El 21 de febrero de 2024, cuando se cumplieron 80 años de su fusilamiento por los alemanes, un héroe de la Resistencia: Missak Manouchian, el armenio del “Affiche rouge”, entró con su compañera en el templo de los “grandes hombres de Francia”. Esta celebración, unas semanas después de la votación de la muy dura ley de inmigración, suscita preguntas: ¿cómo es factible el olvido de la historia en Francia? ¿cómo coexiste su pasado, no tan lejano, con la rabia contra el inmigrante y con las leyes que lo convierten en delincuente?
Mientras Missak Manouchian y Mélinée Soukémian entran en el Panteón, las instituciones francesas consideran que la xenofobia está de acuerdo con su Constitución. El Consejo Constitucional ha reforzado al gobierno, a la derecha y a la extrema derecha en su relato común de una Francia amenazada por la inmigración.
Recordemos la decisión histórica del Consejo Constitucional, relativa al proyecto de ley para “controlar la inmigración y mejorar la integración” aprobado el 19 de diciembre del año pasado. El Consejo Constitucional podría haberse pronunciado, podría haber expresado una posición sobre cómo el texto votado en la Asamblea Nacional contraviene el espíritu de la Constitución francesa, marcando la xenofobia estatal. No fue así. Si bien es cierto que 32 artículos fueron censurados, estos artículos no tienen relación con el objeto de la ley, como el que reservaba sólo a los extranjeros acomodados la posibilidad de venir a estudiar a Francia pagando una fianza. Pero en su mayor parte, el texto fue promulgado al día siguiente por el Presidente de la República quien prefirió evitar pronunciarse sobre el fondo.
Mientras el gobierno mostraba su satisfacción y la izquierda pedía la ilusoria retirada de la ley, la derecha y la extrema derecha denunciaron un golpe antidemocrático, una virulenta estrategia de comunicación que recuerda al método Donald Trump.
Para justificar su obsesión con los inmigrantes y los percibidos como tales por su apariencia, los responsables políticos confían en las encuestas. Desde septiembre de 2023, no ha pasado una semana sin que un medio publique su “encuesta exclusiva sobre inmigración”, con preguntas como “¿Crees que la inmigración extraeuropea puede ser un peligro para Francia?”. Estas encuestas se inscriben en una maniobra político-mediática que se dirige históricamente a personas extranjeras de bajo nivel económico.
Ya en 1777, la Declaración para la Policía Negra de Luis XVI prohibía el territorio metropolitano a cualquier persona considerada “de color”. En 1925, con la creación de la Brigada Norteafricana, instalada en el corazón de París, fueron los cuerpos árabes los que se buscó controlar estrechamente.
En 1938, mientras Alemania se preparaba para la guerra, eran los extranjeros residentes en Francia los que se designaban como un costo y un peligro para Francia. Se habían tomado medidas fuertes unos años antes, con el reenvío a Polonia de trabajadores polacos que fueron a reconstruir Francia, tras la promulgación de una ley “protegiendo a la mano de obra nacional”.
En 1939, los refugiados españoles que huían de una guerra en contra de un gobierno democrático, fueron criminalizados y tachados de “indeseables”.
En la actualidad: declaraciones y encuestas cada vez más escandalosas sobre inmigrantes y descendientes de inmigrantes en Francia. Y al mismo tiempo, la entrada en el Panteón de dos inmigrantes apátridas, titulares de “pasaportes Nansen” (documento de identidad de refugiados apátridas reconocido por muchos estados en 1922 y 1945), en el momento en que se votaba un proyecto de ley de inmigración con el apoyo de la derecha y el referencial ideológico de la extrema derecha.
¿Una paradoja? No. Los Manouchian, como miles de otros trabajadores inmigrantes, habían visto rechazadas sus solicitudes de naturalización. Para los pocos supervivientes de la “Mano de Obra Inmigrante”, la naturalización vino a recompensar su compromiso después de la guerra. Macron perpetúa esta tradición: naturalización para los héroes, OQTF (Obligación de abandonar el territorio francés) para los demás.

