La resistencia de las nuevas generaciones

La protesta es una forma inestimable de decir nuestra verdad al poder. A lo largo de la historia, las protestas han sido la fuerza motriz de algunos de los movimientos sociales más poderosos, han sacado a la luz injusticias y abusos, han exigido rendición de cuentas y han inspirado a las personas para que sigan esperando un futuro mejor.

Lamentablemente, estos preciados derechos están siendo atacados y hay que protegerlos de quienes temen el cambio y quieren que sigamos divididos. Los gobiernos y otros actores con poder encuentran constantemente nuevas formas de reprimir las protestas y silenciar las voces críticas. La tendencia global a la militarización de la función policial, el aumento del uso indebido de la fuerza por la policía en las protestas y la reducción del espacio de la sociedad civil suponen que cada vez sea más difícil estar seguros cuando hacemos oír nuestra voz.

En la era en la que tenemos un mayor acceso a la información, cada vez tenemos menos acceso a una información fidedigna. Los bulos, las fake news enturbian todo, haciendo que desconfiemos de todo lo que se lea o vea por televisión o redes. Más de una vez recuerdo haber oído a mi abuelo la frase: “Si lo dice el periódico, es cierto.” Ahora es probable que dijéramos: “Si lo has visto en las redes, no te lo creas.”

Y nos quejamos, los de mi generación nos quejamos de la apatía que tiene la gente en general, pero especialmente la juventud, por criticar al partido, al gobierno, a las organizaciones. Hoy en día, salen a la calle a seguir como borregos las instrucciones del partido o el candidato al que se apoya, o se desentienden de toda la política, habiendo dejado muchos de ellos, hasta de votar. Ni la menor intención de reflexionar por sí solos y de pensar en lo que crean que se debe apoyar o criticar.

Recuerdo las manifestaciones contra la guerra de Vietnam de 1965 hasta 1971. La guerra nos parecía inmoral e imperialista y la oposición surgió en una época de activismo estudiantil y social sin precedentes, tanto en Estados Unidos como en Europa (recordemos el mayo francés del 68) y en Latinoamérica, del que surgirían los movimientos por la libertad de expresión o el movimiento por los derechos civiles. Miles de jóvenes cubrimos las calles con nuestras protestas.

Desde hace unos años, hay medios que siguen con atención el comportamiento de grupos de jóvenes organizados. Fueron ellos los que consiguieron avances en derechos civiles durante los años 60, en derechos de la mujer en los 70, la defensa de la diversidad sexual, o la defensa de la protección de los inmigrantes en las décadas posteriores.

Con asombro, pero sin sorpresa, décadas más tarde, veo miles de personas tomando los claustros, lideradas por organizaciones de resistencia construidas o heredadas por las generaciones más jóvenes.

La incursión de milicianos de Hamás en territorio israelí el 7 de octubre de 2023 estremeció al mundo, que se solidarizó con Israel.

Pero, tras meses de implacables bombardeos israelíes, la cifra de víctimas palestinas ha alcanzado una magnitud inimaginable, mientras la población gazatí vive al borde de la hambruna. Imágenes de una respuesta israelí increíblemente desproporcionada.

Lo que hizo Hamás fue espantoso. Pero es inaudito que Israel haya tomado este acto terrorista y lo haya convertido en una razón para generar el mayor odio contra Israel que se haya visto nunca, por la manera como respondieron.

Esta reacción negativa es la que ha alimentado las crecientes protestas en algunas de las principales universidades de Estados Unidos, que muchos ven muy similares a las de la guerra de Vietnam. Las autoridades están recurriendo a la policía y la guardia nacional para desalojar a los manifestantes, arrestando a cientos de ellos.

Los estudiantes piden a sus universidades que corten sus vínculos financieros con las empresas israelíes y extranjeras que se están lucrando con la guerra y que dejen de colaborar con instituciones educativas de Israel.

Las directivas de las universidades y las autoridades han acusado a los manifestantes de permitir expresiones de antisemitismo y de intimidar a estudiantes de origen judío.

Han sido muchos los analistas y medios de comunicación que han comparado los enfrentamientos que se vieron esta semana durante el desalojo de las protestas en la Universidad de Columbia con los que se registraron en 1968 en esa prestigiosa universidad de Nueva York.

Las imágenes de las manifestaciones protestando por el genocidio del pueblo palestino y el apoyo del Gobierno de Estados Unidos al de Israel -profesores solidarios arrestados con violencia, estudiantes acusados de invasión de propiedad privada por acampar en el prado de universidades que les cobran 60.000 dólares anuales de colegiatura- ponen en evidencia una vez más las incoherencias del sistema estadounidense que han sido combatidas por la gente joven para mover un poco la balanza.

Hoy las razones son diferentes, pero la razón central ahora como en 1968 es la rabia, el resentimiento y la sensación de injusticia. Así que muchas de las cosas que están pasando en EE.UU. ahora nos llevan de vuelta a los 60´, esos años tan tumultuosos.

