Besugo, filosofía y otras formas de resistir

El olor del besugo a la parrilla se mezclaba con la brisa marina y con la algarabía que sólo se da cuando se sientan cuatro generaciones en una misma mesa: los abuelos en un extremo, los padres/tíos en medio, y los adolescentes… en expansión.

Pasar el verano en Getaria y las comidas familiares era una tradición sagrada desde tiempos prehistóricos en casa de Bittor y Karmentxu, o al menos desde antes de que existieran los móviles, y este año tenía un motivo especial: cinco primos habían terminado el bachillerato, todos a la vez.

.- ¿Y qué tal los exámenes? —preguntó Aimar, cortando pan como si fuera un “sushiman”, uno de esos especialistas chef de sushi que ha dominado el arte de hacer los pequeños bocaditos que te los comes aunque no te gusten y no te llenan, pero están de moda.

Los chicos se miraron entre sí y, sorprendentemente, fue Maddi, la más tímida, quien rompió el silencio:

.- Pues… lo mejor ha sido filosofía.

.- ¡Totalmente! —asintió Markel, que solía hablar sólo de música electrónica y surf.

.- ¿Filosofía? —bufó Xabier, el padre de Markel, levantando una ceja—. Eso no sirve para nada. En mis tiempos, lo importante era trabajar. Aprender cosas útiles para ganarse el pan, como por ejemplo administración de empresas. No andar pensando en Platón.

La risa fue general, pero nadie se desvió del tema. La chispa estaba encendida.

.- Ya osaba*, pero ahora sabemos que lo de Platón no era sólo un rollo antiguo —aclaró Beñat, que lucía una camiseta con una cita de Sartre.

.- ¿Sabes lo que nos dijo nuestra profe el primer día? —intervino Estibaliz, con una sonrisa de admiración— “La filosofía no os hará ricos, pero os hará libres.”

.- ¡Y lo decía en serio! —añadió Eneko—. No sólo explicaba los textos. Nos escuchaba. Preguntaba lo que pensábamos. A veces no entendíamos nada, pero al salir… salíamos más despiertos y nos poníamos a reflexionar, a discutir. ¡Molaba un montón! Lo que más me marcó en filosofía este año es el olor de esta profesora —dijo Eneko—.

.- ¡Pero qué dices! —protesta Odei, su padre—.

.- ¡A ver aita*, cuando digo “olor” digo el olor de una combinación basada en la convicción, la pasión, el carisma y sobre todo el talento pedagógico. Por ejemplo, el profesor de lengua se pasó todo el tiempo de su curso explicándonos las nociones de lo que era un ensayo, sin enfrentarse nunca a darnos un tema para escribir nosotros un ensayo. ¡No nos sirvió de nada! Por el contrario, un profesor que hace que el curso sea teatral e interactivo cambia enormemente nuestro interés por la materia. Yo hubiera odiado la filosofía sin esta profesora genial que nos tocó. Está abierta a la discusión, es tolerante, sus clases son súper dinámicas y organiza debates para que hablemos todos.

.- Este niño me va a volver loco! —aseguró Odei—.

.- A mí me cambió la cabeza —dijo Maddi, más seria ahora—. Hablamos sobre la felicidad, la naturaleza, el deber, el inconsciente… Cuando estudiamos el vínculo entre el pensamiento y el habla, aprendí a pensar más tiempo antes de expresarme. Hasta cuestioné el juicio que tenía sobre mí misma. Antes pensaba que lo importante era sólo sacar buenas notas. Ahora me he dado cuenta de todo lo que me puede servir pensar y hablar sobre lo que decían los filósofos, sé que pensar es vivir con los ojos abiertos.

.- ¡Bueno, bueno! —terció Aimar—. No exageremos. Está muy bien para aprobar y ya. ¿Pero cuántos filósofos ganan un sueldo digno hoy en día? 

.- ¿Y cuántos futbolistas llegan a primera? —respondió Markel, veloz como un Messi.

.- Touché —murmuró Ainhoa, su madre, con un vaso de txakoli en la mano.

La amona* Karmentxu, que hasta entonces sólo había estado atenta al punto exacto del pescado, dejó el tenedor en el plato.

.- Yo no fui a la escuela más allá de los 13 años. Pero os digo una cosa: si hay algo que me enseñó la vida es que pensar por uno mismo, es lo único que no te pueden quitar.

Hubo un segundo de silencio.

A veces, las verdades más grandes caben en una frase pequeña.

.- Es que lo importante fue cómo nos lo enseñaron —insistió Eneko—. Nuestra profe, Maialen, no venía a soltar teorías. Venía a hacernos preguntas incómodas.

.- Y cuando alguien soltaba una burrada —añadió Estibaliz— no nos humillaba. Te miraba como diciendo: “¿Estás seguro?”

.- Y eso jode más que una bronca —dijo Markel, riéndose—. Pero también te hace pensar. Y pensar duele. Pero te despierta.

Los mayores se miraron entre sí. Algunos con escepticismo. Otros, con cierta envidia.

.- Igual es verdad que necesitamos más filosofía —murmuró Nahia, la madre de Eneko—. Visto lo visto últimamente en la política, en las redes, en la tele… sobra ignorancia y falta pensamiento, razonamiento.

.- ¿Y sabéis qué fue lo último que nos dijo Maialen, después del examen? —preguntó Maddi— “Ojalá no olvidéis que lo que hicimos aquí no era sólo preparar una prueba. Era prepararos para no ser nunca esclavos del ruido.”

.- Pues es cierto, es algo que deberíais recordar siempre —dijo la amona*, feliz—.

Los ladridos de Txuri que llegaba corriendo como una loca,  llenaron el silencio que siguió.

