El Eternauta frente a los tiempos de individualismo

Hoy os voy a hablar de un cómic donde el narrador, además de ser un guionista brillante, dentro de un medio popular, se permite un gesto poco frecuente: pensar el heroísmo como responsabilidad colectiva y, al mismo tiempo, representar la violencia como estructura y no como accidente.

La historieta argentina de mediados del siglo XX, como tantas tradiciones narrativas populares, podía apoyarse sin dificultad en figuras heroicas de manual: el valiente, el fuerte, el líder carismático, el hombre destinado. Héctor Germán Oesterheld toma otro camino. Su héroe no es un mito. Es un sujeto que tiembla. Un hombre común atravesado por el miedo y, sin embargo, obligado a actuar.

La historieta hace lo que la teoría a veces no consigue: vuelve sensible la idea de poder invisible. La convierte en atmósfera. En sensación física. En un frío que no se ve y, sin embargo, mata.

El Eternauta, publicado originalmente en 1957 en el suplemento semanal “Hora Cero”, y dibujada por Francisco Solano López, narra la historia de una invasión extraterrestre que comienza de forma silenciosa y devastadora en Buenos Aires, a través de una nevada mortal que cae sobre la ciudad y aniquila a quienes entran en contacto con ella. Desde ese punto de partida, el relato sigue a un grupo de hombres comunes que, aislados en una casa, improvisan estrategias de supervivencia mientras intentan comprender la naturaleza de la amenaza.

Cubierta de la publicación original

Algún día un historiador o historiadora escribirá una historia de la Argentina a través de “El Eternauta”. Quien lo haga, seguramente se detendrá en la biografía de Héctor Oesterheld, en su típica familia de clase media porteña, en sus estudios en la universidad pública y en el clima cultural de la Buenos Aires que lo vio nacer en 1919. Referirá sin dudas la extraordinaria modernidad y vitalidad cultural de una ciudad que, a pesar de su carácter periférico, fue escenario de innovaciones sorprendentes, como la primera película de dibujos animados del mundo y la primera (o una de las primeras, aún discutimos el tema) transmisiones de radio con fines de entretenimiento. En ese marco, destacará el carácter pionero de Oesterheld como autor de ciencia ficción en lengua castellana y el valor de su obra en el desarrollo del género a nivel internacional. Y también el de su dibujante estrella, Francisco Solano López.

Luego vendrá seguramente el análisis del Eternauta original, el que salió en 1957-1959, de sus sutiles referencias culturales y políticas, de sus alusiones veladas al imperialismo, más evidentes en la nueva versión de 1969. El rasgo más distintivo –la construcción de un héroe que no es individual, sino colectivo– aparecerá destacado aquí. En la versión que apareció el 29 de mayo de 1969 en la revista “Gente” el dibujo ya no estaba en manos de un clásico Solano López sino de un experimental Alberto Breccia.

Primera página de “El Eternauta” publicada en el Suplemento Semanal Hora Cero N° 1 del 4 de septiembre de 1957

Héctor Oesterheld ya había escrito la biografía del Che Guevara y su motor creativo se alimentaba de otro contexto: el Mayo Francés, la revolución Cubana, las huelgas estudiantiles, las protestas contra Vietnam, las luchas de liberación del Tercer Mundo.

Mientras en la realidad los estudiantes y obreros tomaban de manera masiva las calles de la provincia de Córdoba y resistían la represión ordenada por Onganía, en la ficción un grupo de amigos sintonizaba la radio para entender el origen de la nevada mortal.

No debería faltar la narración de los sucesivos emprendimientos editoriales y revistas de Oesterheld, de los problemas con sus editores y con los gobiernos militares. Podría contarse toda una historia política y económica de la Argentina en torno de sus dificultades y quiebras y, por supuesto, de las censuras y ataques. Ni que hablar de lo que viene luego.

Cuando ediciones Récord publicó “El Eternauta II” en formato de libro apaisado y con tapa dura, Héctor ya estaba clandestino. Se había ido de su casa de Beccar un año antes y militaba en “Montoneros” (organización guerrillera argentina de izquierda que actuó principalmente en los años 70, surgidos bajo influencia de la Revolución cubana y la teología de la liberación, que buscaron establecer el socialismo nacional mediante la lucha armada urbana). La historieta saldría en su versión original, con los dibujos de Solano, y con un epígrafe: “El único héroe válido es el héroe en grupo, nunca el héroe individual, el héroe solo”.

