con dulzura cuando pasas tus dedos por sus lomos, se les dedica miradas de cariño por lo que te contaron y por lo que te hicieron sentir. A pesar de las «sugerencias», mis libros no salen de casa sin permiso paterno.
En el tema de subrayar no soy partidario. Creo que esto me viene de aquellos tiempos en que me costaban lágrimas y desespero conseguir uno (en papel, por supuesto), entonces, al conseguirlos, me convertía en un gollum con su tesoro. Me enfurecía incluso al doblar, sin querer, una hoja.
Ahora, con los pósits, marco todo lo que me gusta y luego lo añado a la ficha de cada libro en mi biblioteca virtual. De esta forma, lo tengo más a mano y el libro sigue indemne. Cuestión de gustos.
Y ¿prestar? Hubo un tiempo en que lo hacía, pero me decepcionaron tanto que ahora hago como tú. O los regalo directamente, si ya los he leído, ya me compraré otro para mí. O lo compro y lo regalo nuevo. Esto último lo hago mucho, para satisfacción de mi librero de confianza.
A mis «descendientes» siempre les digo lo mismo: no tengo parné, ni tierras, ni joyas, mi única herencia serán los libros, mi extensa biblioteca; espero que hagáis buen uso de ellos.
Mis libros, mis tesoros.
Un Abrazo, Soror Inter Epistolas
Hola Jose. ¡Muy apropiado el uso del latín en esta entrada!
Como le decía a Montserrat, cada uno tenemos nuestras costumbres con los libros. Pero creo que quienes amamos «nuestros libros», los miramos con mucho cariño por lo que nos contaron y por lo que nos hicieron sentir. La idea de que se acurrucan en las estanterías, me encantó y me enterneció. ¡Es tan tan placentero sacar cualquiera al azar, abrirlo en cualquier página y sonreír porque te ha contado justo lo que necesitabas oír!
En cuanto a los subrayados, en mi adolescencia dudé mucho en hacerlo o no. Tenía los que me servían para estudiar, que subrayaba. Y los que me servían para vivir y cuidaba como oro, enojándome, como tú, cuando se me doblaba una esquina de una hoja. ¡Ni hablar de subrayar!
Con el tiempo me di cuenta que, al abrir nuevamente uno de estos últimos, extrañaba lo que no estaba en él, mi primera impresión, mis sorpresas y alegrías al descubrir ciertos párrafos, ciertas palabras.
Y decidí hacerlo de forma muy consciente, subrayando exclusivamente lo que debo contarme a mí misma cuando lo vuelva a leer, subrayando, poniendo al margen alguna palabra, un signo de interrogación, de admiración. Compartiéndolo con mi yo del futuro. Por supuesto, son pocos los que se ganan el derecho de contar con mis subrayados, sólo mis imprescindibles.
¡Mi tesoro! Intenté poner la figura de Gollum, pero no sé cómo ponerla en un comentario.
Mitto amplectem ad Frater fraternitatis librorum.