.- A mí lo que me gustaría es que me explicaras tu camiseta, Maddi —dijo el aitona*—. Porque llevo un rato tratando de entenderla y hay algo que se me escapa.

La camiseta que lucía Maddi, la niña tímida, tenía la cara de Sócrates y la frase: «A veces las preguntas más profundas se responden con vídeos de gatitos».

.- Claro, yo te explico, aitona*. Resulta que Sócrates dijo:…

.- “Sólo sé que no sé nada” —completó el aitona*, riéndose—.

.- ¿Lo sabías? ¿Sabías lo que dijo Sócrates?

.- Pues sí, maitia*. Antes estudiábamos filosofía como una materia más. ¡Y era de las que más me gustaban! Y te diré una cosa que os gustará, después de comer podemos ir todos a la biblioteca para que os muestre los libros de filosofía que tengo. ¡Hasta tengo un cómic que compré cuando Markel era pequeño y trata de las diferentes corrientes filosóficas!

.- ¡Para mí! —preguntó Markel— ¡Pero yo nunca lo he visto!

.- Es cierto, eras demasiado pequeño y te veía siempre con tu aparatito y tu música electrónica. No pensé que podía interesarte.

.- ¡Ay ay ay! ¿Qué me dices siempre de no prejuzgar? Pues hoy no te escapas, te quedas sin siesta porque vamos a asaltar la biblioteca y a ver mi libro.

.- ¡Oye tú, que nosotros también queremos verlo —protestó Maddi—.

.- Vaaalee, os lo presto —dijo con cara condescendiente Markel—.

.- ¡Esperar un momento! Que yo todavía no he entendido lo de los gatitos. —interrumpió el aitona*—.

.- Ya sabes los vídeos de gatitos tan graciosos que suelo mostrarte en mi móvil —intervino Estibaliz—. Son sólo para divertirse, no tienen otro propósito. Igual que algunas preguntas profundas.

Que son sólo para quedarse pensando. O para reírse.

.- ¡Bien por mi hermanita! —exclamó Beñat—.

Alguien trajo el postre. Otro sirvió más vino. Y las risas cubrieron el ruido de platos y copas.

La conversación cambió de rumbo. Pero algo había quedado flotando en el aire, como el olor del mar al atardecer.

Más tarde, Markel subió una foto del grupo a sus redes.

Sonrientes, junto a la mesa, con el mar al fondo y los platos medio vacíos.

La tituló: “Besugo, filosofía y otras formas de resistir.”

La filosofía necesita cursos dinámicos y debates, interés de los alumnos, buenos profesores deseosos de enseñar y no sólo de cumplir el programa. Pero sobre todo, necesita existir. Simplemente eso, darle un lugar en los programas de estudio.


Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “Besugo, filosofía y otras formas de resistir

  1. ¡Eah! Aquí llega la tita Marlesita y te suelta esta maravilla sin avisar, sin anestesia.
    Después de leer el «cuento» me sale decir: «¡Qué alegría de familia!»
    Añoro las reuniones familiares que ahora se hacen «casi» por obligación. Y cuando se consigue, la tensión se palpa en el ambiente, esperando cuando empezarán las discusiones. Qué sí, que ya sé que habrás edulcorado el ambiente para que el cuento sea más bonito, pero es que…
    También, un ¡hurra! para esos adolescentes que no solo entendieron y se embebieron de las clases, también supieron sacarle provecho y dejarse llevar para reflexionar e influenciar.
    Es evidente que coincidimos en la importancia de la Filosofía (con mayúsculas), y también en lo importante que es un profesor que empatice con sus alumnos. No hace falta que sea «amiguito» de ellos, como muchos ahora, que van de colegas. No, lo importante es que los alumnos entiendan las materias, se metan en ellas y las discutan, pero casi sin darse cuenta. De eso depende el entusiasmo del mismo profesor, su vocación y sus ganas de trabajar las clases. Porque es muy fácil abrir el libro, ponerse a soltar la salmodia, reñir si los alumnos hablan, molestan o preguntan, terminar el tema y decir «listo para examen». No, ser maestro (me gusta mucho más que profesor) es otra cosa.
    ¿Qué más puedo decir? ¡Felicidades! Estos cuentos motivan, requetegustan y hacen reflexionar (también añorar).
    Muchísimas gracias por compartirlo con nuestros corazones de niños.
    Abrazo Grande.

    1. Hola Jose.
      Ya perdonarás por el retraso en contestar, pero estábamos en una reunión de familia con abuelos, tíos y tías, amigos, adolescentes y hasta un par de perros, 32 sin contar a estos últimos (no es coña, hice coincidir la comida con la entrada en el blog). No había besugo sino empanadas argentinas, txistorra, gildas, quesos, picoteo, asado a la parrilla hecho con mimo por el jefe, ensaladas, postres y sidra tirada al sonido de una campana y del grito de ¡txotx! que hacía levantar a los comensales con su vaso para armar la fila y tomar el trago.
      La charla no versaba sobre la Filosofía, pero los adolescentes tenían algo que decir y fue todo muy ameno y divertido. Las paredes del caserío han vuelto a vivir con la música, las risas, las voces fuertes y las charlas íntimas. ¡Ojalá tengamos por mucho tiempo las fuerzas para seguir festejando y transmitiendo valores que nos siguen importando!
      Muchísimas gracias por tu comentario, totalmente de acuerdo con todo lo que dices. Y un pequeño detalle: a mí también me gusta muchísimo más lo de «maestro» que lo de profesor. Es mucho más auténtico y suena con el sentido que debe perdurar en la educación.
      ¡Viva la Filosofía! ¡Viva los maestros de corazón! ¡Viva las reuniones familiares donde las generaciones interactúan con respeto! ¡Viva la vida disfrutada plenamente!
      Un abrazo grandote, te dejo que sigo viviendo mi resaca.

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