Nunca pensé que un margen en un libro ajeno pudiera convertirse en mi única certeza en días tan inciertos.
Corría el otoño de 1940 en Bayonne, aunque decir que «corría» es tal vez demasiado optimista. Todo estaba detenido. Las bicicletas avanzaban en silencio, las persianas bajaban antes del anochecer, y en cada esquina se respiraba el temor viscoso de la ocupación alemana. Algunos vecinos saludaban con más entusiasmo a los uniformes de lo que a mí me parecía tolerable. Yo tenía dieciséis años y venía de perderlo todo, salvo la obstinación.
Mi familia había cruzado la frontera desde San Sebastián poco antes de que cayera definitivamente. Mi padre, que había sido Director de Prisiones en la República, ahora era perseguido por los gendarmes y por los nazis aliados con Franco. Mi madre cocía pan y silencio y trabajaba en una quesería que le abrió las puertas y los brazos.
Yo… yo me refugiaba en los libros. Y más concretamente, en la pequeña biblioteca de la rue Victor Hugo, una sala sin calefacción, con estanterías de madera y una bibliotecaria seca y terca que me vigilaba como si yo pudiera robar algo más que conocimiento.
Fue allí donde lo encontré.
Una mañana húmeda de octubre, con las botas aún mojadas del barro del río, me senté a hojear un tomo viejo de filosofía: “Le monde comme volonté et comme représentation”. Me costaba, pero me aferraba a esas lecturas como quien se abraza a una cuerda en un pozo. Y entonces, allí estaba: en el margen de la página 247, en una letra clara, inclinada y firme, alguien había escrito con lápiz: “Cuando todo parece haberse cerrado, la libertad empieza en el pensamiento. Resiste desde ahí.”
Me estremecí. No era una cita del texto, ni de Schopenhauer ni de nadie que reconociera. Era otra voz. Viva. Cercana. Como si alguien estuviera hablándome a través del tiempo y del miedo.
La leí tres veces. La copié en mi cuaderno, ese que guardaba bajo la almohada y que escondía mis pensamientos más íntimos.
Y esa noche, en casa de Clémence, una amiga hija de zapateros con la que compartía el pan con leche y las confidencias, se lo conté a los demás: Louis, el más callado y triste que acababa de perder a su padre; Pili, que dibujaba txokos de Donosti en los márgenes de los diarios y Émile, que había aprendido español para entendernos mejor a los exiliados.
.- ¿Karmentxu, no se te ha ocurrido que puede haber más frases? —preguntó Pili—. ¿Y si alguien está escribiendo a propósito?
.- Como un mensaje secreto —aventuró Louis.
Y así empezó la búsqueda.
Durante semanas, después del trabajo en casa de la modista y antes de volver a la buhardilla, nos turnábamos para visitar la biblioteca. Cada uno elegía una estantería y un libro distinto: filosofía, literatura, historia, incluso tratados políticos que estaban bastante prohibidos. Buscábamos en los márgenes, en las hojas traseras, en los ex libris. Y poco a poco, las notas comenzaron a aparecer.
Algunas eran citas verdaderas, con los nombres de sus autores:
“Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa” (Demócrito)
“Lo importante no es tener muchas ideas, sino la idea oportuna en cada caso” (Juan Zorrilla de San Martín)
“Donde hay poca justicia es un peligro tener razón” (Francisco de Quevedo)
“Toda forma de desprecio, si interviene en política, prepara o instaura al fascismo” (Albert Camus)
«El coraje es la resistencia al miedo, el control del miedo, no la ausencia de miedo» (Mark Twain)
“Si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo” (Albert Camus).
Pero otras eran personales, reflexivas, escritas con la misma letra firme y sin firma. Decían cosas como:
“El miedo es útil al poder. Pero inútil para el alma”
“Estudiar es construir un refugio con ladrillos invisibles”
“¿En qué momento exigir justicia social empezó a confundirse con comunismo?”
“¡Qué difícil es construir un país diferente, con gente tan indiferente!”
