El sarcófago de hormigón

Prípyat, Ucrania — 26 de abril de 1986

Me llamo Anya, tengo 16 años y escribo este diario en el cuaderno que me compró mi padre hace ya unos meses, cuando el mundo aún era seguro y mi padre me preparaba para una remota eventualidad. Hoy ese mundo se ha desmoronado y trato de cumplir con el entrenamiento que he recibido.

Pero debo empezar a escribir por el comienzo. Hoy pasé el día en el peor lugar donde podía estar, en la terraza de casa tomando el sol. No había ido a la escuela ni había visto a mis amigas. Un tonto resfrío había frustrado mis actividades diarias.

Cuando mi padre llegó del trabajo, muy acalorado y nervioso, lo único que dijo fue:

.- ¡Llegó el momento que temía! Ya sabes lo que tienes que hacer.

.- Pero papá, deja que…- intenté protestar.

.- Luego, cuando estés dentro.

Mi padre es un físico nuclear brillante, así que, cuando hace meses me planteó su idea, pude darme cuenta del peligro genuino y la necesidad de no entrar en pánico al mismo tiempo. Me explicó que trabajando en la Central de Chernóbil como estaba haciendo, tenía noticias de primera mano de todo lo que allí se hacía y los peligros que conllevan las centrales nucleares. Así que había decidido construir en la parte de atrás de casa, un búnker subterráneo al estilo de un sarcófago de hormigón, siguiendo los planos que tenía para construir el que podría cubrir el generador en caso de accidente.

En Pripyat, que es la aldea donde vivimos junto a la mayoría de los trabajadores de la central, nuestra casa está un poco alejada del centro y rodeada por un precioso bosquecillo. Así que las obras no llamaron la atención.

Él estuvo pendiente de cada detalle, todo estaba minuciosamente estudiado: oxígeno, comida, agua, el generador eléctrico, el sistema de comunicación con el otro lado de la puerta, medicamentos, libros, mi pequeña grabadora. En “El Refugio” había sillón, cama cómoda con una manta gruesa, una mesa, cocina pequeñita, una linterna que funcionaba con dinamómetro, una radio, botellas de agua, alimentos de larga duración, una caja de galletas duras como piedras y hasta una libreta. 

Cuando quise darme cuenta, estaba todo previsto. Tuve un ataque de ansiedad cuando comprendí que sólo había una cama, una silla…

Era lógico que mi padre se quedara fuera de “El Refugio”. Debía ayudar a solucionar el accidente.

Él me había dicho:
.- Si algo sale mal en la planta, entrarás y no saldrás hasta que lo digan por radio. Pase lo que pase, no salgas. ¡Prometido!

Y yo había prometido.

Ese día, el mundo entero era ruido. Alarmas, sirenas, gritos lejanos. Pero en el subsuelo, bajo la casa número 8 de la calle Kurchatova, había silencio.

La caja estaba forrada por dentro con acolchado de goma. No había ventanas. No había relojes. 

Y comenzó la espera, la tensa y angustiosa espera. Cada día, cuando mi padre venía a casa, se sentaba del otro lado de la puerta y hablaba conmigo.

Él había descubierto que el mejor remedio para la exposición a la radiación era huir de ella. No existía medicamento que pudiera curarla ni tan siquiera mejorar sus valores. Las pastillas de yodo contribuían a controlarla, pero aumentaban el riesgo de cáncer de tiroides.

.- He oído algo. Un clic metálico. No sé si fue real o si fue mi mente. Quizá la caja se está hundiendo. O tal vez hay alguien más aquí abajo. Papá, ¿y si no era suficiente hormigón? ¿Y si me estoy deshaciendo por dentro?

.- Todo está bien, Dochen’ka (Hijita). Aquí todo está bien. Pero no están contándole a la gente lo que está ocurriendo. Hoy está lloviendo, deberían advertir que los niños no jueguen en los areneros, la lluvia expande el material reactivo, que eviten beber leche fresca, que no coman ninguna verdura que crezca sobre el suelo, lechuga y tomates. Ya no se están vendiendo estos productos, pero mucha gente las tiene plantadas en casa y las aprovechan, sin pensar que ya están contaminadas. Los hongos silvestres, que son tan populares aquí.

Y pasaban los días.

