Diario íntimo de Edurne

12 de febrero
Hoy pasó algo tonto. O enorme. No lo sé.
En Lengua, la profe dijo una frase rarísima sobre el amor romántico y yo, sin pensar, solté:
.- Pues menos mal, porque si no, ninguno hubiéramos aprobado, por enamorarnos mal.
Se rieron algunos.
Y entonces Zigor me miró.
No como miran normalmente. Me miró de verdad. Y sonrió.
No sé por qué me tiemblan las manos mientras escribo esto.
Es sólo una sonrisa.
Pero llevo todo el día pensando: ¿Y si fue algo más?

15 de febrero
Ahora me saluda.
Antes no. O yo no lo notaba.
.- Hola, Edurne.
Así. Normal. Como si fuera normal, muy normal.
Se lo conté a Lucía y a Marta.
Lucía gritó. Marta dijo: .- No te emociones tanto.
Pero ¿cómo no hacerlo?
En casa nadie se dio cuenta de nada.
Papá llega tarde, siempre ocupado, siempre hablando de su empresa. Mamá está siempre cansada.
Mi hermano sólo habla de videojuegos.
Y yo aquí, escribiendo como una idiota porque el chico más guapo del instituto sabe mi nombre.
¿Y si esto es el principio de algo?

19 de febrero
Hoy hice el ridículo. Pero un ridículo bonito. Creo.
En el pasillo me choqué con Zigor porque yo iba mirando el móvil, fingiendo que escribía algo importantísimo, cuando en realidad estaba escribiendo su nombre en los apuntes.
Sí. Su nombre. Varias veces. Muchas, muchísimas veces, con florcitas, corazoncitos…
Se me cayó todo: el móvil, los apuntes, mi dignidad.
.- Perdón, perdón, perdón —dije como si tuviera un ataque de hipo.
Él se agachó a ayudarme y dijo:
.- Tranquila, parece una escena de Torrente.
Y yo, en lugar de reírme normal, solté:
.- De las que ponen los sábados después de comer.
Se rió. Mucho.
Yo también. Demasiado.
Lucía dice que esas cosas no pasan por casualidad.
Marta dice que soy un desastre andante.
Yo sólo sé que llegué a clase sonriendo como una tonta.

25 de febrero
Hoy en Educación Física nos tocó baloncesto.
Error.
Nunca he sido buena. Nunca jamás.
Cada vez que lanzo, la pelota parece tomar decisiones propias.
Zigor estaba en mi equipo.
.- ¡Pásamela! —me gritó.
Yo se la pasé… directamente a la cabeza del profesor.
Silencio absoluto.
El profe me miró.
Zigor se llevó la mano a la boca intentando no reírse.
.- Buen tiro, Edurne —dijo él—. Muy… estratégico.
Desde entonces, cada vez que me ve con un balón dice:
.- ¡Cuidado, arma peligrosa!
Y yo pienso: ¿y si le gusto justo por ser así de torpe?

9 de marzo
Hoy caminamos juntos hasta la parada del bus.
Nada más. Caminar.
Me contó que cumple 17 en abril.
Que odia las matemáticas.
Que le gusta cuando la gente no se toma todo tan en serio.
.- Como tú —dijo.
No sé si exagero todo.
No sé si soy ridícula.
Pero me fui a casa flotando.

28 de marzo
Me invitó a su cumpleaños.
¡¡Su cumpleaños!!
Lucía dice que es “una señal”.
Marta dice que vaya con cuidado.
Yo sólo pienso: ¿y si pasa algo?

15 de abril
Su cumpleaños fue ayer.
Fue en su casa porque sus padres se fueron el fin de semana.
Eso ya sonaba importante.
Había luces de colores, música demasiado alta y gente que yo apenas conocía.
Al principio me quedé pegada a Lucía como si fuera mi salvavidas. Marta desapareció enseguida diciendo que iba “a socializar”.
Zigor me trajo un vaso.
.- No muerdo —me dijo—. Bueno, sólo un poco.
Bailamos. O algo parecido a bailar.
Yo pisé a tres personas.
Él fingió que no pasaba nada.
Pusieron una canción lenta.
Yo pensé: tierra, trágame.
Pero él me miró como si no hubiera nadie más.
En un momento nos quedamos solos en su habitación.
Olía a colonia y a desorden.
Había pósters torcidos, libros abiertos, una camiseta tirada en la silla.
.- Aquí no entra casi nadie —dijo.
No sé por qué, pero eso me hizo sentir especial.
Nos besamos.
Mi primer beso de verdad. Un beso suave.
No fue como en las películas.
Fue torpe. Desordenado. Perfecto.
Sentí que el mundo se hacía pequeñito, como si sólo estuviéramos él y yo.
Después, al volver a la fiesta, Lucía me miró y supo todo sin que yo dijera nada.
Marta levantó las cejas como diciendo: “Te lo dije.”
Cuando volví a casa, mamá ni levantó la vista del móvil.
Me encerré en el baño y me miré al espejo durante mucho tiempo.
No me reconocía.
Pero me gustaba esa chica.
Esa noche me dormí tarde, repasando cada segundo.
Y pensando, claro: ¿y si esto dura?