“No toda distancia es ausencia, ni todo silencio es olvido”
“La desigualdad social es más violenta que cualquier protesta callejera”
“Desgraciados los pueblos donde la juventud no haga temblar el mundo y los estudiantes sean sumisos ante los tiranos”
No sabíamos si era hombre o mujer, viejo o joven. Sólo lo llamábamos, con un poco de solemnidad burlona, “la sombra”.
Un día, Émile propuso dejarle una nota. “Si puede escribirnos, también podemos responderle”. Escribimos unas preguntas y las dejamos dentro de un libro: “¿Estás cerca? ¿Te sentimos porque aún estás entre nosotros?” “¿Podemos conocernos?” No hubo respuesta. O tal vez sí, pero nunca supimos reconocerla.
El mundo afuera seguía tensándose. Había redadas. Desaparecidos. Mi padre ya no dormía en casa. Rumores de colaboracionistas. Todo olía a traición y a sopa agria. Pero en esa biblioteca húmeda, en esos márgenes escritos, había una constancia que nos sostenía. Como si la sombra supiera lo que necesitábamos oír antes de que siquiera lo pensáramos.
Y así, casi sin darnos cuenta, ese pequeño grupo se convirtió en una especie de célula invisible. No de resistencia armada, sino de resistencia del espíritu. Discutíamos las frases, las anotábamos, las traducíamos al español para mi padre. Pili empezó a copiarlas con tinta sobre papeles gruesos que colgábamos en el cuarto de Clémence.
Una tarde de diciembre, con las primeras nieves, decidimos hacer algo más.
Habíamos copiado una docena de las frases más potentes, las que hablaban de pensar, de justicia, de resistir, de mantener la dignidad. Las escribimos con cuidado, en distintos tipos de letra. Y una noche, muy tarde, salimos con pegamento y miedo en el estómago. Las fuimos pegando en postes, en los muros, en el escaparate cerrado de una panadería judía clausurada. Cada frase firmada con tres simples puntos: …
Al día siguiente, media ciudad las había visto. Algunos se burlaban. Otros las arrancaban. Pero hubo quien se detenía a leer. Y se quedaba en silencio.
No sabíamos si la sombra vería lo que habíamos hecho. Si aún venía a la biblioteca. Pero en un libro de Pascal que Émile abrió unos días después, encontró una última nota, distinta. Decía: “La esperanza no siempre grita. A veces se desliza entre quienes leen con el alma”
Y nada más.
Nunca descubrimos quién era. Tal vez murió. Tal vez huyó. Tal vez aún vive y camina junto a nosotros sin saber que fue parte de nuestro despertar más profundo.
Pero desde entonces, cada vez que me toca escribir una carta difícil, un artículo comprometido o incluso una nota a mis hijos, me sorprendo dibujando, sin querer, esos tres puntos al final. Como un eco. Como una presencia. Como una sombra inteligente y generosa.

En el blog “VadeReto” de Jose Ant. Sánchez, existe este reto literario que me encanta. Es una invitación a escribir, sólo un tema
cada mes, que puedes desarrollar como más te guste.
En el VadeReto de este mes, os voy a sugerir una palabra y una foto:
OPTIMISMO
La foto es una preciosa y atractiva imagen de la simbología de una Paloma Blanca.
La palabra Optimismo debería infundirnos mejores ánimos e, incluso,
sacarnos una animosa sonrisa.
Así que, vuestro relato tendrá que inspirarse en la fotografía y dejarnos
con un buen sabor de boca y un halo de esperanza.
Por lo demás, queda a vuestra total libertad lo que nos narréis en vuestro cuento.
¡No os los perdáis! Podéis leer el resto de aportes aquí:
Hola, Marlen.
Además de esa dulzura con la que impregnas cada cuento, en este unes dos de las materias que más me gustan, las citas literarias y una biblioteca llena de libros.
Por si fuera poco, La biblioteca se convierte en refugio de unos niños deseosos de aprender y, poco usual ya, querer cambiar el mundo.
Será por eso que la frase que más me ha llegado —porque todas me han gustado muchísimo— sea: «Desgraciados los pueblos donde la juventud no haga temblar el mundo y los
estudiantes sean sumisos ante los tiranos». Culpemos al conformismo o a las pantallas, pero el futuro, siempre lo digo, es de nuestros niños y jóvenes, si ellos no se implican, poco podemos hacer los que ya vestimos canas.