.- Millones de personas están expuestas a la radiactividad, gran parte de ella en los alimentos, especialmente en los productos frescos. Si las autoridades hubieran admitido el desastre de inmediato, muchos miles se habrían librado de las horribles dolencias resultantes, a menudo fatales. Es trágico cuando las ideas abstractas, como el orgullo nacional, se anteponen a la vida humana.

Los días se mezclaban. Las galletas desaparecieron. El agua se volvió tibia y con sabor metálico.

.- Un extraño aguanieve cayó ayer noche y esta mañana todas las hojas de los árboles eran de cuatro a cinco veces su tamaño normal. Nosotros estamos trabajando allí con trajes especiales anti-radiación, pero a menudo me pregunto a qué estoy expuesto y si sufriré problemas de salud.

Sólo la oscuridad perfecta. Cuando la linterna murió y el generador comenzó a fallar, comencé a grabar los mensajes y comprendí que la oscuridad no es sólo ausencia de luz. Es una presencia viva, cambiante, observadora.

.- ¡Es aterrador! -me contaba mi padre. Sé que la verdad es, al menos, 100% peor que los informes que se están presentando. El gobierno soviético sólo está interesado en encubrir lo que fue un accidente muy grave. Y mantienen a todo el pueblo en la mayor oscuridad. Tienes que ser valiente. Cuando salgas, nos iremos lejos, muy lejos.

Hoy papá no ha venido. Estará trabajando muy duro.

.- Papá, si estás escuchando esto, todavía estoy esperando. No sé si afuera hay nieve o fuego. No sé si la ciudad sigue en pie. He aprendido a contar los segundos para no perderme… Pero creo que estoy perdiendo igual.

.- Hoy soñé contigo. Estabas en la planta, ajustando válvulas con esas manos llenas de aceite. Dijiste que todo iba a estar bien. Pero detrás tuyo había una sombra que te imitaba. No tenía cara. Tienes que venir, por favor. Tienes que contarme lo que está pasando.

.- Escuché una voz. Era la de una niña. Dijo mi nombre. ¿Hay más cajas? ¿Otros como yo? Tal vez esto es un experimento. Tal vez ya no soy yo. Quiero que vuelva la luz. Quiero salir. ¿Por qué no contestas?

.- Papá, sé que hiciste esto para salvarme. Sé que lo hiciste con amor. Pero me pregunto… ¿qué precio pagamos por sobrevivir si lo hacemos sin saber si el mundo nos sigue esperando? ¿De qué sirve el cuerpo sano si el alma se pudre en la espera? Si algún día alguien encuentra esto, si algún ser humano puede oír mi voz, ¿esta es la forma de protegernos? ¿Encerrarnos para siempre en nombre del bienestar?

.- El silencio me está ahogando. Ya no tengo miedo. Sólo quiero que el mundo me recuerde con luz.

Ocho años después, una expedición de limpieza de radiación halla el sarcófago de hormigón intacto. Lo abren con precaución. Dentro, el esqueleto de una joven, en posición fetal, y una cinta que aún puede reproducirse. La grabación se conserva. Se difunde.

Una voz joven, cálida, humana, habla desde una época donde las decisiones urgentes pesaban más que las consecuencias a largo plazo.

¿Cuántas tinieblas cubren realidades incómodas de explicar? ¿Cuántos sarcófagos de hormigón construimos aún hoy… en nombre del amor, la seguridad o el miedo?


En el blog “VadeReto” de Jose Ant. Sánchez, existe este reto literario que me encanta. Es una invitación a escribir, sólo un tema
cada mes, que puedes desarrollar como más te guste.
En el VadeReto de este mes, vamos a meternos de lleno en la OSCURIDAD.
Los protagonistas de vuestros relatos han de vivir un escenario lleno de
Tinieblas, Negrura, Tenebrosidad, Opacidad…
Podéis desarrollar la trama en una noche sin luna, dentro de una cueva profunda,
en una habitación sin ventanas, dentro de una caja…
Puede ser una obscuridad completa y opresiva, pero, también, deseada y reconfortante.
Un escenario lleno de sombras o escasamente iluminado por velas
que creen una atmósfera de tinieblas.
No tenéis, obligatoriamente, que trabajar el terror, la tristeza o la melancolía.
Podéis ser como yo, amantes de la Noche.
En definitiva, el Negro es el color de este VadeReto.
El resto de los ingredientes para vuestra receta literaria corre por vuestra cuenta.

