Odio las vacaciones

Cuando mi Mami me explicó que iba a tener un hermanito, me puse tan, pero tan contenta que empecé a correr como loca por toda la casa. Era lo mejor que me podía pasar en el mundo mundial, alguien con quien jugar a la pelota, con quien hablar, y compartir chuches de esos de colores que me encantan, de los que trae Mami cuando se va a hacer las compras y no me lleva y después aparece con una bolsita de papel blanca con un payaso de colorinches porque la chuchería se llama “Payasito”. 

Después, al rato, vino Papi de trabajar y yo no le dejaba hablar con mis besos y mis saltos, quería decirle tantas cosas que creo que al final, no me entendió nada. Pero bueno, lo más importante, que yo estaba loca de alegría, creo que lo entendió. Y me llevó a dar una vuelta por el barrio hasta la plaza, para dejar que Mami hiciera la cena. ¡Es que estaba tan excitada que no podía parar de moverme y darles besos!

Lo más difícil de todo fue esperar tantísisimo tiempo hasta que el hermanito eligiera venir. ¡No entendía por qué no se decidía a venir de una buena vez!

¡Ah, sí, que no te he dicho, que al final es un chico y no una niña como yo pensaba! Yo ya me estaba imaginando muñecas y vestiditos y hasta una casita con un armarito para guardar los vestidos. Y una pelota de colores para jugar en el jardín. Bueno, la pelota la había pensado cuando creía que era una niña, pero igual se puede jugar a la pelota con un hermanito que con una hermanita.

Mami últimamente se la pasa comprando cosas: una camita super chiquitita, ropita que plancha y guarda en un armario nuevo, peluches… Bueno, ahí tuvimos un problemita. El otro día Mami se fue a hacer compras, como casi todos los días últimamente. Y volvió con un montón de bolsas, pero apurada porque tenía que ir al baño. Así que mientras ella estaba en el baño, yo empecé a investigar qué había comprado.

Y me encontré con Jaki, un cervatillo chiquito y preciosísisimo, de color marrón y blanco, con manchitas en el cuerpo y una carita tan pero tan dulce, que pensé que me había traído un regalo porque me había portado bien toda la semana y no me acordé para nada que ahora también había un hermanito al que le compraban cosas, aunque todavía no hubiera llegado a casa.

Era un peluchito tan dulce, que empecé a chuparle la cara y las orejitas y… Y llegó Mami justo en el momento en que una pata del osito se rompió. No me dio tiempo a que saliera corriendo a esconderlo, no me dio tiempo a … nada de nada. Los gritos se escucharon hasta la China, que no sé dónde queda. Pero lo peor es que se puso a llorar y no me dejaba que me acercara a ella. ¡Estaba tan triste! ¡Lloraba tanto! Que ni le salían las palabras para retarme. Se fue a la habitación y me cerró la puerta en las narices, sin darme la posibilidad de darle un beso, que siempre le gusta.

No salió en toda la tarde y cuando vino Papi, se encerraron los dos y sólo pude escuchar algunas palabras: ¿Qué va a pasar después con el bebé? ¡Está celosa y no sé cómo puede reaccionar! ¿Y si le lastima? ¡Déjame que hable con ella!, decía Papi, pero Mami no paraba de llorar. Yo quería entrar y darle besitos para que se le pasara, pero no hubo forma de que me dejaran entrar. ¡Fue un día tan triste! ¡Ya sé que se me rompió, pero fue sin querer! ¡No lo hice a propósito!

Ese día todo empezó a ser diferente. Mami seguía enfadada conmigo. Bueno, no sé si estaba más enfadada que triste o al revés. Pero ya no me dejaba que subiera a su cama, ni dejaba que pusiera mi cabeza sobre su panza, ni me acariciaba igual que antes. Ellos discutían mucho y más de una vez, Papi se iba a trabajar sin beso ni mimitos. ¡Nunca pensé que un peluche costara tanto dinero! Probé varias veces de llevarle uno de mis peluches como regalo, pero ella lo tiraba lejos y me decía palabras feas.

Un día, en el parque, estuve hablando con mis amigos y les conté lo que me estaba pasando. ¡Para qué se me ocurrió la mala idea! Cada uno me contó cosas horribles que les había pasado a amigos de sus amigos, cuando sus Papis decidieron traer un hermanito o hermanita. Primero todo eran risas y luego, todo llantos. 

Pancho me habló de un lugar espantoso donde nos suelen llevar para aprender a obedecer y hacer lo que los Papis quieren, sin rechistar ni rezongar. Hay que estudiar mucho muchísimo, y si no aprendes todo lo que ellos te quieren enseñar, no te dejan salir a jugar y ¡te quedas sin comer!

A mí me entraron unos escalofríos que empecé a temblar muchísimo y me tuvieron que llevar al médico, que me puso una cosa que se llama vacuna ¡que duele un megamontón! Total, que peor el remedio que la enfermedad.