Me ha gustado también esa «resistencia del espíritu», porque no siempre son necesarias las armas, aunque, visto lo visto estos días, los misiles, las balas, las porras… son mucho más convincentes que las palabras. O eso parece.
Un cuento lleno del optimismo de tiempos pasados, cuando la guerra te obligaba a callar o a reaccionar. Mala memoria la nuestra si no recordamos los que murieron o sufrieron para que tengamos el mundo que hoy podemos disfrutar.
Nos quieren amnésicos y sumisos. ¿Lo estarán consiguiendo?
Muchas gracias por tus gotas de esperanza. Ojalá nos inunden como un auténtico tsunami de emociones.
Abrazo Grande.
Hola Jose
Pues sí, los libros y las bibliotecas representan, para mí, una de las cosas más atractivas del mundo mundial. Y creo que, aunque no me gustaría estar en un refugio, porque eso implicaría que hay un peligro grande, sería uno de los pocos lugares en el que no me importaría pasar una temporada aislada. Te confieso que, al escribir este cuento, pensaba en los niños de Gaza, de Ucrania, Irán, Siria, Sudán, el Magreb… y tantos lugares a quienes podríamos mandar libros con citas en los márgenes para acercar un poco de aire fresco a sus espíritus. Tal vez eso cambiaría el mundo.
La cita que has elegido, pensando en las universidades norteamericanas en estos días, hace reflexionar en la sociedad que estamos dejando a las nuevas generaciones. Tienes razón, si ellos no se implican, poco podemos hacer. Pero el super-proteccionismo al que hemos sometido a los jóvenes de países desarrollados atañe a los padres, abuelos, a las generaciones nuestras. ¿Y ahora qué?
Saqué a relucir la resistencia del espíritu porque soy anti-violencia y anti-armas. Aunque ¿qué pensaría si estuviera viviendo con mi familia en este momento en Gaza? Difícil ponerse en su situación. Es fácil ser anti, estando a kilómetros de distancia. Mucho para pensar, aunque quería escribir sobre el optimismo. Y… me está costando. Me niego a volverme amnésica y sumisa. Hace un rato hablaba con una prima un poco de todo y me dice: «¿Tú estás muy revolucionaria no? Y tomé conciencia que, a lo mejor, queriendo volvernos sumisos, están logrando todo lo contrario. A lo mejor… a lo mejor…
¿Un tsunami de emociones? No estaría nada mal. Empiezo por mandarte un abrazo superfuerte fuerte fuerte.
Qué preciosidad de relato, Marlen. Los libros siempre como tabla salvadora y la mente como lugar de resistencia. Y esa esperanza que no grita… Me ha encantado. Tanto el fondo de la historia como la delicadeza en la forma de contar y lo sutil del mensaje. Una belleza de texto.
Hola Marta
¡Exactamente: los libros como tabla salvadora y como incitadores de reflexiones e inquietudes juveniles y el espíritu como resistencia ante el odio y la violencia! Creo que en el mundo que estamos viviendo, es una necesidad apremiante. Con el optimismo como bandera.
Me alegro que te haya gustado. Muchísimas gracias por tus comentarios.
Un abrazo fuerte fuerte.
Hola Marlen, todo un placer leer tu relato. Lo haces de muy buena forma, transmitiéndonos la atmósfera de ese tiempo y los sentimientos de los protagonistas. Muy bueno que se sintieran inspirados por las frases y que hayan pasado a la acción al difundirlas, y mediante eso, tratar de cambiar su realidad. Eso me encantó. Queda el misterio de la «sombra». Me gustó mucho. Un muy buen aporte para el VadeReto. Abrazo fuerte.