¿Tendremos que hacer renacer nuestro optimismo por los jóvenes, su posicionamiento y compromiso?

Luchas de resistencia de la gente joven en las universidades, en las calles del país. Y en cada ocasión, la generación de turno deja la puerta abierta a la siguiente.

La Europa moderna se construyó sobre las cenizas de aquello que no queríamos que volviera a ocurrir. Y aquí estamos masticando ira, 40.000 muertos después, con un nuevo asalto sobre Rafah, el último refugio para más de un millón de palestinos que no tienen adónde ir. Asalto que ha provocado el tibio rechazo estadounidense pero que la masa estudiantil denuncia en campus universitarios de todo el mundo, en acampadas desde las que exigen a nuestros políticos hechos y no palabras.

Los que ondean su ira frente a la injusticia son los jóvenes. Esos y esas que dicen que no les interesa la política, que pasan de todo. Ignorar la represión de sus protestas contra el genocidio en Palestina tendrá consecuencias directas en nuestras sociedades democráticas y nuestras libertades.

El debate va más allá de lo político y entra en el campo de la futurología, en tanto en cuanto enajenamos nuestra responsabilidad social, por lograr la breve paz que propicia el cerrar los ojos mientras nos van quitando derechos que costará recuperar.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

4 comentarios sobre “La resistencia de las nuevas generaciones

  1. Hola, Marlen.

    Como siempre dices tú, hay que seguir teniendo esperanza, y en la juventud, más que en nada en el mundo.

    Creo que hoy en día lo tienen mucho más difícil que nosotros porque la maquinaria del sistema lo tiene mucho más fácil. Las redes sociales, los medios «desinformativos», la política del odio y el continuo ambiente irascible, hacen que «nuestros» jóvenes tengan que luchar contra demasiados bandos, o tener que afiliarse a alguno, sin saber, a ciencia cierta, si están haciendo lo correcto.

    Los adultos, padres, abuelos y tutores, también somos piedras en su camino, porque seguimos viendo a los jóvenes como niños y nos da miedo enfrentarlos a la realidad. Si uno de nuestros «niños» dice: «voy a la lucha», aunque sea civil y pacifista, se nos pone la piel de gallina.

    Sin embargo, la cruda realidad es que son ellos, «nuestros niños», los que tienen que pelear, los que tienen que exigir que se mantengan los derechos que tanto trabajo nos costó conseguir. Porque, en definitiva, el mundo será de ellos, el futuro será de ellos.

    Hay una frase que se puede revertir al gusto que dice, «qué mundo vamos a dejarles a nuestros hijos», pero también, «qué niños vamos a dejarles al mundo». Cuestión de punto de vista.

    Sí, amiga, tenemos y debemos seguir teniendo esperanza en nuestros jóvenes, a pesar de las pantallas.

    Abrazo grande, luchadora e ilustradora obstinada.

    1. Hola Jose
      ¡Exacto! Aunque a veces necesitemos ánimos y la ayuda del poder de la imaginación, hay que seguir teniendo esperanza en las nuevas generaciones. Si no la tuviéramos, ¿para qué seguir peleando?
      Yo también creo que lo tienen mucho mas difícil que nosotros, tienen demasiado ruido alrededor, la tristeza de encontrar héroes de barro y no verdaderos modelos, por eso se los inventan y se frustran cuando se les derrumban. Y el peligro de caer en la impotencia y la desilusión y decidir pasar de todo porque nada los motiva, o en la violencia y el odio.
      Y sí, nosotros también somos parte de su problema. Entre los que se enfrascan en sus propios conflictos y los que creen que aún son niños y ya aprenderán cuando les toque, no hay muchos adultos que se sienten a charlar con ellos, sin gritar, sin imponer, haciendo uso del maravilloso don del oído, entendiendo sus problemas, empatizando.
      Tal vez por eso me empeño en repetir una y mil veces las mismas cosas en cuentos, en relatos, en reflexiones. Nunca se sabe quién está del otro lado de la pantalla (usemos nosotros también las pantallas). ¡A veces te llevas cada sorpresa!
      Me gustó mucho tu punto de vista: «¿Qué niños vamos a dejarle al mundo?». Sigamos intentándolo, con esperanza en ellos y en el futuro.
      Muchas gracias por estar ahí, con tus palabras. Un abrazo grandote Amigo.

      1. Hola Jose.
        Acabo de leer una cita de Clint Eastwood y me acordé de ti:
        «Todo el mundo habla sobre cómo dejar un planeta mejor para nuestros hijos, pero deberíamos intentar dejar hijos mejores para nuestro planeta».
        A veces encontramos ecos insospechados.
        Que pases un bonito día.

        1. Pues, me suena. Así que seguro que la leí y se me quedó en el melón dando vueltas. XD

          Bonito día, bonito puente, bonito fin de semana y bonito encebellao con papas panaderas y pan de Medina.

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