La radicalización progresiva de su posicionamiento político, a medida que las élites argentinas y los militares vayan sumergiendo el país en la violencia, será un eje inevitable. Vendrá también el capítulo sobre su ingreso y el de sus cuatro hijas y tres yernos a “Montoneros” y la publicación de “El Eternauta II” en 1976, con un marcado cambio de tono que refleja esa radicalización del autor. Seguirá la historia de la prohibición de su obra y su secuestro, desaparición y seguro asesinato a manos de la dictadura, y de la desaparición de sus cuatro hijas: Estela, Diana, Beatriz y Marina.

Foto de tapa del libro «Los Oesterheld» de Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami

El asesinato de un creador cultural increíble, único, y la devastación de una familia entera como símbolo de la devastación de un país. Luego, la incansable manera en que su esposa, Elsa Sánchez, buscó a todos ellos primero y, junto con las Abuelas de Plaza de Mayo, a dos de sus nietos, nacidos en cautiverio, que todavía no aparecen, podría ser el marco para contar la historia de la Argentina post dictadura.

Las diversas reversiones y continuaciones de “El Eternauta” producidas luego del asesinato de Oesterheld, cada una con su propia conexión con el momento político, seguramente atraerán la atención del historiador. Las alusiones a la devastación Menemista, la continuidad de la dictadura, serán muy evidentes. No escapará de su ojo la conexión de la obra con el surgimiento del kirchnerismo, y el modo en que los militantes de esa orientación imaginaron un “Nestornauta” liderando la lucha contra la invasión neoliberal. El nuevo intento de censura de la obra por parte de Mauricio Macri en 2012 no pasará inadvertido.

Y llegará finalmente el capítulo sobre la adaptación para las pantallas, los proyectos frustrados, hasta la exitosa serie que estrenó Netflix y que termina de convertir a “El Eternauta” en un ícono internacional.

Los deslizamientos de sentido político visibles en la adaptación de Bruno Stagnaro dan para un largo tratamiento. Notará el historiador las referencias a la rebelión del 2001 (severa crisis social, política y económica que estalló desencadenada por el «corralito» o restricción bancaria, provocando una profunda recesión, las protestas masivas, cacerolazos y saqueos que fueron reprimidos dejando 39 muertos y marcando el fin de la paridad peso-dólar y provocando la renuncia del presidente Fernando de la Rúa).

También su continuidad en el presente y la invasión extraterrestre como metáfora de la reacción ultraderechista en la que está inmerso el país.

La compasión de los personajes, el héroe colectivo y la alianza entre clase media y clase baja con los migrantes, puestos en primer plano por decisión de Stagnaro, funcionan como una crítica bastante evidente a los tiempos de individualismo extremo y a la discriminación que vive hoy el país.

Viñeta de El Eternauta 1998

Sin dudas, habrá una referencia a la manera magistral en la que el episodio 3 se las arregla para aludir de manera explícita a los principales conceptos del discurso de la extrema derecha: libertad, mercado, seguridad, propiedad. Acaso se aludirá también al posicionamiento contra la violencia en el rechazo inicial de Salvo a portar armas (que contradice la premura del original) y al mayor protagonismo de las mujeres.

Si al historiador le queda espacio, se divertirá brevemente con el modo típicamente bobo, a tono con la época, en que algunos militantes libertarios intentaron desacreditar la serie, mientras que otros quisieron usar el éxito del producto de Netflix como ejemplo de las virtudes del mercado y contrastarlo con la supuesta inutilidad del INCAA (El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales es el ente público encargado de fomentar, regular y promover la industria cinematográfica en Argentina. Su misión: Fortalecer la industria audiovisual nacional para que sea un modelo de excelencia, contribuyendo al desarrollo cultural y económico con proyección internacional.)

¡Justo esta serie, dirigida por un creador cuya carrera habría sido impensable sin el Estado! Stagnaro, en efecto, hizo el secundario en una escuela pública, estudió cine en el ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica, la institución pública, nacional y gratuita de Argentina dedicada exclusivamente a la formación cinematográfica y audiovisual que es estatal y depende del INCAA), e hizo su carrera gracias al apoyo del INCAA y de la TV Pública.

