Nos hemos acostumbrado a quejarnos de los medios de comunicación y de los periodistas que se suben al carro de la difusión del odio y de las noticias sensacionalistas, sin recordar a aquellos que pasan su vida cerca de eventos que tienen el poder de moldear la vida de otras personas. Al dar testimonio, los reporteros suelen hablar con las personas en momentos de gran tragedia o triunfo. Pero los periodistas también son personas, con vidas ordinarias, incluso extraordinarias, fuera del trabajo, y a veces se enfrentan al reto de escribir sobre sus propias experiencias transformadoras.
La Editora Jefe del periódico “The Guardian” Katharine Viner, comentaba sobre sus compañeros: “Un ejemplo reciente, sumamente impactante fue el artículo de esta semana de Archie Bland, editor del boletín diario “First Edition”. Su hijo Max, de dos meses, dejó de respirar repentinamente en plena noche. Contra todo pronóstico, Max sobrevivió. Archie escribió no sólo sobre esa terrible noche y los meses siguientes, sino también sobre cómo lo sucedido le cambió como padre y como persona. Su artículo, preciso y bellamente escrito, abordaba la precariedad de la vida, así como las luchas y alegrías, a menudo invisibles, de criar a un hijo con discapacidad. Llevo 10 años como Editora Jefe y a menudo me sorprenden algunas de las experiencias que han vivido mis inspiradores colegas y sus familias. El año pasado, la reportera Aamna Mohdin publicó un libro íntimo sobre su vida como joven refugiada después de que su familia se viera obligada a huir de la violencia en Somalia en la década de 1990. En este extracto, Aamna relataba la historia de su viaje al Reino Unido y su regreso al campo de refugiados en Kenia que marcó su infancia. Unas décadas más tarde, muchos miembros de la familia de Nesrine Malik se encontraron en una situación similar en Jartum, mientras la capital de Sudán era destrozada por el conflicto. En esta formidable obra de 2023, Nesrine narró la caída de su antigua ciudad natal, así como la huida de su familia. Los periodistas que comparten sus propias historias también pueden ayudar a dirigir la atención hacia un panorama más amplio. El relato de la editora principal, Merope Mills, sobre la muerte de su hija Martha no sólo fue un texto impactante, sino que también fue uno de los primeros pasos de la campaña de Merope y su esposo Paul, tras graves fallos en el tratamiento de Martha, para permitir que los pacientes de los hospitales ingleses solicitaran una revisión urgente de su estado si les preocupaba un deterioro. Desde que se adoptó la conocida como “la regla de Martha” en muchas áreas del NHS, el National Health Service (el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido) en 2024, ya ha tenido un efecto transformador en la vida de los pacientes. Por último, el propio acto de informar también puede tener un gran impacto en la vida de nuestros periodistas. No es de extrañar que los últimos 18 meses cubriendo Israel y Palestina hayan sido extremadamente difíciles. Bethan McKernan, nuestra corresponsal saliente en Jerusalén, escribió con honestidad y tristeza sobre sus experiencias, desde la desesperanza de intentar consolar a quienes se encontraban atrapados en Gaza hasta una renovada comprensión de lo que la cobertura sobre el conflicto puede, o no, lograr.”

Está demostrado que no es cierta la creencia arraigada de que corresponsales de guerra empleados por los medios, enviados especiales, freelancers que ofrecen las informaciones a diferentes medios y las agencias de noticias, son las principales fuentes de noticias internacionales. Un 65,64 % de la cobertura de la guerra en Ucrania no se generó desde primera línea sino desde redacciones de los diarios, muy alejadas de los peligros inmediatos de la guerra.
En estos tiempos de titulares que desgarran y clics que sangran, de voces que compiten por quién señala más fuerte y condena más rápido, quiero detenerme un instante. Respirar profundamente. Y decir que yo creo en el periodismo. No en ese que cabalga sobre el odio porque vende, ni en el que reduce la complejidad a slogans, ni en el que ve cifras donde hay vidas.
Creo en el otro. En el que se ensucia los botines en campos de refugiados, en hospitales colapsados, en calles donde la injusticia se respira como el polvo. En el que se conmueve sin dejar de narrar, en el que le tiembla la voz al contar, pero sigue adelante, con ética, con respeto, con verdad.
Necesitamos periodistas que no se cieguen con banderas, que no necesiten héroes ni monstruos para escribir una crónica. Que abracen la duda como herramienta, y el silencio como antesala de una buena pregunta. Que busquen el matiz, la historia pequeña, el rostro detrás del escombro.
El periodismo no puede ser el eco del poder ni el amplificador de la rabia. Debe ser la conciencia que incomoda, el espejo que no distorsiona, el puente entre realidades ajenas y corazones dormidos. Un periodismo que no nos diga qué pensar, sino que nos empuje a pensar mejor. Que no olvide que contar es también un acto de humanidad.