Hola Ana
La verdad es que fue fácil meterme en la piel de los niños, sólo pensaba en los que viven actualmente en guerra o conflictos, en Gaza o en cualquiera de los conflictos internacionales actuales. Pero fue, a la vez, difícil expresar los sentimientos, los deseos de luchar, de cambiar la realidad. ¡Qué difícil lo tienen! El juego de las citas y las frases que comenzó como el deseo de aportar optimismo al grupo, se transformó en compartir ese mundo con el resto de habitantes y el cuento tomó otro cariz.
Me alegra que te haya gustado. Muchísimas gracias por tus comentarios. Un abrazo fuertote.
Hola Marlen, estupendo relato y muy conseguida esa atmosfera y ambiente propio de la época en la está narrado. La idea de comunicarse con notas en los márgenes de los libros es ocurrente. Mensajes de optimismo y esperanza en una época de desesperanza… Me gustó mucho. Un abrazo!
Hola lady_p
¡Qué bien que te haya gustado! Estoy acostumbrada a escribir en los márgenes de los libros que me importan, así que se me ocurrió partir de esa costumbre para transmitir el optimismo al grupo de amigos. Gracias por tu comentario. Un abrazo
Marlen
Te confieso que casi no sé leer sin un lápiz a mano… Otro abrazo!
Has construido un relato que es un alegoría del pensamiento libre, donde manifiestas ideas profundas de nuestros pensadores más autorizados pero también otras de autoría anónima, de las que destaco las siguientes aunque todas me parecen brillantes:
“Estudiar es construir un refugio con ladrillos invisibles”
“¿En qué momento exigir justicia social empezó a confundirse con comunismo?”
“¡Qué difícil es construir un país diferente, con gente tan indiferente!”
“No toda distancia es ausencia, ni todo silencio es olvido”
Y desde luego, la referente a que son nuestros jóvenes actuales quienes deben luchar por la justicia y la libertad es una clave para que, construyendo los cimientos del presente de libertad, podamos alcanzar un futuro prometedor, libre de autocracias o dictaduras. Una sociedad dormida es una sociedad dócil, dominada por el miedo y la confusión, dos de las consignas que hicieron tristemente famosa la propaganda de Goebbels, mano derecha de Hitler en un momento dado. Los jóvenes no han de permitir que los demonios queden disfrazados de demócratas, y llenar las calles si es necesario. Porque los de la generación del baby-boom ya no estamos para esas cosas, aunque seamos esos mismos quienes las llenemos. Unas calles donde la ausencia de «los nuevos» marca una etapa en la que la esperanza debería aparecer debajo del brazo de cada uno de ellos.
Hola Marcos
Muchas gracias por tus comentarios. Tienes razón, las citas que aparecen en los márgenes de los libros son el reflejo de una forma de pensar y de enfrentar el odio y la violencia y alguna de las frases son de autoría anónima, aunque una pizca de mi forma de pensar anda también por ahí.
Y sí, mi mensaje es para los jóvenes, siempre lo es. Porque en ellos está la posibilidad de reacción y de cambio de esta realidad que por momentos angustia y por momentos da una enorme rabia por haber aprendido tan poco de todo lo vivido antes. Y no es que cargo sobre los jóvenes toda la responsabilidad de gritar lo que no queremos. Pero son ellos quienes tienen la fuerza y la posibilidad de reaccionar. Y nosotros estaremos ahí, por supuesto, como siempre. Lo que no podemos admitir es que la propaganda del odio y la violencia nos inmovilice. ¡El optimismo presente!
Un abrazo
Marlen
Hola Marlem, cuando iba al instituto teníamos esa costumbre de ponernos notas en los márgenes. Un relato bello y profundo. Enhorabuena. Un abrazo
Hola Nuria
Sí, a mí también me gusta dejarme notas en los márgenes de los libros que amo, para mi yo futuro. Y luego, me encanta rencontrarlos y reflexionar sobre ellos. Gracias por tu comentario. Un abrazo.