Buena parte de su equipo técnico hizo recorridos similares. Como si eso fuera poco, la propia serie de Netflix contó con financiamiento público de varios países, incluido el argentino.

Y podría irse más lejos. Sin dudas, a su éxito contribuyó también el reconocimiento internacional de Ricardo Darín. Ese reconocimiento le viene de su protagónico en la película “Nueve Reinas” (2000) y luego en la ganadora del Oscar “El Secreto de sus ojos” (2009), ambas producidas con financiamiento del INCAA.

Como suele pasar, el sector privado (en este caso Netflix) entra a último momento para cosechar los frutos de una larga inversión pública en recursos humanos y saberes, que el empresario aprovecha gratis.

El Eternauta Netflix

Como broche de oro de su obra, el historiador podría ensayar un epílogo que reflexionara acerca de cómo sería el mundo si la ciencia ficción predominante hubiese surgido de las periferias. Cómo sería si países como Argentina hubiesen tenido la capacidad de colocar más ficciones de alcance global. Si sus gobiernos no hubiesen censurado, quitado los pocos recursos disponibles o incluso asesinado a los creadores capaces de hacerlo. Cómo sería el mundo si hubiese dominado la ciencia ficción que aportamos desde el sur con “El Eternauta”, con ese héroe colectivo popular y con esas escenas de apoyo mutuo que contrastan con el predominio de ese héroe individual que sólo puede imaginar al Otro como un zombi o como un enemigo, típico de los dramas postapocalípticos. Cómo sería nuestro mundo con ficciones en las que lugares como Yakarta o Kinsasa no apareciesen apenas como sitios en los que se originó el peligro mortal y en las que la humanidad pudiese ser salvada no sólo desde Nueva York o Los Ángeles, sino también desde Buenos Aires, El Cairo o Nairobi.

Como cierre, el libro podría invitarnos a tomar la insistencia de “El Eternauta” en nuestra historia como un signo, el mensaje en una cápsula que como sociedad protegemos del olvido, porque continuamente nos piden que lo olvidemos.

¡NADIE SE SALVA SOLO!

Esta entrada se basa en el artículo de opinión “El Eternauta ante la historia” escrito por Ezequiel Adamovsky.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

4 comentarios sobre “El Eternauta frente a los tiempos de individualismo”

    1. Hola Manuel
      Me alegro que te haya gustado la entrada. Porque cuando se estrenó en Netflix, pensé que se comentaría el contexto en el que fue escrito el cómic y la vida de su autor y su familia, que a mí me parecía fundamental para entender lo que se estaba contando. Pero los comentarios eran únicamente sobre la invasión «extraterrestre». Por eso pensé en contextualizar la película. Y me alegro que cumpliera el objetivo.
      Gracias a ti por el comentario. Un abrazo de Marlen

  1. Hola, Marlen.
    Como ya es habitual con tus artículos, ilustras magistralmente un arte que muchos desprecian y pocos valoramos en su contexto real. Hablo más del cómic que de la peli.
    Leí El Eternauta, por primera vez, hace mucho y, tengo que confesarlo, no vi más allá de la historia invasiva extraterrestre. Me encantó que, por una vez, no fueran los supremacistas del norte los que salvaban al mundo, ni tampoco ningún superhéroe con poderes imposibles y calzoncillos por fuera. Yo siempre he pensado que, a pesar de estar tan alejados y separados por las aguas, nos une mucho más que la lengua. Así que me hice argentino por unos días y disfruté gozoso de esa rebelión popular y, como bien dices, del grupo frente al individualismo; eso sí que lo identifiqué bien.
    Más tarde he leído esta maravilla más veces, no menos de cuatro o cinco veces (tengo la edición en papel del 50 aniversario), la última poco antes de ver la serie. Creo que Darín fue el que me decidió a verla, porque no suelo ver películas basadas en obras literarias que me hayan gustado.
    En estas otras lecturas, ya más maduras, sí pude ver claramente esas otras interpretaciones, más reales y sufridas, que hacen los autores; esa rebelión más política y social que alienígena. Y, claro, ahí lo disfruté de otra manera y con mucha más empatía. ¡Tenemos tanto en común!
    He leído a muchos historietistas argentinos además de Oesterheld y Solano: Breccia, Altuna, Risso… y por supuesto Quino, y me encanta no solo ese preciso y precioso dibujo, la mayoría a tinta, sino también esa forma tan peculiar de expresar y mostrar lo que tanto nos acerca y aleja, al mismo tiempo.
    Ni que decir tiene que cuando me enteré de lo que hicieron con la familia de Oesterheld, me enrabieté y leí con más fervor algunas de sus obras además de El Eternauta: Mort Cinder y Sherlock Time, que recuerde ahora mismo. Y claro, lloré su desaparición, como pude hacerlo con Lorca.
    Poco más que añadir, solo que ahora entenderás por qué me gusta tanto la Ciencia Ficción, sobre todo la antigua. Habla mucho más de realidades y problemas cotidianos que de la fantasía del Universo exterior.
    Muchísimas gracias. Abrazo Grande Eternauta del ciberespacio literario.