Esta obsesión por la inmigración permite enfrentar a los diferentes segmentos de la población entre sí y transforma la inacción de las clases dominantes en cuestiones sociales: vivienda, trabajo, salud, en rivalidades económicas e identitarias. En verdad, los discursos, debates, encuestas, proyectos y propuestas de ley en torno a la inmigración tienen un objetivo prioritario: desviar por todos los medios la atención de la precariedad que sufren las clases populares francesas.
Con la entrada en el Panteón de dos miembros clave de la “Mano de Obra Inmigrante”, una de las organizaciones sindicales comunistas más activas de la Resistencia, que llevó a cabo algunas de las acciones más espectaculares en el entorno urbano y en el territorio ocupado, el gobierno atenúa la dimensión ideológica de la lucha de los Manuchian: militantes comunistas apátridas, comprometidos con la defensa de los oprimidos. Con los Manouchian, es la tradición antifascista del internacionalismo la que entra en el Panteón… y por la gran puerta.
“Eran veintitrés cuando florecieron los rifles / […] Veintitrés extranjeros y sin embargo nuestros hermanos…” Los veintitrés del poema de Louis Aragon “Strophes pour se souvenir” de 1955 (Estrofas para recordar), ennoblecidos por la canción de Léo Ferré, los que aparecían en “l’Affiche rouge” (1959), quienes recibieron de la nación francesa el homenaje que merecían. Llevaban apellidos lejanos: Joseph Boczov, Golda Bancic, Szlama Grzywacz, Cesare Luccarini, Arpen Tavitian… Eran húngaros, polacos, rumanos, armenios, italianos, republicanos españoles… Algunos fueron naturalizados franceses, otros no. Algunos se quedaron para siempre en Francia, otros no.
Estos 23 héroes de la Resistencia fueron arrestados en el otoño de 1943 y muertos por Francia, ejecutados por los alemanes en el claro de Mont-Valérien, el 21 de febrero de 1944 durante la ocupación, seis meses antes de la Liberación de Paris (excepto Golda Bancic, guillotinada más tarde en Stuttgart, porque era mujer). Eran miembros del grupo de Francs-tireurs y Partisans-Main-d’Œuvre immigrée FTP-MOI (Francotiradores y Partisanos – Mano de obra Inmigrante).
L´Affiche rouge (Cartel rojo) era un cartel de propaganda alemana creado por el “Centre d’études antibolchéviques”, encargado de la propaganda del “Comité d´action antibolchévique” (CAA), una organización colaboracionista francesa que actuó durante la ocupación alemana.


Folleto Affiche Rouge
El cartel, cuya intención era la de meter miedo e intentar alejar a la población de los grupos de la Resistencia, fue pegado masivamente en Francia en febrero de 1944, en el contexto de la sentencia de muerte de los 23 combatientes extranjeros de la Resistencia que formaban el «Grupo Manouchian» (incluido el mismo Missak) fusilados por los alemanes.
Una decena de los fusilados, asimilándolos a terroristas, aparecían en el cartel, con un eslogan: “¿Libertadores? ¡Liberación por el ejército del crimen!”.
Además, la exhibición del cartel estuvo acompañada de la distribución de un folleto que reproducía en el anverso, una reducción del cartel rojo.
Y al dorso, un párrafo de denuncia que fustigaba a “L´armée du crime contre la France” (el Ejército del crimen contra Francia): «Si los franceses saquean, roban, sabotean y matan… son siempre extranjeros quienes lo ordenan. Son siempre desempleados y delincuentes profesionales los que ejecutan…»

El objetivo no se cumplió, los Affiches rouges aparecían atravesados por un texto que reflejaba el sentimiento de la población con un “Mort pour la France”.

El 21 de febrero de 2024, volvió a sonar la canción “L’Affiche Rouge”, compuesta por Léo Ferré a partir de un poema de Louis Aragon, en homenaje a la entrada en el Panteón de los ataúdes de Missak y Mélinée Manouchian.

También se leyó la última carta de Missak Manouchian escrita a su esposa desde la celda en el corredor de la muerte. Os traigo un pasaje esclarecedor:
«Bonheur à ceux qui vont nous survivre et goûter la douceur de la Liberté et de la Paix de demain. Je suis sûr que le peuple français et tous les combattants de la Liberté sauront honorer notre mémoire dignement. Au moment de mourir, je proclame que je n’ai aucune haine contre le peuple allemand et contre qui que ce soit, chacun aura ce qu’il méritera comme châtiment et comme récompense.»
(Felicidad para aquellos que nos sobrevivirán y probarán la dulzura de la Libertad y la Paz del mañana. Estoy seguro de que el pueblo francés y todos los luchadores por la libertad sabrán honrar nuestra memoria con dignidad. En el momento de morir, proclamo que no tengo ningún odio contra el pueblo alemán ni contra nadie, cada uno tendrá lo que merece como castigo y como recompensa).