Juana Capdevielle, libros que frenan el fascismo

Juana Capdevielle San Martín fue asesinada por el fascismo el 18 de agosto de 1936, la misma noche que fusilaron en Granada a Federico García Lorca. Ella se había refugiado en la casa de su amigo Victorino Veiga, diputado de Izquierda Republicana. Allí, en Culleredo, fue arrestada por la Guardia Civil, que la entregó a un escuadrón falangista. Fue una de tantas pioneras que sufrió un doble silencio, el de las armas y el de la historia.

Del cuerpo de Lorca nunca se supo. El de Juana (Juanita como la llamaban) fue encontrado a una hora en coche, lejos del pueblo donde había sido detenida: su cadáver fue hallado en el kilómetro 526 de la N-VI, cerca de Rábade, provincia de Lugo. Le habían pegado un tiro en la cabeza y otro en el pecho. Juanita estaba embarazada.

Corrieron abundantes rumores de que Juana Capdevielle había sido violada. «En Galicia fue común someter a las mujeres republicanas a violaciones y palizas, raparles la cabeza, obligarlas a beber aceite de ricino», escribe el historiador Paul Preston en “El holocausto español (Debate)”: «Al parecer, sus verdugos discutieron si envenenarla para provocarle un aborto o tirarla al mar y por último se decantaron por matarla de un tiro».

Todos sabemos quién fue Federico García Lorca. Basta decir Federico. ¿Y Juana Capdevielle? Es increíble que un personaje tan importante fuese tan desconocido, teniendo una biografía apasionante. Secun de la Rosa, escritor y director de una obra que recupera su figura: “Los libros ardieron”, reflexiona sobre el olvido: «Ha habido muchas mujeres de las que apenas se ha hablado, pero sabemos que existieron. Ella, en cambio, estaba totalmente sepultada por la historia».

Sin embargo, en 1933 se convirtió en la primera mujer que dirigió una biblioteca universitaria, concretamente la de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. También la del Ateneo de Madrid, un hervidero de ideas y de jóvenes ávidos de conocimiento. En un artículo firmado en la revista “Crónica” el 1 de julio de 1934 por la periodista Josefina Carabias, se refiere al ambiente femenino que se respiraba en aquellos salones, en los que suponíamos mucho más consistente la presencia masculina: «Hoy en día en el Ateneo se ven casi tantas mujeres como hombres -escribe Carabias-. Las jóvenes estudiantes están en mayoría, y las viejas sabihondas que alternaban con Unamuno han desaparecido por completo».

Juana Capdevielle, a la izquierda, en el Ateneo de Madrid

El 6 de diciembre de ese mismo año, en el diario “Ahora” se publicaba un artículo del ateneísta José Pérez Bojart en el que aparece una fotografía de «la bella y culta bibliotecaria» trabajando en su despacho. El autor define a Juana Capdevielle como una bibliotecaria «asectaria, amplia e integral, en que la han nutrido su espíritu todos los izquierdistas y derechistas españoles que tienen algo en la cabeza». 

También sabemos, como muestra fehaciente de la actividad cultural que fomentaba la joven bibliotecaria en la prestigiosa institución madrileña, que por su petición expresa, el grupo de teatro ambulante “La Barraca”, tan querido y unido a la memoria de Federico García Lorca, realizó en el Ateneo la última representación antes de la Guerra Civil de la obra de Lope de Vega “El caballero de Olmedo”, en la primavera de 1936, según hace constar la actriz María del Carmen García Lasgoyti en el libro de Luis Sáenz sobre La Barraca. La compañía ya estaba en el punto de mira.

Es una pena que de aquella representación no queden testimonios documentales en los archivos del centro, del que se hizo socio y voraz lector de su biblioteca García Lorca a su llegada a Madrid, según cuenta en una carta a sus padres en 1919. El poeta sería elegido en 1934 vicepresidente de la Sección de Literatura, por lo que cabe conjeturar su amistad con Juana.

Mientras Secun de la Rosa investigaba sobre las personalidades vinculadas al Ateneo, en busca de su personaje protagonista para la obra de teatro, comentaba: “Podría haber elegido a la historiadora y política Carmen Llorca, primera y única presidenta del Ateneo, aunque me sedujo el perfil de una mujer que amaba la cultura sin ser una creadora. Me cautivaron sus hazañas culturales y su generosidad a la hora de difundir la lectura, pero la faceta que más me conmovió fue la de cuidadora del arte, porque ella estaba alrededor de los grandes poetas y escritores de la generación del 27.”

Además, implantó la clasificación decimal universal y llevó la lectura a los hospitales de la capital, entre otros méritos. También dio conferencias sobre pedagogía sexual junto a Pío Baroja y Ramón J. Sender, antes de trasladarse en 1936 a Coruña, donde su marido, el abogado Francisco Pérez Carballo, militante de Izquierda Republicana y socio del ateneo madrileño desde 1926, en el que llegaría a ocupar importantes cargos, apenas ejerció cuatro meses como gobernador civil. Poco después del golpe de Estado, fue fusilado en Punta Herminia, cerca de la Torre de Hércules.

