Enemigos en el Club de libros

En el barrio de Sant Just de la Lluna, ubicado en la periferia de Barcelona, la convivencia entre sus vecinos había sido ejemplar durante años. Tiendas de artesanías, panaderías de recetas tradicionales, frentes de casas decoradas con murales de colores, plazas con niños jugando, corriendo y terrazas llenas de risas y conversaciones, daban vida a sus calles empedradas.

El corazón de la comunidad era “La Biblioteca de los Sueños”, un centro cultural donde personas de todas las edades se reunían para talleres, charlas, cursos de yoga y reiki y especialmente, el famoso club de lectura. Era un lugar donde la comunidad solía encontrar inspiración y refugio.

En los últimos meses, sin embargo, el barrio había empezado a cambiar. Las tensiones sociales en el país se filtraban poco a poco, y una nueva elección en el club de lectura sacó a relucir estas fracturas: Carmen, la líder del club, eligió «Llámame por tu nombre» de André Aciman, una aclamada novela que exploraba una relación romántica entre dos hombres. El libro, aunque alabado por su profundidad emocional, generó controversia entre los asistentes.

El club de lectura estaba liderado por Carmen Muñoz, una profesora jubilada de literatura de 65 años, apasionada, de cabello canoso, grandes gafas y siempre vestida con bufandas de colores vivos. Carmen creía que la literatura podía cambiar el mundo, era una ferviente creyente en el poder de los libros para desafiar ideas preconcebidas y por ello no temía abordar textos desafiantes en sus reuniones. De moral progresista y defensora de los derechos de todos, sin distinciones, Carmen veía el club como un espacio para el debate respetuoso. Para ella, “Llámame por tu nombre” no era sólo una historia de amor, sino una obra que enseñaba empatía y la importancia de aceptarnos a nosotros mismos y a los demás.

Entre los asistentes al club estaba Luis Salgado, un hombre de 42 años, dueño de una tienda de ultramarinos. Luis era padre de cuatro hijos y, criado en una familia católica tradicional, había heredado una visión conservadora del mundo. Aunque solía asistir al club para “mantener la mente abierta”, la elección del libro generó en él una creciente incomodidad.

Para él, la elección del libro era «inapropiada» para un club abierto a todas las edades y culturas. Aunque Luis nunca había tenido problemas con los vecinos homosexuales, decía sentirse incómodo con “la promoción de estas ideas” en un espacio comunitario.

También asistía Sara Jiménez, una joven de 28 años, activista y estudiante de sociología, que veía en Carmen una mentora y en el libro una oportunidad de visibilizar experiencias diferentes. Sara era apasionada en sus opiniones, directa y sin pelos en la lengua, no temía enfrentarse a quienes consideraba «retrógrados» y consideraba que Luis representaba “la vieja intolerancia que había que dejar atrás”. Su estilo provocador, con tatuajes visibles y camisetas con mensajes feministas, chocaba con la postura más reservada de Luis, lo que comenzó a generar tensiones en las reuniones.

La reunión donde se discutió el libro fue un volcán a punto de estallar. Carmen inició con su habitual calma:

.- Se trata de una novela iniciática sobre el deseo, la sensualidad, el erotismo, el amor y, especialmente , la búsqueda de la identidad sexual de un joven en medio de unos parajes paradisíacos tanto rurales como urbanos. La acción narrativa se sitúa en el norte de Italia en los años ochenta en un verano que marcará de por vida a la pareja protagonista. Conversaciones apasionantes sobre música, filosofía , cultura grecolatina… Con una prosa bellísima, un vocabulario impecable, una filosofía de vida, dolor, tiempo y amor. Toca un tema muy delicado de una manera muy particular, te lleva a hacer un análisis profundo de ¿qué es el amor? Este libro es un relato profundamente humano sobre amor, identidad y el peso de las decisiones. Espero que todos podamos debatir con respeto.

Luis, sin embargo, no tardó en expresar su disconformidad:

.- No discuto que el libro tenga calidad literaria, pero siento que está fuera de lugar. ¿Por qué deberíamos leer algo que normaliza una relación que para muchos de nosotros va en contra de nuestras creencias? Creo que estas ideas extremas están dividiendo a las familias y atacando nuestras tradiciones.