Son los que llegan con su libreta o su cámara, con los ojos abiertos y el alma en vilo, a lugares donde el mundo se rompe. Y vuelven a contarnos, sin sensacionalismo, sin espectáculo, sólo con el pedido de que no miremos hacia otro lado. Esos periodistas existen. Y resisten.

Por ellos, por lo que representan, por lo que nos recuerdan, hoy me acerco a vosotros para reivindicar su labor. Pero ¿hay interés del público? ¿hay medios que publiquen o difundan aún esos reportajes? Siempre he creído que eso tiene mucho que ver con la mentalidad de la sociedad española, que está mucho más interesada en lo que dice Belén Esteban que en cualquier masacre o desgracia que ocurre más allá de las fronteras. Por supuesto, también es responsabilidad de los que eligen los temas, porque muchos de los que manejan un medio de comunicación han logrado que en España impere el entretenimiento antes que la información, por comodidad, desidia, falta de interés, además del afán por vender cantidad de ejemplares o audiencia en un programa, que no calidad.
Así que recordemos que mientras haya alguien que escuche lo que se cuenta con verdad, no todo está perdido.
La foto inicial de esta entrada pertenece al fotógrafo palestino de AFP, Mahmud Hams, residente en Gaza, que toma imágenes de edificios destruidos por los bombardeos israelíes en el campo de refugiados de Bureij, en el centro de la Franja de Gaza, el 2 de noviembre de 2023, mientras continúan los combates entre Israel y el movimiento palestino Hamás. (Foto de AFP). Los periodistas palestinos que cubren Gaza han sido galardonados con el Premio Mundial a la Libertad de Prensa UNESCO/Guillermo Cano 2024.
Una entrada muy necesaria en estos tiempos Marlen. Sin duda hay periodistas con verdadera vocación, pero abundan también los que están «lubricados» con un montón de $ para que tuerzan la verdad. O también, que estén amenazadas sus familias si ellos no transmiten ciertas cosas. Creo que es algo complejo y no es blanco o negro, sino que viene con matices. Sin embargo, toda mi admiración para aquellos que son leales a la verdad y no se dejan comprar aun a riesgo de su propia vida. Y nosotros, como lectores, estamos obligados a leer, hoy más que nunca, de todas las fuentes posibles, si uno lee la tesis, también debe leer la antítesis, debemos ser dialécticos porque hoy por hoy, los algoritmos están diseñados para mostrarnos solo lo que queremos ver o peor… lo que otros quieren que veamos. Abrazo fuerte, un gran trabajo tu entrada, Marlen.
Hola Ana
En estos tiempos en que nos inundan con noticias de violencia y odio (por lo menos, por aquí), en los que se mete en la misma bolsa a todo el mundo, en los que tertulianos que se creen dioses porque les pagan por estar frente a cámara, dicen barbaridades, defienden o defenestran de acuerdo a la coima que reciben, o que defienden ideas extremas alejadas de todo sentido común (y no me refiero a quienes tienen una idea contraria a mi postura, que eso lo respeto, por supuesto). En estos tiempos, necesitaba que recordáramos a los otros periodistas, a los que salen a hacer su trabajo informando con la verdad. Pueden estar equivocados, pero tienen su visión y nos la muestran para que podamos contrastarla, reflexionar, informarnos más.
Sé que en algunos lugares, ser periodista es profesión de riesgo, sé que algunos están amenazados (ellos o su familia) y sé que si estuviera en su piel, me costaría mucho callarme para proteger la vida de mis seres queridos. Pero esos son casos que, por el momento, no suelen darse por aquí.
Tienes razón, nada es blanco o negro, pero a veces, saber por dónde vienen los €€ (que no las balas) me saca de quicio porque sé que están convenciendo a gente que no tiene la posibilidad, el tiempo o la conciencia de contrastar lo que oyen o leen. Y no los juzgo, ¡cómo ponerme en sus zapatos! Pero me duele la facilidad con la que luego les oyes repetir mentiras convencidos.
Tienes mucha razón «nosotros, como lectores, estamos obligados a leer, hoy mas que nunca, de todas las fuentes posibles… los algoritmos están diseñados para mostrarnos sólo lo que queremos ver o peor, lo que otros quieren que veamos.» Pero pienso en gente mayor o muy joven, en el o la que se mata en turnos eternos para llegar a casa y ver lo que sea en la tele mientras cena, en tantos y tantos que conforman esas mayorías de fácil manipulación y en esos medios de comunicación que, sabiendo lo que pasa, se prestan al juego. Por eso quiero enorgullecerme de los verdaderos periodistas, de los que pasan su vida cerca de eventos y tragedias que tienen el poder de moldear la vida de otras personas. Y lo hacen, por vocación, por honestidad, por ser seres humanos conscientes.
Gracias por tus comentarios. Los valoro mucho.
Un abrazo fuerte para ti también.