2 de mayo
Somos “algo”.
No lo decimos, pero lo somos.
Mis amigas lo saben todo. En casa no saben nada.
A veces me siento culpable por ser tan feliz sin contarle a nadie.
¿Y si esto se rompe cuando lo diga en voz alta?

21 de mayo
Hoy pasó.
No sé cómo escribirlo sin que me dé vergüenza.
Nos queremos. O eso creemos.
Yo confiaba.
Tenía miedo.
Pero también quería.
Después me sentí rara. Como si algo hubiera cambiado para siempre.
Zigor estaba cariñoso. Me dijo que todo iba a estar bien.
Yo asentí.
Pero en el fondo pensé:
¿Y si no?

10 de junio
No me baja la regla.
No quería pensarlo.
No lo pensé.
Hasta que lo pensé demasiado.
Compré un test con una excusa absurda.
Me encerré en el baño.
Dos rayas.
Dos.
Me senté en el suelo.
No lloré.
No grité.
Sólo pensé: no puede ser. ¡¡Una única vez!!

15 de junio
No se lo he dicho a nadie.
Ni a Zigor.
Ni a mis amigas.
Me siento sola de una manera nueva y horrorosa.
Como si hubiera un secreto enorme ocupando todo el espacio. Como si me ahogara.
En casa siguen sin verme.
¿Y si esto es culpa mía?
¿Y si todo fue un error?

25 de junio
Se lo dije a Zigor.
Se quedó en silencio.
Luego dijo lo mismo que yo:
.- No puede ser. ¡¡Una única vez!!
Como si negarlo lo hiciera desaparecer.
Después hablamos rápido. Demasiado rápido.
Como si no quisiéramos sentir.
No me abrazó.
Eso me dolió más que cualquier palabra.

5 de julio
Todo pasó como en una nube.
Citas médicas. Decisiones que no parecen decisiones.
Adultos que hablan sin mirarme a los ojos.
Yo asentía.
Yo callaba.
Era más fácil no sentir.
¿Y si no hubiera sido así?
¿Y si alguien me hubiera preguntado qué quería?

20 de julio
Ya pasó.
No sé cómo escribirlo.
No hay alivio.
No hay paz.
Sólo un hueco raro.
Zigor está distante. Mis amigas sospechan.
En casa, nadie nota nada.
Me miro al espejo y siento que he envejecido años en meses.

30 de julio
La culpa aparece en cualquier momento.
Cuando río.
Cuando duermo.
Cuando veo un carrito de bebé.
Me digo que hice lo que pude.
Pero la voz vuelve una y otra vez:
¿Y si…?

20 de agosto
Hoy entendí algo.
Tonta de mí, yo había pensado guardar la braguita de aquel día, para enseñársela a mi hija cuando tuviera una. Ahora sé que eso nunca pasará.
No soy la misma chica que hizo un comentario gracioso en clase.
Tampoco soy sólo lo que pasó después y aún no puedo nombrar.
Soy todo junto.
Me duele mucho. Me pesa.
Pero sigo aquí.
No sé qué será de Zigor.
No sé cuándo podré perdonarle ni perdonarme.
Sólo sé que escribir esto es lo único que me mantiene a flote.
Y que, aunque el “¿y si…?” no se calle nunca del todo, tal vez algún día deje de doler tanto.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