No os los perdáis! Podéis leer el resto de aportes aquí:

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

22 comentarios sobre “El sarcófago de hormigón

        1. Pues muchas gracias. Me alegro que te haya gustado. Fue una terrible tragedia de la que no creo que nunca sepamos las consecuencias. Por eso puse la diferencia de cifras de víctimas que se barajaban. Pero nos olvidamos pronto de estas noticias y, al hacerlo, caemos en el peligro de repetir la historia. ¡Errores de no tener memoria de lo vivido y sufrido! Saludos.

  1. Merlen…

    Este texto no solo se lee: se queda resonando, como una voz grabada que no deja de repetirse. No hay artificios aquí, solo una verdad envuelta en silencio, y eso es lo que más duele. Lo has contado desde dentro, desde la mirada que observa cómo el mundo se deshace… y aún así espera.

    Lo que más me ha estremecido no es solo el relato en sí, sino lo que revela: que seguimos sin aprender. Que incluso con la historia tatuada en la piel de la humanidad, seguimos construyendo sarcófagos —no de hormigón, sino de indiferencia, de burocracia, de miedo disfrazado de prudencia—. Seguimos encerrando voces porque no sabemos qué hacer con ellas. O peor: porque no queremos escucharlas.

    Has tocado algo muy profundo. No solo el dolor de una niña, no solo la paradoja de ser salvada a costa de perderlo todo, sino ese punto ciego colectivo que arrastramos como especie. Esa tendencia a esconder la basura bajo la alfombra radioactiva, pensando que así no nos alcanzará.

    Y sin embargo, tu relato también da luz. Porque recordar, narrar, ponerle nombre a lo que pasó (y a lo que pasa), es una forma de resistencia. Y esa cinta que se conserva, esa voz que se difunde, me parece la metáfora perfecta de lo que puede hacer la literatura cuando se atreve a mirar lo innombrable.

    Gracias por dejar esta historia. Gracias por no suavizarla. Por no darnos consuelo fácil. Porque eso es lo que nos hace falta: relatos que nos zarandeen, que no nos dejen seguir igual.

    Un abrazo enorme.

    1. Hola Miguel
      Me alegran mucho tus palabras porque diseccionas el cuento y entiendes todo lo que bulle en mi cabeza a la hora de escribirlo. Es cierto que “seguimos construyendo sarcófagos, encerrando voces porque no sabemos qué hacer con ellas. O peor: porque no queremos escucharlas.” Y ese era el mensaje del cuento, ni más ni menos. Y sé perfectamente que un cuento no va a cambiar nada, pero mi angustiado optimismo se niega a renunciar al camino hacia alguien capaz de reflexionar.
      También estoy de acuerdo contigo en que recordar, contar a las siguientes generaciones y filosofar con ellos y ellas, es una forma de resistir, por lo menos la única a mi alcance.
      Me costó bastante escribir este cuento porque lo viví de día y de noche, poniéndome en la piel de Anya y en la de su padre. Por un momento dudé hasta dónde llegar con el final. Pero decidí que a veces, es mejor gritar las cosas bien fuerte para ser escuchada, sin “suavizarlas”, sin paños fríos.
      Gracias a ti, muchas gracias por tu comentario. Un abrazo grandotote.

  2. Hola, Marlen.
    Qué placer poder disfrutar de la manera en que transformas la historia en cuentos para nuestros corazones-niños. Porque el relato es duro, durísimo, pero lleno de reflexiones para todas las edades.
    Además, es una historia muy actual. Por un lado, el apagón ocurrido hace unos días; por otro, la serie que estoy viendo en estos momentos y que ya disfruté, hace bastante, en su maravillosa versión original como novela gráfica, «El Eternauta».
    En estos casos, siempre me aparece la misma pregunta. ¿Y si esto se hiciera realidad? ¿Y si las distopías que tantas veces he leído dejaran de ser Ciencia Ficción?
    Viendo la serie, mi mujer me preguntó: «Si pasara algo parecido, ¿tú que preferirías, morir rápido o afrontar la supervivencia?». La verdad es que no tuve que pensarlo mucho, es una reflexión que siempre me queda cuando leo estas historias. Simplemente, le respondí: «todo depende de quién dependa de mí». Porque es difícil afrontar las cosas para uno mismo, pero dificilísimas si tienes que sufrir la supervivencia de tus seres queridos.
    La verdad es que encerrarse para sobrevivir es una decisión muy difícil. ¿Merece la pena aguardar, totalmente aislado, un tiempo indeterminado para afrontar lo que quede del mundo? Desde mi punto de vista, ¿solo? ¡No!
    Con el «burdo» anuncio del kit de supervivencia, con la negrura que se está expandiendo por el mundo, con los «accidentes» que llevamos sufriendo en estos últimos años… Algunos, al menos los que leemos, pensamos en el futuro inmediato con cierto pesimismo.
    ¡Ay, amiga! Has bordado el tema de este VadeReto. La oscuridad que padeció la protagonista es el mayor terror que nadie pueda sufrir. ¡Felicidades! Nos los pusiste de corbata. 😉
    Muchas gracias por asustarnos con esta reflexión, siempre pensando hacia delante.
    Abrazo Grande.

