Quiero volar una vez más

Me llamo Francisco Zubillaga, tengo 77 años recién cumplidos y soy tornero mecánico de toda la vida. En mi taller he esculpido acero, bronce, incluso titanio, con la misma paciencia con la que otros tallan madera. La precisión era mi mundo. Cientos de piezas minúsculas que encajaban como un poema de engranajes. Así entendía la vida: si encajas bien las piezas, todo funciona.

Pero la vejez es otra cosa, es algo muy diferente.
Las piezas no encajan tan fácil. Las manos te tiemblan un poco. Los amigos se van apagando como bombillas cansadas. Y uno se queda ahí, en el torno de los recuerdos, dando vueltas, dando vueltas.

Fue mi nieto Patxi el que me habló, medio en broma, medio en serio de los “viajes astrales”. Un día que me vio cabizbajo y triste me dijo:
.- Abuelo, ¿por qué no pruebas eso? Te sirve para volar, aunque no puedas subirte a la bici.

Me reí. Pero algo me picó. A esa edad, ¿qué te puede pasar? ¡Que fracases soñando!

Una noche lo intenté. Busqué un video en YouTube: “Cómo lograr un viaje astral en 7 pasos”. Ridículo, pensé. Pero seguí las instrucciones. Me acosté, relajé los músculos, escuché los zumbidos en los oídos… y no sé cómo, me vi flotando.

Primero dudé. Era como si las manos se hubieran vuelto humo. Y entonces vi mi cuerpo abajo, como si fuera un muñeco de trapo con 40 años menos, acostado en la cama.

Lo primero que sentí no fue miedo. Fue liviandad. Como si la mochila de la vida se hubiera soltado.

Floté por el taller, por los estantes de herramientas más altos, por la foto amarillenta de mi esposa Maialen, que partió hace cinco años.

Cada noche, después de ese primer viaje, volví a intentarlo. Y cada vez volaba un poco más alto, un poco más lejos. Atravesé el techo, sobrevolé la ciudad. Vi las calles desiertas como venas dormidas de un inmenso ser vivo. Vi a la luna como una moneda de plata, vieja y sabia.

Hace unas semanas, cuando estaba volando cerca del campanario de la iglesia parroquial, un grupo de lechuzas, esas que tienen un aspecto muy característico, con su plumaje blanco y su pinta de payasos con ese disco facial en forma de corazón, se asustaron y empezaron a seguirme.
Imaginen ustedes a un tornero huyendo de unas curiosas lechuzas astrales. Les juro que tuve que hacer piruetas que en mi juventud no me hubiera atrevido a intentar. Cuando regresé al cuerpo, me dolía la tripa de tanto reírme.

Con el tiempo, esos vuelos se volvieron ritual. No eran sólo un escape del aburrimiento. Eran como una escuela. Cada noche aprendía que la vida no es sólo materia, que hay que aprender a soltar objetos, personas, rutinas, ideas, para volar más liviano. Que estamos demasiado aferrados y cuando uno se aferra a los tornillos y tuercas de la existencia, se oxida el alma.

Patxi me preguntó un día:
.- ¿Abuelo, no tienes miedo de no volver?

Y le contesté:
.- El miedo es como el óxido, Patxi. Si lo dejas mucho tiempo, te corroe. Y yo ya entendí hace tiempo que todo en esta vida es un préstamo. El cuerpo, el taller, la propia historia. Así que, si un día no vuelvo, será porque toqué el otro lado del cielo.

El otro día que estaba en el jardín de la Casa del Jubilado, charlando con los amigos, me animé a contar todo esto.
Algunos se rieron. Otros se quedaron pensativos. Una amiga, Severa, que tiene 81 años, me dijo:
.-Francisco, tú eres como Ícaro, pero inteligente. Tú no quieres tocar el sol, tú lo que quieres es volar para entender que no somos sólo plomo.

Le respondí:
.- Tal vez sí, tal vez tienes razón Severa. Quizás todos somos un poco Ícaro, pero ahora sé que lo importante no es cuánto puedes subir, sino saber cuándo disfrutar el vuelo y cuándo regresar a la tierra.

Esta noche volveré a intentarlo, me gustaría volar más lejos. No sé cuántos vuelos me quedan, pero eso ya no importa. Como en el torno, que cada vuelta cuenta, en el cielo, cada vuelo enseña. ¡Y tengo tanto por aprender!


En el blog “VadeReto” de Jose Ant. Sánchez, existe este reto literario que me encanta. Es una invitación a escribir, sólo un tema
cada mes, que puedes desarrollar como más te guste.
En el VadeReto de este mes, os voy a sugerir una palabra y una foto:
OPTIMISMO
La foto es una preciosa y atractiva imagen de la simbología de una Paloma Blanca.