4 comentarios sobre “Diario íntimo de Edurne

  1. Hola, Marlen.
    Un relato muy emocional cuya realidad explota inexorablemente.
    Estamos ya en el año 26 del siglo XXI y los jóvenes, sobre todo ellas, siguen teniendo los mismos miedos, las mismas inseguridades y caen en los mismos errores que las anteriores generaciones. Hoy en día tenemos toda la información que queremos al alcance de la mano, pero parece que es mejor ignorarla y creerse las fantasías que bullen en la cabeza como fábulas.
    Como bien dejas claro en el relato, las familias están cada vez más ajenas a los problemas internos. El entorno parece un refugio hasta que algo se tuerce. Y las escenas románticas dejan de serlo cuando hace falta agarrar por el cuello la responsabilidad, sobre todo ellos.
    Me ha gustado la forma narrativa que le has dado al cuento. El Diario es el mejor medio para mostrar las emociones y hacernos partícipes de esos pensamientos que no se comparten por la boca. El final, no por esperado es menos impactante; deja en el aire esa pregunta que siempre se instala en nuestra cabeza después de haber ocurrido algo que no entraba en nuestros planes. ¿Y si…? No, no hay opción, todo ocurre y no hay vuelta atrás. Solo queda aprender de los errores e intentar ser mejores.
    Felicidades. Como siempre, un relato para reflexionar y compartir. Porque nuestros jóvenes, tal vez más que nunca, necesitan ayuda. Internet, las IAs y los futuros androides/maternales nunca podrán sustituir a la verdadera familia.
    Abrazo Grande.

    1. Hola Jose
      Sí, es una realidad de la que no se habla. Yo pensaba que desde mis tiempos de adolescente hasta ahora se había evolucionado, pero constato que «la mentalidad» no ha evolucionado como se podría esperar. Y que la religión, aunque parezca increíble, sigue manejando los hilos. Es lógico que los sentimientos de una adolescente, los miedos, la vergüenza, sean similares. Pero tanto miedo con la IA y ¿no te das cuenta que a tu hija le pasa algo, que no tiene la menstruación?
      Pensé bastante cómo encarar el tema para que llegue tanto a una y un adolescente , como a una madre o padre. Y creo que leyendo un diario íntimo, en el que normalmente se cuentan cosas a una misma (muchas veces ni siquiera a una amiga) es una buena forma de contar lo que realmente sientes, sin esconder nada. Edurne habla con ella misma.
      La reiteración del «¿Y si…?» es el martilleo de la conciencia que no deja dormir, ni descansar, ni sonreír. No se limita a estos casos. ¿Cuántas veces la mente no nos deja en paz por lo hecho o lo no hecho? ¿Cuántas veces nos atormenta de día y de noche? Creo que es una expresión terrible que no suele servir para reflexionar y aprender, sino sólo para atormentar. Eso también debiéramos aprender desde pequeños. Cuando llega la pregunta, normalmente no hay vuelta atrás.
      Creo, como tú, que nuestros jóvenes necesitan ayuda. Quiero creer que «no es más que nunca», pero en este caso, mi optimismo habitual flaquea. Y por supuesto, nada de lo inventado o por inventar, puede o podrá sustituir a una verdadera familia. Pero nos referimos a una «verdadera familia» con todo lo que eso conlleva, sobre todo de amor y responsabilidad.
      Gracias por hacerte eco, gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte.

  2. Qué entrada tan fascinante. Me encanta cómo exploras la idea del diario como ese refugio de la identidad y la memoria; hay algo profundamente magnético en asomarse a la intimidad de un personaje a través de sus registros. Como estoy escribiendo una narrativa precisamente en formato de diario, tu contenido me ha parecido sumamente inspirador, así que comienzo a seguirte desde ya para no perderme tus próximas publicaciones. 🤝
    Justo en mi blog acabo de publicar el Cap. 14 del ‘Diario de Ema’, donde cambio la perspectiva hacia Felipe, un personaje que, a diferencia de un diario honesto, intenta llevar sus emociones como una fría cuenta bancaria, solo para descubrir que tiene un ‘saldo en rojo’ emocional.

    Te comparto el link por si te da curiosidad conocer su historia: https://andycalen.wordpress.com/2026/02/10/cap-14-saldo-en-rojo/

    ¡Un saludo y nos seguimos leyendo!

    1. Hola Andy. Me alegro que te haya gustado la entrada.
      Como le comentaba a Jose, pensé bastante cómo encarar el tema para que llegara tanto a una o a un adolescente, como a una madre o padre. Y creo que leyendo un diario íntimo, en el que normalmente se cuentan cosas a una misma (muchas veces ni siquiera a una amiga) es una buena forma de contar lo que realmente sientes, sin esconder nada. Edurne habla con ella misma.
      Mañana leo tu link y te comento. Gracias por acercarte y por tus palabras. Un saludo, Marlen

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