    1. Hola Jose
      En este cuento quise jugar con la “oscuridad” que nos proponías, con la oscuridad a la que se ve sometida Anya para protegerla de las secuelas del terrible accidente nuclear y la oscuridad a la que someten a los trabajadores de la planta, a los habitantes de la región y al mundo entero, los gobernantes de turno.
      El padre de Anya hizo lo que hizo para proteger a su hija, sabiendo, imaginando, que él sufriría consecuencias de la radiación, pero su hija no. En su afán de protegerla, no tuvo en cuenta que debía haberle informado más claramente de lo que podía pasar y no le dio la opción de decidir si ella quería sobrevivir o no. Por amor, por miedo.
      Los gobernantes de turno, desde los responsables de la Central hasta los gobernantes de más alto rango del país actuaron como actuaron para proteger su puesto, su nombre, su posición económica, política, sus intereses personales. No les dieron la posibilidad de prepararse para esa eventualidad antes de que ocurriera y tampoco les dieron la información necesaria después. Escondieron medidas de precaución o acción, datos a medida que iban surgiendo, consecuencias que estaban sufriendo quienes habían estado expuestos a la radiación… Por egoísmo personal, por miedo.
      ¿Quién dijo que el miedo es una de las causas de asesinato?
      Te iba a comentar el otro día que no te perdieras “El eternauta” que había llegado a las plataformas. Yo la leí hace muuuuchos años en unas revistas que me prestaba un amigo. Y aún no he empezado a verla en TV. Tu respuesta a la pregunta de tu mujer “¿Tú qué preferirías morir rápido o afrontar la supervivencia?… Todo depende de quién depende de mí” me dejó pensando. Y por una vez, no coincido con tu respuesta. Sobrevivir sola es muy difícil y no sólo por las condiciones externas. Pero me plantearía la posibilidad de un cambio en la soledad y creo que mi optimismo patológico ganaría la partida. Aunque te doy la razón en que el futuro inmediato nos lo está poniendo muy difícil. ¡Ya veremos!
      Como siempre, muchas gracias por tu comentario. A veces, espero más ciertos comentarios que el momento de darle luz verde al relato. Y gracias por plantearnos temas que hacen que la pantalla se quede chica con tantas reflexiones y sustos esporádicos. Un abrazo grande Amigo.

  3. Hola Marlen, la forma en que has narrado todo nos puede hacer pensar que la historia de la chica es real, ya vi por ahí que contestaste que no. Tu relato levanta en nosotros profundas reflexiones, como las preguntas del final. Me da pena la pobre chica, sobrevivió solo para morir sola y en completa oscuridad. Un relato que le va perfecto al reto de José Antonio. Te felicito pues resulta emotivo y aterrador al saber que parte de lo que pasó fue real y que muchísima gente fue afectada y murió poco después, y otros, al crecer les dio cáncer y también murieron. Hoy en teoría, las centrales nucleares son más «seguras» o eso nos dicen. Te felicito y te dejo un abrazo.

    1. Hola Ana
      ¡Qué bien que se lea como un hecho real! Porque así impacta más y se cumple el propósito de hacer reflexionar sobre la «oscuridad», el tema de este mes del VadeReto. Y no sólo la oscuridad en la que vivió sus últimos días Anya, también la oscuridad en la que nos mantuvieron en todo momento los gobernantes de turno, a nosotros que nunca llegaremos a enterarnos de la realidad y, sobre todo a los empleados de la Central Nuclear y a los habitantes de la región que sufrieron especialmente las consecuencias.
      Sí, estoy de acuerdo contigo en que resulta aterrador todo lo que pasó, y resulta angustioso saber que no estamos libres de que se repita, porque no aprendemos nada.
      ¿Somos conscientes que «Zaporiyia» es en este momento la mayor central nuclear de Europa, está situada en el sur de Ucrania, y ha estado bajo control ruso desde poco después del comienzo de la invasión que lanzó a gran escala sobre Ucrania en febrero de 2022? Lo de que son más seguras parece un chiste. La verdad es que yo no me lo creo.
      Enfín, esperemos que no tengamos sustos de ese tipo. Gracias por tu comentario. Un abrazo grande.