Marlen
Hola, lo extraordinario aquí es cómo una adolescente —despojada de casi todo menos su obstinación— encuentra refugio y sentido en una biblioteca. Y más aún, en frases escritas al margen de los libros. Este gesto, tan mínimo y aparentemente frágil, se convierte en una herramienta de resistencia y vínculo intergeneracional: una pedagogía subterránea del coraje, me conmovió especialmente la frase final: “La esperanza no siempre grita. A veces se desliza entre quienes leen con el alma.” Aquí el relato no solo declara su optimismo, sino que lo encarna en una metáfora silenciosa pero vibrante. Abrazos virtuales desde Venezuela
Hola Raquel
A veces, un pequeño empujón permite encontrar el refugio que alguien necesita para despertar de la apatía y la aceptación ciega y permite despertar la rebeldía dormida y el deseo de cambiar la realidad. Que ese refugio sea una biblioteca y los libros, dice mucho del autor anónimo que emprende la revolución. Es muy bonito que tú hayas pensado en un vínculo intergeneracional. ¡¡Si pudiéramos encontrar formas de llegar a la gente de manera tan sencilla!! La frase final, además de un canto a la esperanza y el optimismo, es la pista que les hace saber a los chicos que su respuesta, pegando carteles en las paredes, no ha pasado desapercibida para quien les está mandando mensajes.
Gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte también para ti desde el País Vasco.
Marlen
Hola Marlen, que gran combinación para tu relato, la compañía de los libros y una gran selección de citas, no imagino mejor lugar para perderse. Un relato profundo.
Precioso.
Un abrazo.
Hola Dakota
Pienso lo mismo que tú, que «la compañía de los libros y una gran selección de citas, es uno de los mejores lugares para perderse». De hecho, para quienes amamos los libros, es una maravillosa forma de perdernos en la vorágine de la vida diaria, aislándonos por un rato entre las páginas y las imágenes que surgen de tocar el papel, oler ese olor particular y entregarnos a nuestra imaginación entrando a las escenas o reflexiones que nos va regalando un libro, ¡no cualquiera!, ese libro que ha logrado atraparte y no te dejará libre hasta que lo hayas agotado… por ahora.
Gracias por tu comentario. Un abrazo
Marlen
Hola, Marlen, ¡qué chulo! Las citas, los libros, la aventura, el misterio, la amistad, tiene de todo y, al final, esperanza. No sabemos si alguien de verdad les dejaba esas frases, has dejado ahí esa incógnita sin cerrar, pero ellos aprendieron mucho y, sobre todo, leyeron y se lo pasaron bien (sería un buen juego para acercar la lectura a niños y jóvenes). Y lo de los tres puntos finales…, uufff, qué decirte yo los uso mucho y luego tengo que ir borrando porque creo que abuso de ellos. Creo que esos tres puntos dicen más, a veces, que el texto en sí y es como afirmar y reafirmar lo dicho anteriormente… (Lo dicho, me ha gustado mucho). Te felicito.
Un abrazo. 🙂
Hola Merche
Sí, mientras lo escribía me parecía estar viviendo la aventura, porque me encantaría que me pasara a mí. ¿Te imaginas? Sobre todo con la incógnita de no saber quién es el autor o autora de los mensajes. Me encanta hacer juegos con textos para mis sobrinos y se vuelven locos cuando organizo alguno. Aunque en nuestro caso, ya saben quién está detrás del juego. Pero se excitan igual.
En cuanto a los … a mí también me gusta usarlos, le dan un puntito de misterio a lo que tiene que agregar el lector. Y estoy de acuerdo contigo en que, a veces, dicen más que el propio texto.
Me alegro que te haya gustado. Gracias por tu comentario. Un abrazo para ti también.
¡Qué bonito! No hay nada mejor que sembrar semillas de esperanza, de valentía, de inquietud, de reflexión… Cada frase, una ocasión para vivir el presente con otra mirada.
Personas así mueven el mundo. Encienden luces.
Un placer leerte.
¡¡Sí, exactamente! Sembrar semillas que rescaten a unos niños que están viviendo una mala época en sus vidas y descubran que en la vida hay mucha gente que piensa en la justicia, la verdad, el respeto, la empatía… incluso hay quien piensa en unos niños a quienes se puede regalar esperanza, optimismo, valentía, ganas de luchar por lo que creen, descubriendo su propia mirada reflejada en otros…
¡Qué bonito eso de que personas así «encienden luces»!
Un placer reflexionar contigo.