La palabra Optimismo debería infundirnos mejores ánimos e, incluso,
sacarnos una animosa sonrisa.
Así que, vuestro relato tendrá que inspirarse en la fotografía y dejarnos

con un buen sabor de boca y un halo de esperanza.
Por lo demás, queda a vuestra total libertad lo que nos narréis en vuestro cuento.
¡No os los perdáis! Podéis leer el resto de aportes aquí:

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

13 comentarios sobre “Quiero volar una vez más

  1. Otro delicioso cuento para el Joselito de poca estatura y oronda imaginación. Ese que nunca quiso crecer y se vio encerrado en un cuerpo vintage. 😝😂

    El otro día me preguntaron si alguna vez había soñado que volaba. Yo, evidentemente, en gaditano, le respondí, «no hay alas suficientemente grandes pa sostener este cuerpo, niña». Pero mira por dónde, la amiga Marlen, me da la forma de hacerlo sin gastar ni un duro, ni desplumar a toas las palomas que hay en Cai.
    Perooooooooooooo…
    Se te ha olvidado algo muuuuuuuuuy importante, amiga. ¡¡¡¡El enlace a ese vídeo!!!
    Aunque, si lo pienso bien, ¿quién me va a hacer volver de nuevo a mi cuerpo material, gastado, escacharrao y canoso? Ni con una escopeta de perdigones. 🙄😂

    Esta frase es una preciosidad: «Si un día no vuelvo, será porque toqué el otro lado del cielo». Porque yo la interpreto como que llegó más allá de él. Allí donde ni siquiera los ángeles se atreven a molestar. Donde la quietud y la paz es tan grande, que… Eso, que como lo consiga, le paso a otro el relevo del VadeReto. ¡Avisaos quedáis! 😂😂😂

    Muchas gracias por un cuento tan delicioso y tan reflexivo. Porque dentro de la fantasía hay también muchísimas cosas para pensar. Volar sin levantarse del suelo también es posible, quitándose tantos pesos como nos dejamos meter en la mochila.
    Abrazo Grande desde más allá de las nubes.

  2. Hola Joselito
    ¡Qué bien, tú por aquí! ¡Uy, perdona, se me había olvidado de poner el enlace al vídeo «Cómo lograr un viaje astral en 7 pasos». Lo había subido Donald a Youtube. ¡Ah no perdona! Que él había subido el de «Cómo lograr destruir un planeta en 5 meses». Y está teniendo bastante éxito.
    Cuando era pequeña, yo soñaba muchas veces que volaba, me encantaba acercarme a torres y campanarios y ver el mundo desde una cierta altura. Ahora sigo volando mucho. Y aunque las alas se me han estropeado de tanto usarlas, aún tengo frascos de «Irudimena» que me he auto-recetado. Casi nunca fallan.
    La frase que has elegido, a mí también me encanta. Y me encanta tu interpretación. Como lo consigas, tómate un tiempo de reflexión antes de aceptar. Un tiempo largo, por favor. Eso sí, estoy segura de que, en ese caso, el VadeReto perdurará por siempre. Tú siempre estarás en él.
    A mí me gusta «tu» frase final: «Volar sin levantarse del suelo también es posible, quitándose tantos pesos como nos dejamos meter en la mochila.» Totalmente de acuerdo. Descarguemos nuestra mochila cada noche antes de acostarnos. Y sigamos consumiendo el medicamento estipulado «Irudimena». Según parece, no tiene contraindicaciones por edad, género, condición social, lugar de nacimiento o de residencia. Para niños, para mayores, ¡Tenerlo siempre a mano!
    Un abrazo grande Joselito, ¡cuídate mucho!

  3. Hola Marlen, un gran relato, digno del VadeReto. Cumple con las especificaciones y más allá de eso, nos dan ganas de volar, aunque sea en sueños (yo nunca he soñado eso, creo, pero debe ser increíble). Lo de los viajes astrales atrae mucho. El relato viene cargado de sabiduría, que viene muy bien en estos tiempos en los que la locura parece que anda suelta a los más altos niveles. Gracias por el buen rato y por la agradable sensación que deja tu relato. Abrazo fuerte…

    1. Hola Ana
      Yo le contaba a Jose que, cuando era pequeña, soñaba muchas veces que volaba, me encantaba acercarme a torres y campanarios y ver el mundo desde una cierta altura. ¡Es fascinante! Y no fue por la película de Peter Pan, esa la vi mucho más tarde. Ahora sigo volando mucho. Pero como las alas se me han estropeado de tanto usarlas, uso mi loca imaginación para volar y el ordenador para contar lo soñado. ¡Y tampoco está mal!
      Lo de los viajes astrales, aún no lo he conseguido, aunque lo he intentado. ¡Habrá que seguir intentándolo! En estos tiempos inmorales, menos mal que podemos refugiarnos en nuestra maravillosa imaginación.
      Me alegro que te lo hayas pasado bien. Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte para ti también.

