El último guardián de Yosemite

El anciano apareció al amanecer, igual que la niebla. Nadie lo vio llegar. Simplemente estaba allí, apoyado sobre una vieja silla de montar junto al prado de Tuolumne, contemplando cómo la primera luz resbalaba por las paredes de granito de El Capitán. Vestía un uniforme azul descolorido. En el sombrero aún brillaba, casi borrado por el tiempo, el emblema del 9o Regimiento de Caballería.

Un turista creyó que formaba parte de una recreación histórica.

Le preguntó si podía hacerse una fotografía.

El anciano sonrió.

.- No soy un actor, -respondió.

Después desapareció entre las secuoyas.

Hace más de un siglo, aquellos hombres patrullaban Yosemite cuando todavía no existían los guardaparques modernos. Eran los “Buffalo Soldier”3, veteranos afroamericanos del ejército estadounidense enviados a proteger un territorio demasiado hermoso para dejarlo a merced de cazadores furtivos, taladores y especuladores.

“Shelton Johnson1” imaginó uno de ellos en “Gloryland”2.

Shelton Johnson

Pero pudo haber sido cualquiera.

Hombres que apenas eran considerados ciudadanos de pleno derecho y, sin embargo, recibieron la misión de custodiar uno de los lugares más extraordinarios del planeta.

Ellos vigilaban incendios.

Expulsaban a los furtivos.

Construían senderos.

Convencían a los ganaderos de abandonar los pastos.

Dormían bajo las estrellas para proteger unas montañas que jamás les pertenecerían.

Quizás esa sea la paradoja más hermosa de Yosemite.

Los primeros guardianes no defendían una propiedad. Defendían una idea.

Dicen que los fantasmas regresan cuando aquello por lo que murieron vuelve a estar en peligro.

Quizás por eso el viejo soldado ha vuelto.

Porque alguien pronunció otra vez una palabra antigua. Carretera.

Después otra. Intercambio.

Y más tarde llegó la frase que siempre hace temblar los bosques: «Desarrollo».

Hoy las amenazas ya no llegan con hachas ni rifles.

Llegan acompañadas de informes jurídicos, estudios de impacto, promesas de reducción de emisiones y acuerdos urbanísticos. Se estudia un intercambio de terrenos que permitiría construir un acceso desde una propiedad privada cercana al Parque Nacional Yosemite.

La noticia publicada a fines de agosto de 2026, explica que la administración estadounidense de Donald Trump está considerando ceder una parte del famoso parque nacional de Yosemite a un promotor inmobiliario privado: “Kingsbarn Realty Capital”, con sede en Nevada, para construir una vía de acceso desde una propiedad privada situada justo a las afueras del parque hasta Yosemite, a cambio de terrenos en otra ubicación.

A pesar del revuelo, las protestas de los conservacionistas y la enérgica oposición a las medidas del gobierno del magnate republicano para reducir las protecciones de las tierras públicas, incluida la presión para restablecer la construcción de carreteras y la tala en los bosques nacionales, se presentó la carretera como una medida ecológica, argumentando que acortaría los viajes hacia y desde la propiedad, que actualmente no está urbanizada, reduciendo así «las emisiones» en comparación con la ruta tortuosa actual. 

Sus defensores sostienen que la superficie protegida no disminuiría, sus detractores hablan de un precedente peligroso y denuncian que la operación contradice el espíritu con el que nació Yosemite.

Oficialmente, todavía no existe una decisión definitiva.

Protegido por primera vez en 1864, el Parque Nacional Yosemite, en las montañas de Sierra Nevada de California, goza de reconocimiento internacional por sus espectaculares acantilados de granito, glaciares, cascadas, secuoyas y fauna silvestre.

Las palabras cambian.

La pregunta sigue siendo la misma.

¿Dónde termina la protección y dónde comienza la especulación, el agio, el lucro, el menosprecio por la naturaleza?

El viejo soldado continúa caminando.

Se detiene junto a una secuoya gigantesca.

Apoya la mano sobre la corteza.

Sonríe con tristeza.

Él conoce el tiempo de los árboles.

Sabe que un siglo no es más que una estación para una secuoya.

También sabe que una firma puede hacer más daño que un incendio.

Porque los incendios pasan. La naturaleza se regenera.

Pero las decisiones permanecen.

Cuando Abraham Lincoln protegió Yosemite en 1864, estaba naciendo una idea extraordinaria: algunos lugares debían conservarse precisamente porque no tenían precio.

No porque fueran rentables.

No porque generaran turismo.

No porque aumentaran el valor de una urbanización.

Sino porque pertenecían también a quienes aún no habían nacido.

Los Buffalo Soldier fueron los primeros centinelas de ese pacto silencioso entre generaciones.

No defendían únicamente árboles.

Custodiaban un compromiso moral.

El anciano desaparece antes de que salga el sol por completo.

Nadie vuelve a verlo.

Pero, durante unos segundos, el viento mueve las agujas de los pinos como si fueran las páginas de un libro antiguo.

Quizás sea Gloryland.

Quizás sea la Historia recordándonos algo incómodo.

Que los parques nacionales nunca dejaron de necesitar guardianes.

Lo único que ha cambiado es aquello de lo que deben protegerlos.

Antes eran los fusiles.

Después las motosierras.

Ahora los contratos.

Y mientras seguimos preguntándonos si Yosemite perderá o no un puñado de hectáreas, tal vez la verdadera cuestión sea otra.

No si los parques nacionales siguen estando protegidos.

Sino si todavía somos capaces de proteger la idea que los hizo posibles.

Gloryland y esta noticia dialogan entre sí de una forma casi dolorosa. La novela de Shelton Johnson no es únicamente la historia de un Soldado Búfalo, es también un homenaje al nacimiento de una idea revolucionaria: que la naturaleza podía ser un bien común digno de ser protegido por encima de cualquier interés económico. La noticia parece plantear la pregunta inversa: ¿sigue vigente esa idea cuando el beneficio privado llama a la puerta?


1 Shelton Johnson es un guardaparques del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos y trabaja en el Parque Nacional Yosemite. Nació en Michigan en 1958. En 2023, llevaba 30 años trabajando en Yosemite de sus 37 años de carrera. Johnson comenzó su carrera en el Parque Nacional Yellowstone en 1987. Tiene diferentes premios otorgados en reconocimiento por su labor de defensa y protección de los parques nacionales. Es conocido por su investigación y publicaciones sobre las asignaciones de los Buffalo Soldier, específicamente del 24o Regimiento de Infantería y el 9o Regimiento de Caballería para proteger los Parques Nacionales en Sierra Nevada, California.

2 Gloryland es una novela histórica escrita por un guardaparques real del lugar, que relata la vida de un «Soldado Búfalo» afroamericano destinado a proteger el parque de Yosemite a principios del siglo XX. Publicada por Sierra Club Books en 2009, el libro es una memoria ficticia de un indio negro de Carolina del Sur que se convierte en un “soldado búfalo” asignado a patrullar Yosemite en 1903.

3 Buffalo Soldier (Soldado Búfalo) es el apodo que se les da a los regimientos del Ejército de los Estados Unidos compuestos exclusivamente por soldados estadounidenses negros, creados en 1866 para servir en la frontera estadounidense y que actuaron hasta 1951.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

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