Acortando distancias IV: Methkal

Mi intención es simplemente acortar distancia con algunos exiliados de diferentes lugares del mundo, ver sus caras, conocer algo de ellos, de su “¿Por qué?”, hacerlos visibles por un segundo. Tal vez, de esa forma, te acuerdes de ellos antes de opinar sobre su deseo de vivir en tu país, que es su necesidad de sobrevivir; sobre que vienen a sacarnos el trabajo, un trabajo que no quieren hacer los autóctonos porque tienen la posibilidad de elegir otros; sobre por qué no se quedan en su país tranquilamente, sin pensar que están intentando salvarse y/o salvar a su familia de la guerra, del hambre, de la muerte. Piensa un segundo en qué harías tú en su lugar y recuerda su rostro.

Ucrania cambia el mapa global de los refugiados. El éxodo ucraniano es el más rápido de la historia, porque ha hecho que los países europeos acojan a millones de personas. Los países vecinos se han volcado con estas personas, al igual que las organizaciones humanitarias y la gente de a pie.

Es algo histórico: por primera vez en el siglo XXI, el asilo se interpretó de forma nítida como lo que es, un derecho, y no un privilegio. Nadie duda que esta es una protección cargada de racismo y de geoestrategia: la identificación del enemigo común, la Rusia de Putin, es un factor que no se puede desdeñar.Y aunque su protagonismo único es injusto, si se echa la vista atrás y se analizan los casos y la tendencia de la última década: más guerra, menos paz y cada vez más personas en busca de asilo, también es un fenómeno que obliga a una reflexión sobre qué hacer con las personas que huyen de cualquier otro conflicto. Es la década del destierro, de la falta de refugio. 


Me llamo Methkal. Soy de Siria y tengo 28 años. Decidí dejar Siria hace tres años. En el camino pasé por regiones controladas por el Isis, después por Turquía y Grecia y llegué finalmente a Molins de Rey, dos años después de haber iniciado mi viaje.

Decidí dejar Siria en el año 2015 porque en Siria el servicio militar es obligatorio. Yo tenía un permiso para no ingresar al ejército, porque estaba estudiando. Pero hay un límite y a los 4 años ya no pude pedir más permisos. Yo no quería formar parte de la guerra civil en Siria, ni matar ni morir. Por eso decidí dejar el país. 

Me fui el país yo solo porque sólo tenía dinero para poder viajar yo. Naturalmente mi familia también quería marcharse, pero no pudo abandonar el país, se necesita mucho dinero. Fue muy difícil para mí el hacerlo. Tardé mucho en decidirme, había tenido otras oportunidades antes, desde el 2013. Pero prefería quedarme con mi familia y ayudarles. Su situación era complicada. Yo era el único que ganaba dinero, porque trabajaba. También era difícil, porque sabía que me dirigía a lo desconocido. Las fronteras en Europa estaban cerradas, y la situación en Turquía estaba complicada. Pero me fui porque sabía que no tenía otra opción. Sabía que iba a ser difícil dejar mi tierra, mi familia, mis recuerdos, todo. Pero fui obligado a hacerlo, yo no quería irme. 

Hablo con mi familia a menudo, una vez al mes aproximadamente. Pero depende, a veces hablamos más, a veces no tienen Internet. Además es caro, normalmente hablo un minuto, tres minutos. Sólo nos preguntamos cómo estamos y qué hacemos porque ellos se sienten observados y no quieren hablar. Me dicen que todo va bien, porque tienen miedo de que alguien los esté escuchando. Este es el sentimiento que tiene la gente en Siria, que el gobierno los está observando.

Cuando llegué a Turquía, una Turquía con las fronteras cerradas, pensé que podría trabajar y ayudar a mi familia desde allí, pero era muy difícil. Trabajé como un esclavo en talleres de ropa, 16 horas al día. Y nos pagaban un sueldo muy bajo, que sólo nos alcanzaba para dormir y comer. 

Yo quería terminar mis estudios, no quería vivir así. Así que decidí irme a vivir a Grecia, aunque sabía que encontraría las fronteras cerradas.

Tuve que pagar mucho dinero a traficantes para llegar a Grecia. Intentamos tres veces llegar a Grecia con barcas neumáticas. La primera vez el barco estaba roto y casi morimos en el mar. Pero tuvimos suerte y pudimos volver al mismo lugar del que habíamos partido en Esmirna (Turquía). La segunda vez lo intentamos por la mañana y la policía turca nos detuvo. Nos interrogaron durante 18 horas, registraron nuestros nombres como refugiados y nos dejaron ir. 