Y así, con sustos y escalofríos, con caras largas y discusiones, fueron pasando los meses y llegó el momento en que trajeron al hermanito a casa. Yo creo que lo trajeron demasiado pronto, cuando todavía no estaba terminado de hacer, porque no caminaba, ni siquiera se podía tener en pie. Y aunque me pareció que no era guapo ni muy inteligente, yo lo quise igual y me propuse enseñarle a jugar conmigo.

Pero le costaba mucho aprender, ni siquiera se daba cuenta que cuando yo le traía la pelota, él la tenía que tirar fuerte para que yo la fuera a buscar corriendo. Mami y Papi, de todas formas, estaban tan contentos con él, que ni siquiera se daban cuenta que le costaba mucho aprender. Ni siquiera se enfadaban con él cuando rompía alguno de los juguetes y eso que yo procuraba que no vieran los chiches rotos. Yo los iba a esconder rápido en el jardín. Lo malo es que cuando se daban cuenta que yo había escondido algún peluche, se enfadaban conmigo y no con él. Pero no me importaba, prefería que me riñeran a mí que a mi hermanito.

Un día, empezaron a hacer muchos preparativos. Sacaron bolsos, maletas y empezaron a poner todas las cosas en ellos. Metieron el coche hasta el jardín y empezaron a organizarse para que todo tuviera su sitio dentro del maletero. Yo no entendía nada hasta que Mami nos explicó a los dos. Bueno, en realidad le explicó a mi hermanito, porque últimamente ya no hablaba conmigo como antes. ¡Estaba tan ocupada!

Pero yo la escuché igual y así me enteré que al día siguiente nos íbamos todos de vacaciones. Parece que las vacaciones son un lugar con mucha agua y arena donde nadie trabaja y todo el tiempo los Papis están jugando contigo. Me puse tan contenta que de la excitación que me entró, se me escapó un poquito de pis. Un poquito, muy poquito, pero Mami hizo un escándalo como si hubiera estropeado toda la alfombra del salón. Me dio un poquito de rabia, porque muchas veces a él se le escapaba todo el pis y nadie le reñía ni se enfadaban con él. Así que me metí en mi camita a esperar que llegaran las dichosas vacaciones.

A la mañana siguiente, muy temprano, Mami y Papi pusieron las últimas cosas en el auto, nos acomodaron a los dos en el asiento de atrás y ¡Brrruummm Brrruummm! empezamos las maravillosas vacaciones. Yo me había sentado al lado de la ventanilla que estaba un poquito abierta y el viento entraba dándome un gusto muy especial. ¡Me encantan las vacaciones!

Había pasado un buen rato, mi hermanito se había quedado dormido y yo estaba empezando a tener ganas de hacer pis, pero no decía nada para que no se enfadaran. Parece que Papi se dio cuenta porque paró al costado de la ruta, en un lugar de campo, donde había muchas florcitas blancas y violetas que se movían de un lado a otro. Yo salí corriendo del coche y me metí en medio de las flores y, cuando estaba en el momento más agradable, escuché la puerta del coche y el motor que se ponía en marcha. Me apuré con las últimas gotitas pero no me dieron tiempo a llegar y el coche arrancó, primero despacio y después más rápido. Me puse a correr detrás, como una loca. ¡No entiendo cómo no se dieron cuenta que yo no había vuelto a subir!

Corrí y corrí, cada vez más cansada y viendo que el coche se iba alejando cada vez más, hasta que no pude seguir y, respirando con mucha dificultad, me senté en el borde de la carretera. Seguro que se dan cuenta y vienen a por mí. Me voy a quedar aquí a esperarlos. Espero que no tarden mucho. ¡Odio las vacaciones!

Las fotos, sacadas por Katixa Larrayoz Aldabe,
pertenecen a su perrita “Bika” y al campo de su casa en Getaria

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

6 comentarios sobre “Odio las vacaciones

  1. Desgraciadamente hay gente sin escrúpulos. Aunque por suerte cada vez lo tienen más difícil con los chips. Ojalá que algún día sea algo de un ingrato pasado, pero si hay gente capaz de dejar a sus mayores en una gasolinera imaginate como no, con un animal. Lamentable. El texto me gustó mucho. Un placer leerte. Abrazos

    1. Hola Nuria.
      Sí, lamentablemente hay gente que no tiene conciencia ni sentido moral. Compran el animalito para el cumpleaños del niño o los Reyes y cuando llegan las vacaciones y les molesta porque no quieren o no pueden llevarlo con ellos, lo abandonan. Pero tienes razón, si hay seres capaces de abandonar a un familiar en una gasolinera o un geriátrico, ¡qué les importa un animal!
      La casa de mis padres está en el campo y más de una vez, aparecen animalitos abandonados que dan mucha tristeza y rabia. Cuando los llevamos al veterinario, el chip o no lo tienen o tienen mal los datos y no se los puede ubicar. Tal vez algún día estas actitudes sean cosa del pasado, pero por el momento…
      Me alegro que te haya gustado el cuento. Gracias por tu comentario.
      Un abrazo.

  2. Hola Carlos.
    Gracias por tu comentario. Creo que lo impresionante es que, es un relato inventado, pero lamentablemente, no es un hecho de ciencia ficción. ¡Realidad, pura y dura!
    Un abrazo para ti también.

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