    1. Hola Jose. Tienes razón, el cómic siempre ha sido despreciado, un simple divertimento para críos, sin darse cuenta de la importancia que iba tomando y de los grandes artistas que se dedicaron a experimentar tomando la realidad como interesante reflexión. Viviendo en Argentina y en una familia que nunca me compraba un cómic (los libros eran los únicos que entraban en casa), busqué la forma de poder leerlos, aunque sin elegir lo que me interesaba y llegué a disfrutarlos especialmente en la época dorada de enorme creatividad, resistencia política y experimentación underground, durante las últimas décadas del siglo XX. Fue entonces cuando empecé a comprar, elegir, intercambiar y disfrutar un mundo maravilloso que se abría ante mi asombro. A pesar de la censura de la dictadura militar, fue una época de guiones complejos y un arte gráfico espectacular, con unos artistas maravillosos. La revista «Skorpio», lanzada a mediados de los 70, sirvió como refugio para los mejores autores: con obras como «El Eternauta II» de «Oesterheld» y «Francisco Solano López» que continuaron su mítica obra de ciencia ficción con una arriesgada carga de denuncia política. En esa época «Carlos Trillo» y «Enrique Breccia» crearon una aventura histórica ambientada en la colonización de América que me gustaría volver a leer, el «Loco Chávez» creada por «Carlos Trillo» y «Horacio Altuna» empezó a aparecer en el diario Clarín, reflejando la realidad urbana de Buenos Aires. En los principios de los 80, con la vuelta de la democracia, la historieta estalló con libertad de expresión, crítica social, humor adulto y contracultura. La revista «Fierro» ofrecía historietas para sobrevivientes. «Carlos Trillo» y «Horacio Altuna» crearon «Las puertitas del Sr. López» que retrataba la neurosis de un oficinista gris que escapaba de su realidad cruzando puertas hacia mundos fantásticos. ¡Increíble! El rosarino «Roberto Fontanarrosa» entró por la puerta grande con el crudo y cínico mercenario «Boogie, el aceitoso». El colaborador creativo del grupo «Les Luthiers» participó en la buenísima revista «Hortensia» y en «Satiricón». Allí nació mi amado gaucho «Inodoro Pereyra (el renegáu)» y su contrapunto perfecto: su perro Mendieta. «Es muy difícil meter un caballo en un cuadrito de historieta, por lo tanto apareció un perro.»
      Por último no puedo dejar de nombrar a «Quino» y su «Mafalda» a la que invoco a cada rato. Y a la, para mí, obra maestra de la historieta argentina: «Peter Kampf lo sabía», del genial guionista «Carlos Trillo» con los inmejorables dibujos de «Cacho Mandrafina». Pero de esto ya hablaremos en otro momento.
      Sí Jose, fuimos muchos los que lloramos con la desaparición de Oesterheld y sus hijas y fuimos muchos los que recibimos los golpes de la represión por tantos…
      Entiendo que te guste la Ciencia Ficción, aunque a mí la historieta siempre, o casi siempre, me ha atrapado con una visión diferente del más acá, más limpia y real, diciendo las cosas que pensabas y no comentabas, o que reflexionabas y, de repente, encontrabas en tinta sobre el papel.
      Me ha encantado tu comentario, ¡por supuesto! Y te aclaro que me voy a hacer tarjetas de presentación con el título que me has adjudicado. ¡No podía gustarme más! Muchísimas gracias a ti Amigo.

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