Es una costumbre, la de tener listas con nuestros nombres, para poder mostrar a los otros países que tienen muchos refugiados. Pero no hay campos ni nada.

La tercera vez que lo intentamos, era el golpe de estado en Turquía, la situación en el país era muy caótica Era de noche, teníamos que ir con cuidado. Antes de llegar a Kios, un barco muy grande nos dio un golpe, casi volcamos y morimos todos allí. La gente perdió su equipaje, su ropa, sus pertenencias, sus papeles. Yo perdí mi maleta, mi dinero, todo. Pero de todas formas, llegué con vida a Grecia.

Cuando llegué a Grecia no pensaba en si mi vida empezaba en ese momento o terminaba. Lo único que pensaba es que había perdido todo. Los primeros 3 meses fueran terribles. Algunas veces tenía que dormir en la playa o en un parque, buscar comida. 

Como no te permiten vivir en las islas, porque hay un acuerdo con Turquía y con Europa, tienes que solicitar el permiso de asilo y al 90% te lo deniegan, sobre todo a gente joven como yo. Y si te detienen, te deportan otra vez a Turquía. Yo decidí hacerlo ilegalmente, pagué a unos traficantes y me fui a Atenas.

Allí empecé otra etapa de mi vida. Hice de voluntario, de intérprete, trabajé de muchas cosas para seguir adelante. Intenté muchas veces salir de Grecia. Los traficantes me dieron un pasaporte falso. Finalmente pude viajar a Dublín y después a Barcelona, a Molins de Rey.

¿Cómo empezar de nuevo desde cero en un país como España? Me propuse tener una nueva vida aquí. Hace un mes recibí mi permiso de trabajo y estoy buscando trabajo.  ¡A ver qué puedo hacer!

Al principio, la gente que llegó a Europa, era gente rica, que dejó Siria a causa de la guerra. Tenían dinero y la guerra no les afectó para viajar y vivir aquí. Pero después, cuando la guerra se hizo más dura, la gente pobre, que al principio no quería dejar el país, estuvo obligada a irse. Y, por desgracia, se les cerró la puerta en la cara. Esa gente, realmente necesitaba esa ayuda. 


La crisis en Siria sigue causando un tremendo sufrimiento tanto a las personas que viven dentro del país, como a las que se han visto obligadas a huir fuera. La guerra continúa siendo la mayor crisis de refugiados a nivel mundial. Desde su comienzo en marzo de 2011, el conflicto se ha cobrado centenares de miles de vidas. Más de 12 millones de personas han huido de sus hogares. Casas, hospitales y escuelas han quedado destruidos, muchos barrios carecen de agua corriente apta para el consumo y saneamiento, los precios de los alimentos se han disparado y el 80% de la población vive por debajo del umbral de pobreza.

Lo que empezó en marzo de 2011 como un levantamiento pacífico contra el presidente Al Asad, se ha convertido en una sangrienta guerra civil y en un campo de batalla de las principales potencias internacionales.

En noticias del 24/8/2022 Estados Unidos bombardeó posiciones de «milicias proiraníes» en Siria y el 31/8/2022 las Fuerzas Armadas de Israel atacaron nuevamente territorio sirio, esta vez infligiendo daños al Aeropuerto Internacional de Alepo, en el noroeste de Siria, operación tras la cual bombardearon Damasco.

Mientras tanto, las víctimas siguen creciendo y ya son más de 610.000.

¿Y la vuelta a casa? Es una pregunta recurrente. Según Acnur, 7 de cada 10 sirios acogidos en los países vecinos tienen la intención de volver a su país en el futuro. ¿Pero qué significa el futuro? Ese es el problema. Cuando alguien huye de una guerra, no espera a que cesen unos días los bombardeos para volver a casa. Tiene ya un proyecto vital fuera de su país, y se plantearía volver si hubiera una garantía de seguridad, un horizonte. Pero de momento, ese horizonte es incluso difícil de encontrar lejos de la guerra.

Methkal concluye: No veo ninguna posibilidad de terminar esta guerra, porque muchos países están interfiriendo en ello. Cada país que tiene un problema con otro país, lo resuelve en Siria. Siria es, en este momento como un ring de boxeo. Por ejemplo, Arabia Saudí e Irán pelean en Siria. Estados Unidos y Rusia luchan en Siria. Israel e Irán están luchando en Siria. No tiene final, son enemigos eternos. 

Este texto forma parte de una entrevista llevada a cabo por los periodistas Raül Flores y Núria Jar, y podéis escucharla en Podcast en la revista 5W

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

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