Una vez en marcha el golpe militar en julio de 1936 y habiendo caído de inmediato Galicia en manos de los facciosos, el marido de Juana, dado que estaba embarazada, quiso que se refugiara en la casa de unos conocidos mientras él permanecía en la sede del gobierno civil. Al cabo de unos días, al no tener noticias suyas, Juana llamó al gobierno civil para tener noticias de su esposo. Se le comunicó que sería recogida y conducida junto a él. Sin embargo, fue detenida y encarcelada y se la puso al tanto de la trágica suerte de su cónyuge. No le entregaron sus pertenencias personales. Sólo llegó a ella una breve carta de amor de despedida: «Juana: Has sido lo más hermoso de mi vida. Donde esté y mientras pueda pensar, pensaré en ti. Será como si estuviéramos juntos. Beso tu anillo una vez cada día. Te quiero. Paco. Para Juana Capdevielle, mi querida esposa. Viernes, 24 de julio de 1936, cinco de la madrugada».

Francisco Pérez Carballo, marido de Juana Capdevielle

En los primeros días de agosto fue liberada con la prohibición de que siguiera residiendo en A Coruña. El nuevo gobernador civil, el guardia civil Florentino González Vallés, dio la orden de desterrarla. «Fue acusada [sin pruebas] de instigar a su marido para armar a los obreros y contribuir a organizar la resistencia», escribe Paul Preston, quien la define como una «reputada intelectual feminista» y «una mujer que despertaba odios en la derecha local desde antiguo, pues se decía que había inoculado en su esposo opiniones peligrosas».

Se refugió en Culleredo en casa del diputado de Izquierda Republicana Victorino Veiga y allí recibió la orden de deportación enviada por el propio González Vallés que no le dio tiempo a cumplir. La noche del 17 de agosto fue a buscarla la Guardia Civil para correr la misma fatal suerte que su marido. Tenía 31 años.

«Juanita era admirada por las nuevas hornadas de mujeres universitarias y una digna representante de su época, la Segunda República», explica Secun de la Rosa. Ella y su marido «tenían la mirada de quien entiende la cultura como un bien preciado y necesario para que una sociedad avance», añade el director, quien recuerda que «Juanita fue la mentora de María Casares, pues le enseñó a leer y escribir». Hablamos de la hija del presidente del Consejo de Ministros Santiago Casares Quiroga, considerada por Secun de la Rosa como «la mejor actriz que dio Europa en los años cuarenta y cincuenta».

¿Cómo un personaje que había fomentado la cultura de esa forma, es tan desconocido? ¿Por qué no se ha indagado más sobre su vida y su muerte? «Precisamente eso también la hace más interesante, pese a que ni siquiera forma parte del grupo de Las Sinsombrero», comenta Secun de la Rosa, quien plantea la obra como un rompecabezas, forzado por las lagunas biográficas en torno a su protagonista, que en ocasiones cubre con licencias poéticas.

Incluso plantea que el nombramiento de su marido como gobernador civil de A Coruña fue para ella un «caramelito envenenado», porque «amaba más la cultura que la política, aunque era una republicana confesa, una tremenda luchadora y una mujer muy valiente, siempre en primera línea a la hora de defender que se representasen las funciones teatrales… Una persona a pie de calle, tremendamente generosa en el día a día a la hora de sembrar cultura entre sus coetáneas”, concluye el autor y director.

Meses después de su asesinato, durante la batalla de Madrid, los libros que tanto mimó Juana Capdevielle San Martín en la Facultad de Filosofía y Letras fueron usados como parapetos por las Brigadas Internacionales para protegerse de los ataques de las tropas franquistas. Juanita ya no podía hacer nada, pero su biblioteca, sí.

Toda una metáfora: libros que frenan el fascismo.


Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

4 comentarios sobre “Juana Capdevielle, libros que frenan el fascismo

    1. Hola Uxue
      Creo que cada uno debemos hacer el esfuerzo de combatir la desinformación. Sé que es una lucha perdida contra gigantes, pero por lo menos, seguiré intentándolo. De vez en cuando, a alguien le resulta interesante enterarse de la verdad. Gracias por hacerlo.
      Un abrazo
      Marlen

  1. Una magnífica manera de homenajear a las bibliotecas, visibilizar a las personas invisibles que les han permitido conectar con el resto de sus coetáneos. Desvelarnos a Juana Capdevielle honra tanto su obra como su persona, aunque el cruento desenlace nos suma en la desazón tanto como la imagen final, pues los propios libros son abatidos por los proyectiles de la barbarie de forma literal.
    Un gran homenaje, pronto lo reuniremos con sus amiguitos. ¡Un saludo!

    1. Hola amigos
      «Personas que permiten a las bibliotecas y a sus aliados, los libros, conectar con el resto de los seres humanos, haciéndoles la vida más afable y comprensiva» sería una buena definición de «bibliotecario/a». Y visibilizar a estas personas invisibles debería ser un honor para cualquiera. Lástima que estemos acostumbrados a olvidar a quienes realizan esta maravillosa tarea.
      Este año quise traer a nuestros espacios la imagen de una mujer libre e inteligente que cometió el pecado de reflexionar y expresar lo que quería para la civilización en la que le tocó vivir. ¡Qué pena que muchas veces, la barbarie gane la partida!
      Juana Capdevielle honra la tarea que eligió desarrollar, por sus ideas y sus actos. Recordarla, no dejarla en el olvido, es la nuestra.
      Gracias por vuestras palabras. Un abrazo fuerte.
      Marlen

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