      1. Hola Marlen, tu relato me ha impactado, imagino la angustia de esa vida apagándose poco a poco, esperando al padre que nunca llega. Me ha erizado la piel. Ficción y realidad muy bien unidas.
        Un abrazo 🤗

        1. Hola Dakota
          La protección de los seres queridos es algo natural, pero a veces, esa protección puede convertirse en sobreprotección y dañar o incluso matar a la persona amada. ¿Qué hubiera pasado si su padre no le hubiera hecho prometer que no saldría del sarcófago…? ¿Cómo saber qué es lo mejor en una situación límite como esta? No estoy juzgando, simplemente reflexiono.
          Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo
          Marlen

  4. Hola, Marlen, vaya relatazo que te has marcado, uuffff, con esas preguntas finales, además, planteándonos la reflexión de aquello que no está bien y se ha hecho en nombre de… ¿la paz? Qué realidad más dura la de esa chica y la de muchos otros niños que viven situaciones parecidas, ya sea por guerras, pobrezas o desarraigo. Tu relato nos recuerda también las grandes desigualdades que hay, los dos mundos en los que está dividida la tierra, mientras en el mundo desarrollado miramos a otro lado o agravamos la situación creando otras desigualdades sociales. Buen relato, Marlen.
    Un abrazo. 🙂

    1. Hola Merche
      Muchas gracias por tu comentario. Me alegra que te haya gustado el relato de este mes para el VadeReto.
      ¡Qué interesante sería que nos sirviera para reflexionar!
      Un abrazo
      Marlen

  5. Hola el hallazgo del cadáver y la grabación convierte el relato en una reflexión sobre las verdades silenciadas. ¿Cuántos «sarcófagos de hormigón» seguimos construyendo en nombre de la seguridad y el miedo? Es un relato que golpea emocionalmente y deja una profunda reflexión sobre las decisiones tomadas en tiempos de crisis. Saludos desde Venezuela

    1. Hola Raquel
      Esa era mi intención, que reflexionáramos sobre los aciertos y errores cometidos en tiempos difíciles. Pero también y sobre todo, en los silencios y oscuridades que se suelen usar en las actividades políticas para no asumir los errores y seguir adelante con la ilusión de que todo se olvide con el tiempo y no se hable más del tema, logrando que nadie salga salpicado. Y de eso podemos reflexionar todos, refiriéndonos a cualquier país de este bendito universo.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo
      Marlen

  6. Genial, Marlen. Haces sentir al lector lo que padre e hija pasaron. Aunque sus nombres sean ficticios, estoy segura de que situaciones parecidas se vivieron por quienes eran residentes en las proximidades.
    Un abrazo.

    1. Hola Mercedes
      Sí, tienes razón, esa gente debió vivir situaciones horrorosas. ¡Pero qué pronto se olvida todo!
      Me parece importante que no olvidemos todo lo vivido, porque sino estamos condenados a repetir la historia.
      Gracias por tu comentario.
      Un abrazo.

  7. ¡Hola, Marlen!
    Esa es la consecuencia de querer salvar a nuestros seres queridos.— ¡Qué no les pase nada!—. Pero a veces, tanta protección los deja solos.
    Me ha gustado mucho como has ido llevando el relato. Como hemos acompañado a la protagonista en su supuesta salvación. Esa soledad. Miedo. Angustia…
    Y el desenlace… Genial.
    Un saludo

    1. Hola Mª José
      ¡Exacto! Ponemos tanto ahínco por salvar a nuestros seres queridos, que a veces logramos lo contrario.
      Me alegro que te haya gustado el relato. Me he metido tanto en la situación, que he sentido los miedos del padre y sus intentos por salvar a su hija, y al mismo tiempo, la angustia de la hija por obedecer al padre sin saber lo que ha pasado afuera. También he pensado mucho en toda la gente que vivió este terrible accidente y ¡da pavor!.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo
      Marlen

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