Sara respondió con vehemencia:

.- Luis, con todo respeto, es precisamente esa actitud de “defender tradiciones” la que perpetúa la discriminación. Este libro no es “extremo”; lo que es extremo es el machismo que sigue presente.

Eso es exactamente lo que este libro intenta mostrar: que el amor no tiene límites ni debería tenerlos. Quizás, si lo leyeras con el corazón abierto, entenderías lo que significa ser juzgado por amar a alguien.

Pablo, un chico joven que hacía poco se había mudado a las casas nuevas, intervino.

.- Una de las cosas que más me han gustado de «Llámame por tu nombre» es la ausencia de clichés sobre la homosexualidad. De hecho, que la trama vaya sobre el amor entre dos hombres es lo de menos, página tras página te enamoras con una historia donde los sentimientos y la pasión es lo único que importa, quedando las etiquetas a un lado. Este libro me ha marcado y es de los que te hacen reflexionar sobre la historia.

Julieta, una de las asistentes de más edad, que no se perdía una reunión, acotó:

.- «Llámame por tu nombre» es una novela que te llega muy hondo y consigue que te identifiques o al menos desees formar parte de la historia. El primer amor, el descubrimiento de nuestra propia sexualidad, las dudas que nos rodean (independientemente de la edad), son elementos que todos hemos experimentado y que humanizan la que es para mí la mejor historia de amor en muchísimos años. Es uno de esos libros, «el libro», que te gusta releer cada año y que te acompañará siempre a lo largo de tu vida.

Por su parte Claudio y Cristina, que solían traer a sus hijos a las actividades, comentaron:

.- El libro como tal está muy bien. A nuestra hija de 14 años le ha encantado. Había visto la película y quería leer el libro.

.- Por otro lado, es muy destacable la tolerancia y comprensión del padre, un regalo para la inteligencia y los sentidos.

Las discusiones en el club se intensificaron en las semanas siguientes. Los argumentos no sólo giraban en torno al libro, sino que tocaban temas más profundos, como el matrimonio igualitario y los derechos de los homosexuales. Los miembros del club comenzaron a tomar bandos, lo que antes era un espacio de diálogo ahora estaba dividido por una línea ideológica.

En las escuelas del barrio, los padres se dividieron en grupos, discutiendo sobre si era apropiado o no incluir temas de igualdad de género en el temario de los niños.

El barrio se transformaba. La tensión del club de lectura no tardó en reflejarse en las calles. En la tienda de Luis, algunos vecinos dejaron de comprar, mientras que otros, de ideas conservadoras, acudían más frecuentemente para mostrar su apoyo. En respuesta, Sara organizó talleres de educación sobre diversidad en la biblioteca, lo que provocó que ciertos padres retiraran a sus hijos de las actividades infantiles del centro.

Las tiendas, que antes rebosaban de vida, empezaron a reflejar la división: una cafetería se convirtió en el punto de reunión de los “progresistas”, mientras que una taberna cercana se llenó de carteles defendiendo “los valores tradicionales”. Las actividades comunitarias, como la fiesta anual del barrio, se suspendieron debido a la incapacidad de los organizadores para llegar a acuerdos.

La tensión alcanzó su punto álgido cuando una grabación de una reunión del club de lectura, publicada por un asistente anónimo, empezó a correr por las redes sociales. En el vídeo, se veía a Sara enfrentándose acaloradamente a Luis, diciéndole:

—¡Es gente como tú la que mantiene al país atrapado en el pasado!

Luis respondía:

.- No es intolerancia. Simplemente hay cosas que no son naturales, y eso lo sabemos todos.

Sara fue contundente:

.- Lo que no es natural es imponer tus prejuicios sobre la vida de los demás. ¿Quién te dio el derecho de decidir cómo deben amar las personas?

El vídeo fue compartido y analizado en programas de televisión, donde periodistas y comentaristas polarizaron aún más el tema. El barrio, antes un ejemplo de convivencia, ahora era retratado como un microcosmos de la creciente división social del país.

