Detesto las fake news, pero, a veces, llega alguna que merecería ser cierta. Esta nos la mandó mi amiga Susana desde Argentina, creyendo en su verdad y a mí me pareció que, según la clásica expresión italiana: “Si non e vero, e ben trovato”.
Se llama Carlos Álvarez. Tiene 78 años, vive en la provincia de Córdoba (Argentina) y hasta hace poco no sabía ni encender una computadora.
Había sido maestro rural durante más de 40 años. Caminaba kilómetros cada día para dar clase en pequeñas escuelas escondidas entre sierras. Enseñó a leer a cientos de niños. Algunos lo olvidaron. Otros aún lo recuerdan como “el profe con voz de tango”.
Cuando se jubiló, cayó en una especie de vacío.
.- Extrañaba enseñar. Extrañaba escuchar: “Profe, lo logré”. Pero los años pasan, ¿viste? —dijo una vez en una entrevista.
Todo cambió en 2021, cuando su nieta le regaló una tablet.
.- Te la dejo para que veas películas, abuelito.
Pero Carlos no vio películas.
Vio la posibilidad.


Con la ayuda de su nieta, abrió un canal de YouTube llamado: “Aprender a leer con el Profe Carlos”.
Su primer video fue grabado en el comedor de su casa, con un pizarrón blanco apoyado sobre la pared.
.- Hola. Soy Carlos. Y si no sabés leer, no te preocupes. Vamos juntos. Desde la A.
No tuvo vistas durante semanas. Casi lo abandona.
Pero un día, una mujer desde Bolivia le escribió:
.- Mi hijo tiene 9 años y aún no lee. Vimos su video. Hoy reconoció su primera palabra: mamá.
Carlos lloró.
Y no paró de grabar.
Cada semana, una letra. Cada video, un ritmo lento, amable, claro. A veces su gato pasaba por delante. O se olvidaba la palabra. Pero nunca editaba nada.
.- La vida real no tiene cortes, ¿por qué los pondría yo?
Con el tiempo, su canal explotó.
Hoy tiene más de 200.000 suscriptores. Recibe cartas desde Perú, Ecuador, México, incluso de adultos mayores que nunca aprendieron a leer y ahora están aprendiendo con él.
.- Nunca imaginé que volvería a dar clase desde mi cocina. Pero acá estoy. Enseñando la B… con pan casero en el horno y el mate listo.
Cuando le preguntaron si iba a monetizar el canal, dijo:
.- No. Yo ya cobré mi mejor sueldo: una niña que me dijo “leí mi primer cuento gracias a usted”.
A veces, los maestros no se jubilan.
Sólo cambian de aula.
Y a veces, una tablet en manos arrugadas… puede abrir miles de ojos en el mundo.
Uma bela história e se verdadeira, um lindo exemplo! abraços, chica
Hola Chica. Sí es un ejemplo de querer seguir enseñando.
Gracias por el comentario. Un abrazo.