  4. Disfrutar el vuelo… Un relato precioso, Marlen. Tocas el tema de la vejez de un modo delicado y esperanzador, huyendo del cliché, y la historia deja una sensación muy agradable. Está llena de reflexiones y de dulzura. Me ha encantado.

    1. Hola Marta
      Sí, claro, disfrutar cada instante de esta maravillosa vida que nos ha tocado vivir, incluso y sobre todo, de los vuelos, de los reales, de los soñados, de los imaginados… ¡Pero volemos! Si somos pequeños o si ya los golpes caen sobre los moretones, volemos, que el placer de sobrevolar el mar, el bosque, las montañas y hasta los pueblos y ciudades, es algo que nadie nos puede quitar. Yo, que estoy ya como Francisco, sintiendo que las piezas ya no encajan tan fácil, que las manos te tiemblan un poco, que los amigos se van apagando como bombillas cansadas, me niego a quedarme todo el tiempo en el torno de los recuerdos, dando vueltas. Por eso vuelo, en sueños o en el teclado, pero vuelo. Todos podemos hacerlo.
      Me alegro mucho que te haya gustado. Gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte.

  5. Hola Marlen, esa es la actitud, o al menos así lo creo. No debemos renunciar a un permanente aprendizaje. El día que perdamos ese interés, la vida carecerá de sentido. Me encanta esa idea que deslizas: todo en la vida es un ‘préstamo’. Visto así nos deberíamos aferrar menos y resultaría más fácil la idea de que todo, absolutamente todo, se quedará aquí… Un abrazo!

    1. Hola lady_d
      ¡Exacto, renunciar a interesarnos por lo que la vida nos ofrece, renunciar al aprendizaje es el primer paso para tirar definitivamente la toalla! Y ¡es una pena! porque tenemos tantas cosas a nuestra disposición que siempre podremos encontrar algo que nos interese particularmente y nos genere ilusión, el motor de todo.
      La noción de que todo en esta vida es un préstamo, deberíamos enseñarla a nuestros niños desde pequeños. Pero es difícil, difícil para aceptarla y más para enseñarla a quienes queremos. Nos aferramos estúpidamente y en el momento final vienen los arrepentimientos. ¡Con lo fácil que es!
      Gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte.
      Marlen

  6. Hola, Marlen, otro cuento para el VadeReto, jeje, te ha gustado el tema… Este me ha gustado, muy diferente al otro, aunque el otro me ha gustado más, será por lo de los libros, es inevitable. Este también representa la esperanza, el optimismo, el no dejar de crecer interiormente aunque crezcamos exteriormente. Una gran enseñanza también la que transmite.
    Un abrazo. 🙂

    1. Sí Merche, me encanta escribir sobre el optimismo. Sobre todo en este momento que estamos viviendo, en donde parece que todo el mundo está enfadado y violento. Creo que lo necesitamos. Así que este mes, fue por partida doble. Es cierto, son dos cuentos muy diferentes y en este, se agrega el tema de volar que es otro de mis temas favoritos. Creo que tendría que haber aprendido a pilotar un avión, me lo hubiera pasado sobre los bosques y el mar planeando. Aunque, desde luego, suelo hacerlo seguido… y ¡no sólo en sueños! 🤣😂🤣
      Un abrazo fuerte.

  7. ¡Hola, Marlen! Tu relato me ha recordado un libro que tenía mi padre en la estantería. Lo cogía a escondidas porque a mi madre no le gustaba que lo leyera. Hablaba de los viajes astrales. Empezaba enseñándote a «alargar» el brazo. Utilizar el «brazo astral». ¡La de tardes que me pegué en el intento! No lo conseguí: ni brazo astral ni viajes astrales. Lo astral no es para mí. Yo entonces era una adolescente y hubiera dado cualquier cosa por conseguirlo, jajajaaj.
    Me ha gustado la actitud de ese nieto, querer darle a su abuelo una razón para seguir disfrutando de la vida. ¡Qué bonito! Ojalá haya muchos nietos así.
    Un placer leerte.

    1. Hola Mª José
      ¡Los viajes astrales! No eres la única que ha soñado o sueña con volar de esa manera tan original. ¿Por qué te crees que aparece en el cuento? 😂😂🤣
      Y sí, me encanta resaltar lo fantástico que es relacionar a las diferentes generaciones de una familia (aunque no sean familia, también ¡por supuesto!). Compartir, hablar, contar cosas vividas, saber qué es lo que le gusta al otro, divertirse… ¡Amar! Yo creo que hay muchos nietos así, pero hay que hacer labor desde chicos. ¡Eso también se aprende en la familia!
      Me alegro mucho que te haya gustado, que lo hayas disfrutado. Muchas gracias por tu comentario. Besarkada haundi bat.
      Marlen

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