El vídeo de Sara y Luis se hizo viral, y en cuestión de días, la controversia llegó a programas de televisión y paneles de debate. Algunos defendían a Luis como alguien que estaba siendo atacado por expresar sus creencias, mientras otros señalaban que sus palabras perpetuaban la discriminación. Unos reporteros de televisión entrevistaron a Carmen y Luis, al salir de la biblioteca. Carmen defendió la importancia del diálogo:

.- El problema no es el libro, sino la incapacidad de escucharnos. La literatura debe unirnos, no separarnos.

Luis, visiblemente cansado de los ataques en redes sociales, respondió:

.- Yo nunca quise que esto llegara tan lejos. Sólo quería expresar mi preocupación. Pero parece que, hoy en día, cuestionar algo significa ser demonizado.

En medio de la polémica, un grupo de vecinos decidió entrar en acción. Liderados por María López, una abogada del barrio conocida por su mediación en conflictos vecinales, propusieron formar un nuevo movimiento político local llamado «Puentes y Diversidad». Su objetivo era crear espacios de diálogo donde se pudieran abordar temas difíciles sin caer en el odio ni la polarización.

El partido abogaba por programas de educación inclusiva, campañas contra la discriminación y foros abiertos para realizar debates dedicados a la educación en valores de respeto y tolerancia. En las elecciones municipales del año siguiente, obtuvieron un escaño en el Ayuntamiento, y uno de sus primeros proyectos fue financiar actividades comunitarias en el barrio para restaurar la convivencia.

Carmen, Luis y Sara, a pesar de sus diferencias o tal vez debido a ellas, fueron invitados a participar en los talleres. Aunque no todos los conflictos se resolvieron de inmediato, el barrio comenzó a reconstruirse poco a poco, con un renovado énfasis en el respeto y la tolerancia.


Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “Enemigos en el Club de libros

  1. ¡Genial, Marlen!
    Otro magnífico cuento que llega desde el niño del corazón hasta el adulto de la cabeza.
    Esta historia debería ser un referente para estos tiempos que corren, porque lo de mente abierta solo funciona si escuchas lo que quieres. También es verdad que las ideas se comunican entre gritos, exasperación, desprecio y hasta cansancio. Por mi experiencia, es difícil establecer un diálogo cuando no se quiere y, hoy en día, se prefiere escuchar a un **** en una pantalla que al que tienes en frente, cara a cara.
    Este relato podría incluirse dentro de nuestro VadeReto, porque contagia optimismo y esperanza, aunque algunos tengamos tan gastados estos términos que ya no sepamos ni como se llaman.
    Gracias, como siempre, por ser nuestro rayito de sol en medio de tanta tormenta y nubes grises.
    Abrazo Grande.

  2. Hola Jose
    Sí, ya te dije que este mes mis neuronas se habían revolucionado y que rebosan optimismo y buenas energías. Tal vez sea por llevar la contraria a los agoreros de siempre. Pero en realidad, mi intención con el cuento de la biblioteca no era seguir propagando el optimismo. Lo había escrito ya hace un tiempito tratando de que tomemos conciencia de cómo las diferentes posturas ideológicas o políticas pueden arruinar una amistad o una relación. Y cómo el sentido común, el diálogo y el respeto mutuo nos pueden ayudar a reconstruir las relaciones.
    Mi reflexión también me llevaba a pensar que, en general, no son quienes están en los extremos quienes aportan las mejores soluciones, sino quienes han aprendido a razonar y buscar puntos en común. Tienes razón en lo que dices que «es difícil establecer un diálogo cuando no se quiere», cuando lo único que se lee y se escucha es lo que coincide con nuestro pensamiento, cuando evadimos confrontar ideas, cuando la respuesta a lo que nos contradice es el grito, el insulto, el desprecio o directamente la violencia.
    Muchísimas gracias por tus palabras y por intentar hacerme creer que el cuento hizo aparecer un rayito de sol para alguien. Aunque si fue anoche, en medio de los rayos y truenos, nubes negras y la tormenta arrasadora (y me refiero sólo a la parte meteorológica de la noche) fue un milagro 😂🤣😂. Un abrazo fuerte, pero con aire fresquito.

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